Gracias a la Vida


Y Jesús, llamando a sus
discípulos, dijo: “Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que
están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea
que desmayen en el camino”. Entonces sus discípulos le
dijeron: “¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a
una multitud tan grande?”. Jesús les dijo: “¿Cuántos panes
tenéis?”. Y ellos les dijeron: “Siete, y unos pocos pececillos”.Y mandó a la multitud que se
recostase en la tierra. Y tomando los siete panes y los
peces, DIO GRACIAS, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos
a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron;
y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Y eran los que habían comido,
cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

 El
evangelio según San Mateo

Capítulo
15, Versículos del 32 al 38.

De acuerdo a ciertas corrientes
del pensamiento, especialmente espirituales, el proceso de agradecimiento, el
ser “agradecido” o saber dar las “gracias” va mucho más allá del mero
formalismo, de una etiqueta social de buen comportamiento. E incluso, más allá
aún de corresponder a un beneficio recibido.

Si algo podemos aprender al leer
con detenimiento las enseñanzas de Jesús que son narradas en el apartado
denominado Nuevo Testamento de la Biblia veremos una constante: Jesús siempre
agradece ANTES de recibir o realizar un milagro. Específicamente en la anécdota
de la multiplicación de los panes y los peces se observa que el detonante de la
abundancia de comida es precisamente el agradecimiento. ¿Agradecimiento de
qué?, se preguntará alguien arguyendo que siete panes y unos cuantos peces no
servirían de nada para alimentar a más de cuatro mil personas. Pues
efectivamente, el agradecer lo mucho o lo poco que se tiene, porque esa es la
fuente del porvenir, de lo que vendrá.

Al margen de la veracidad
histórica de la anécdota y sin desear que este escrito parezca predicamento o
sermón, quiero aprovechar estos últimos días que nos restan del año 2007 precisamente
para agradecer lo poco o mucho que la vida nos ha dado,  no solo este año, sino a lo largo de toda
nuestra vida.

Pero, ¿por qué agradecer? Porque
agradecer es la manifestación tangible de la fe ("la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" Hebreos 11:1) . Se agradece lo que se tiene y
lo que vendrá  porque se tiene la
seguridad, la fe, que vendrá algo mayor y mejor. El agradecimiento multiplica
los dones, las gracias. Asimismo, el agradecimiento no solo ennoblece al ser
humano sino que vuelve su atención a una de las primeras virtudes que se
pierden y corrompen cuando se vive en abundancia: la humildad. El vivir en
constante agradecimiento no limita los recursos sino al contrario, inicia el
proceso natural de la riqueza. Por otra parte, la arrogancia y la soberbia se
vuelven diques al flujo natural de las bondades y como pasaría con una
corriente de agua que se le impide que siga corriendo, acumulándola,
estancándola con la finalidad de obtener mayores bienes, ésta se pudre, se
llena de plantas parásitas y animales poco limpios, difícilmente coméstibles.
Agradecer permite recordar el camino recorrido sin perder de vista el horizonte
que se tiene por delante, lo primero conlleva el reconocimiento de la pequeñez
original pero el segundo acerca las posibilidades de la grandeza final:

GRACIAS
POR LA VIDA
.
Porque de los millones de espermatozoides y los miles de óvulos que tus  progenitores han creado se unieron los que
definieron tus características finales. Porque eres único (a), diferente y por
ese simple hecho valioso (a). Porque jamás ha existido nadie antes como tu ni
lo existirá después. Por eso te amas y respetas. Y por eso mismo amas y
respetas a los y a las demás porque son únicos y diferentes. Porque hay quienes
han fallecido en la cuna, o en la infancia, producto de enfermedades o
accidentes, y sin embargo,  tu todavía
sigues aquí. Porque al seguir en el juego de la vida tienes todo un abanico de
posibilidades de vivirla como lo desees. Es cuestión de estar consciente de tu
poder de autoderminación. Y si estás enfermo o enferma, agradece aún que tienes
vida. Sólo lo vivo se recupera,  se cura
y se regenera.

 GRACIAS
POR LA SALUD
.
Porque la materia prima de la propia abundancia son precisamente la vida y la
salud. La primera es tu pase de entrada al juego; la segunda, las posibilidades
de ganarlo a tu favor. Naturalmente, la salud primera debe ser consecuencia del
respeto y amor que se tiene al depósito de la vida: el cuerpo humano. En
concordancia, el alejarse de las conductas nocivas y agresivas hacia el cuerpo
humano debe ser un antecedente de este agradecimiento. No se puede agradecer un
proceso degenerativo ni de destrucción. Ni tampoco se puede esperar una
consecuencia saludable de una cadena de actos perniciosos hacia uno mismo. En
este sentido, las leyes son terriblemente inflexibles: “A toda acción
corresponde una reacción”. Y de la misma manera, así como el cuerpo humano es
depósito del hálito de vida también lo son tus acciones y emociones. Una
persona que manifiesta egoísmo, crítica destructiva hacia el entorno, vileza en
sus actos y dichos indudablemente reflejará en su cuerpo concordancia tanto en
salud como en desarmonía física.

 GRACIAS
POR EL AMOR
.
Cuando hablo del amor no hablo necesariamente al amor de la pareja. Me refiero
a la conciencia que todo es energía (lo animado e inanimado), incluidos los
seres humanos, y como sentenció científicamente el francés Antonio Lavoisier:
La energía no se crea ni se destruye, tan solo se transforma”. De esta
manera,  el amor al que me refiero es
precisamente a la conciencia que como entes de energía en constante
transformación TODOS estamos conectados. Tu vida (tu energía) proviene de la
que tomas de tu entorno: aire (CO2 que exhalan las plantas), alimentos (que no
es en otro sentido producto final de la combinación de luz solar –energía-,
agua y otros elementos químicos, especialmente carbono e hidrógeno) y más luz
solar. De la misma manera, tus residuos orgánicos (dióxido de carbono, orina,
heces y célula muertas, por ejemplo) vuelven a este flujo natural de vida para
ser aprovechados por otros entes. Al final, cuando tu cuerpo humano fenezca e
inicie su descomposición volverá a ser insumo de otras fuentes de vida. ¿Qué
tiene que ver el amor con todo esto? Amamos a nuestros progenitores porque en
ellos es más que evidente esta relación de “conexión de vida”. Siempre estamos
conscientes que ellos fueron nuestra fuente de vida. Amamos a nuestros hermanos
y hermanas por el simple hecho de compartir el origen. Y fuera de estas
relaciones, la conciencia respecto a los demás entes animados e inanimados, es
decir, el amor, varía de diferentes maneras, pero en definitiva se va
diluyendo. Yo comparo esta idea del amor con un océano. A lo que nos han
enseñado a llamar amor no es más que la superficie de este vasto mar, pero
desconocemos que existe más allá del horizonte y que existe muchísimo más en
las profundidades. 

Entonces, ¿cómo se debe agradecer
el amor? El agradecimiento al amor es una consecuencia del agradecimiento a la
vida (te amas y respetas y amas y respetas a tu entorno y quienes te rodean).
De esta manera, agradeces el amor inmediato: el de tus progenitores y hermanos
y hermanas. El de tus amistades y vecinos. La cortesía de esa persona
desconocida en la calle. Y si tienes la fortuna de haber coincidido con ese
alguien con el que se vive ese proceso llamado de “enamoramiento”, esa persona
con la que llegas a establecer esa conexión que existe entre todo los seres
humanos pero que con ella es más evidente porque comparten ideas, sentimientos,
pensamientos y han encontrado un sentido diferente a la vida al verse a los
ojos y explorar sus personalidades, agradece y permite que ese detonante de
amor se vuelva en motor de perfeccionamiento para que cual río en abundancia se
desborde y beneficie a quienes se encuentran más cerca de ti.

¡¡¡FELIZ AÑO 2008!!!


 

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