Sobre las relaciones humanas (tan simples que nos complicamos)


 

 
"Canción de las simples cosas"
Interpreta: Mercedes Sosa



Mi estimada amiga Laura , de Jalisco, me hizo llegar este correo cargado de sabios consejos.  En una sociedad en donde se nos ha metido a la cabeza que lo "importante" es  trabajar y trabajar para juntar dinero,  para tener casas, carros , lujos,  comodidades,  viajes,  etcétera,  y que "cuánto tienes es cuánto vales" quizás suene iluso pensar que no es valioso  el  cuidar a las personas que tenemos alrededor, que hemos conocido, y que nos conocen, que amamos y que nos aman.  Yo opino que no, y se me viene a la mente la frase del Principito: "Lo esencial es invisible a  los ojos". Así  pues,  al igual que  Laura, les comparto  sinceramente este  escrito. Saludos .

EL JARDÍN TECHADO

Nuestras relaciones nos definen.  Con el paso de los años,
sólo seriamos más viejos, sino fuera por dos cosas: los libros que leemos y la
gente con la que nos relacionamos.  Esto es lo que le da forma y esencia a
nuestra vida.  Las personas que elegimos para compartir nuestro tiempo,
casarnos o asociarnos, son una muestra de lo que pensamos de nosotros mismos,
de nuestros valores y del lugar que ocupamos en el mundo.

Hay varios tipos de relaciones: algunas nos nutren, nos
confortan y suplen nuestras carencias.  Otras nos divierten, nos inspiran,
nos retan y nos hacen crecer.  Otras quizá, nos hacen daño al
sabotear nuestro crecimiento o minar nuestro autoestima.  Por supuesto,
estas últimas, tendríamos que cortarlas por lo sano.

Sin embargo, en cualquier relación puede rondar una que
otra amenaza que impide que los lazos se profundicen y
fortalezcan.  Una de las amenazas, la representa muy bien el cuento
de aquel señor que, después de haber sembrado su jardín con árboles frutales y
bellas flores junto al río, se sentaba orgulloso en su terraza para disfrutar
de su obra.  De pronto, ve que un niño seguido por un perro pisa sus
flores al perseguir una pelota.  Enojado, decide construir una pequeña
reja para evitar el paso.  Satisfecho, se sienta para disfrutar de su
hermoso jardín, ahora sí sin peligro.

Al rato, ve que un venado asoma la cabeza para morder las hojas
verdes de su jardín.  Enfurecido, decide elevar más la reja para
impedirlo.   Cuando se disponía a sentarse una vez más, observa
cuando se detiene una manada de pájaros para comerse sus manzanas. 
Furioso, decide techar el jardín para que nada ni nadie lo maltrate. 
Cuando saca su silla y ve aquel cuarto oscuro sin vida, sin los niños, sin el
sonido del agua, sin la vista de los pájaros y de los animales, se da cuenta de
su soledad y decide tirar todo, para que una vez más, otros lo visiten y
disfruten del jardín.


Esta es una amenaza que ronda cualquier relación: el egoísmo que
nos impide compartir libremente lo mejor que tenemos y exigir que el otro sea,
piense y actúe como nosotros queremos.  Lo irónico es que una vez que
logramos tener relaciones valiosas, con frecuencia las descuidamos.
 

Como dice Milan Kundera:  ‘La velocidad crea el
olvido’.   El tiempo pasa tan rápido que la ilusión,  nos hace
pensar que estamos cerca de alguien con quien hace mucho no nos hemos
comunicado, ni siquiera por escrito.  Te puedo garantizar algo, esa
relación no se ha fortalecido.  La ausencia no fortalece una relación, la
debilita. O peor aún, tenemos relaciones en las cuales estamos presentes, pero
en realidad, estamos ausentes y distantes.  Olvidamos con facilidad
que la calidad de nuestra existencia humana se cimienta en nuestras
relaciones.  O, ¿acaso podemos ser felices solos?
 

Convendría recordar tres puntos que mantienen y fortalecen
una relación:

 

    EL COMPROMISO MUTUO:

Sin importar la vía, hay que mantenerse en contacto. 
Puede ser frente a frente, por teléfono, por carta o por correo
electrónico.  Si no procuras una amistad, seguramente
la relación durará poco.  ¿Te ha pasado que necia e inocentemente,
invitas a alguien o lo buscas por teléfono y la otra persona no te
responde?  ¿O, tal vez somos nosotros los que en lo acelerado de la vida,
con soberbia, nos sentimos autosuficientes y ni siquiera nos damos cuenta de
ello?. 

 

    LA COMUNICACIÓN ABIERTA Y SINCERA

A veces nos da miedo abrirnos.  Pensamos que, entre
menos información demos y menos emociones mostremos, más a salvo nos
encontramos.  Es al revés.  Al abrirnos, transformamos un mero
intercambio de información, en una enriquecedora relación.

 

    ENTENDER Y
ACORDAR LO QUE ESPERAMOS DEL OTRO

Es importante hablar y decir lo que esperamos del
otro.  Es importante hablar y decir lo que esperamos uno del otro para
aumentar las probabilidades de que nuestras expectativas se cumplan. 
Nunca es tarde.  Cada día nos ofrece la perfecta oportunidad de retomar
aquellas relaciones que, por alguna razón, hemos descuidado.

Si en cinco años, no queremos ser más viejos, leamos buenos
libros y, sobre todo, compartamos nuestro jardín.  Como dice la Madre
Teresa:  ‘Lo más valioso no es lo que tenemos en vida, sino a
quiénes tenemos en nuestras vidas
‘. 

Autor Desconocido