Un ensayo sobre el doloroso caso de Monterrey


Les comparto el presente escrito que me hizo llegar una persona que estimo mucho (gracias Kalama). Me parece que, aunque dice cosas que no nos gustaría escuchar, contiene mucho de verdad con respecto necesitamos percibirnos todos parte de este problema de crimen e inseguridad generalizado porque así, y sólo así, nos aceptaremos como parte de la solución. Vale la pena abstraernos de la ajetreada rutina y los problemas de la vida cotidiana y observar nuestro entorno para reconocer en qué parte de toda esta intrincada red de relaciones, causas y efectos puedo intervenir para mejorar. Indudablemente, en la medida que cada quién haga la parte que le corresponda empezaremos a ponerle un alto a toda esta escalda de violencia y agresión de unos contra otros.

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Por el beneficio de todos los seres,
por la felicidad de todos los seres…
sintiendo solo compasión por el mundo,
por el beneficio, por el bienestar y por la felicidad
de devas y humanos…’
-Buda
 
 
 
A:
la memoria de los muertos en Monterrey,
sus familias,
la sociedad Regiomontana,
todos los mexicanos.
A todo el mundo.

Por Akasavajri

Como muchas personas alrededor del mundo, me sentí muy impactada por la noticia proveniente de Monterrey, N. L.: un comando armando, aparentemente narcotraficantes, entraron a un casino y lo incendiaron. En el incendio murieron 53 personas, 35 de las cuales eran mujeres. ¿Mi reacción? En principio incredulidad, seguida por dolor y por último, por confusión. La pregunta rondando mi mente era: ¿Cómo se puede asesinar a sangre fría a 53 personas? Conforme escuchaba las diferentes opiniones, me di cuenta de que mi pregunta era demasiado simple.

Surgió la duda: ¿tal vez ese comando no entró al casino a asesinar 53 personas, sino tan solo a incendiarlo? Esta pregunta presupone la estupidez de los perpetradores. Digamos que tal vez pensaron que alguien saldría lastimado y que nunca pensaron que después los estarían buscando, no por incendio, sino por su responsabilidad en la muerte de 53 personas. Con cautela digo: de incendiarios se convirtieron en posibles multi-homicidas, una venganza se convirtió en homicidio -tal vez no intencional.

No sería la primera vez que una desgracia se magnifica por las condiciones imperantes en el lugar donde esto sucede. Recordemos el terremoto de Haití, el número de muertos y desaparecidos, así como la destrucción material, fué posible dadas las condiciones materiales en las que solía vivir el pueblo haitiano. Materiales de mala calidad, descuido generalizado y corrupción rampante, entre muchas, muchas otras cosas, convergieron para que el terremoto tuviera un impacto muchísimo más grande y profundo. También recordemos a Katrina, aparentemente errores en los diques de contención, llevó a que éstos fueran devastados por la fuerza del huracán, sumergiendo aproximadamente 80% de la ciudad de Nueva Orleans bajo las aguas.

En algún lugar del mundo que no recuerdo, hace algunos años hubo un incendio en una fábrica de ropa. Murieron muchas mujeres, simplemente porque no hubo manera de sacarlas -no estaban funcionales las salidas de emergencia. Por último, no puedo dejar de mencionar el tsunami del 2004 puesto que lo viví en carne propia. ¿Sabían que los observatorios de Hawaii y Australia detectaron el devenir del maremoto horas antes de que golpeara a Banda Aceh en Indonesia? ¿A quién avisaron? Al menos a la población no. No le avisaron a los indonesios y tampoco a India y a Sri Lanka (donde yo me encontraba) aún y cuando el tsunami golpeó unas horas después. Un programa de la BBC de Londres decía que no tenían claro a quien había que avisarle! Se calcula que en ese evento murieron más de 250,000 personas y que los daños psicológicos y materiales fueron, son, muy difíciles de estimar. Al menos evacuaron unos cuantos neoyorkinos (2m) ante la amenaza de Irene.

Como practicante del Budadharma, me encuentro reflexionando sobre pratitya-samutpada. Este concepto pali ha sido traducido como co-producción condicionada. Esta se refiere a que detrás de un fenómeno no encontramos una sola causa, sino múltiples variables que cruzan el tiempo y el espacio para convergir en un momento y espacio específicos. Tenemos un evento (o dos): un incendio y la muerte de 53 personas. Las causas que dieron lugar a ese evento son múltiples. Esto lo vamos entendiendo conforme escuchamos los discursos de diferentes personas.

Me surgen las siguientes preguntas: ¿La causa de la muerte de estas personas es el fuego, o que no existían salidas de emergencia? ¿Es la causa de la muerte la negligencia de los dueños del lugar, o de las autoridades que no supervisaron la obra? ¿Es la causa el que el Fox y Creel ignoraran a la legislatura regiomontana que no quería autorizar los casinos, o es la causa el que la ciudadanía y la misma legislatura no levantara un gran revuelo ante la apertura de los casinos? ¿Es la causa la mano que prendió fuego, o el que las personas se encontraran en el casino, justo ese día, justo a esa hora? ¿Es la causa el odio, la venganza, la indolencia, la negligencia o la corrupción?

Ante casos como el de Monterrey, más allá de las causas, siempre resulta reconfortante buscar un culpable. Ofrece la oportunidad de colocarse en el lugar arquetípico del Justiciero, o el Justo. Con este acto, nos salimos de la realidad y entramos al mundo de la metáfora y la fantasía. La ilusión de encontrar a la figura arquetípica del culpable, ocupa la imaginación y nos otorga, a todos, un sentido de ser. Todos buscamos ‘caber’ en el arquetipo de la Justicia. Nos volvemos actores, de nuevo, en la lucha perenne entre el bien y el mal.

En realidad la búsqueda de culpables es una tendencia universal. Algo pasa y preguntamos ¿quién fué? Otra tendencia es castigar al culpable. Se detecta el crimen y se decreta el castigo. El castigo se convierte en una metáfora que intenta exorcisar o extirpar un mal. El castigo hace que prevaleza el arquetipo de la Justicia. Desafortunadamente se queda en el nivel de metáfora, puesto que ni exorcisa, ni extirpa. Solo queda la ilusión del castigo y la fantasía de que tendrá algún efecto. Nos queda la ilusión de justicia. El crimen y sus causas se ensombrece. En realidad todo se ensombrece y seguimos caminando ignorantes de la sombra. Nadie nos hacemos cargo de ella.

En el caso Monterrey, como en muchos otros casos en el México reciente, aparecen como grandes culpables el gobierno, tanto el federal como estatal y los carteles de narcotraficantes que operan en México -y en el mundo. No puedo dejar de notar que la población civil aparece, cada vez más, como la gran víctima. La víctima que se encuentra entre dos fuegos, o ante una pseudo guerra civil no declarada: gobierno vs. narcos. A mi me surge una gran pregunta: ¿la llamada sociedad civil, compuesta por la mayoría de mexicanos, no se considera variable importante en esta guerra no declarada? Me rehuso a considerarla como víctima, atreviéndome, con ello, a colocarla al nivel de participante en esta situación de violencia generalizada que vivimos los mexicanos, a veces de cerca, a veces de lejos.

Me llama la atención encontrar esta ausencia de responsabilidad atribuible a la sociedad civil, o sea, a los que no somos ni parte del gobierno y tampoco somos narcos. Y me rehúso a pensar que al menos yo, no soy cómplice de lo que sucede en mi país. Cierto, es difícil imaginar cómo soy cómplice en las matanzas de centroamericanos, en los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, en las balaceras y narcofosas encontradas en Durango (mi tierra natal), Coahuila, Tamaulipas y otros lugares. Es difícil, muy difícil imaginarme como co-partícipe y cómplice del gobierno y los narcos.

A estas alturas, tal vez solo pueda preguntarme, y yo, ¿cómo participo en esta espiral de violencia y corrupción? La co-producción condicionada, me habla de interconexión. Ciertamente soy, o aspiro, a ser un individuo en toda la extensión de la palabra, como tal soy responsable de mis acciones y sus consecuencias. Al mismo tiempo no soy (creo) tan arrogante como para pensar que no me ‘toca’ la situación de otros seres humanos, o los animales o el mismo planeta. Lo que pienso, digo y hago tiene consecuencias que van más allá de mi visión. Lo que pienso, digo y hago tiene consecuencias que cruzan el tiempo y el espacio. Lo que yo pienso, digo y hago converge con lo que otras personas piensan, dicen y hacen a través del tiempo y del espacio. Todos formamos parte de esa red de causalidad, todos somos responsable del estado de cosas a nivel personal, familiar y social.

Mi compromiso como practicante del Budadharma es no olvidar que formo parte de esta red de causalidad. El Buda no predicó por cuarenta y tantos años, para instigarnos a irnos a meter a nuestras casas, confinarnos a nuestros cojines de meditación e ignorar al mundo que nos rodea. Al contrario, el Buda siempre resaltó los diferentes contextos de participación social, recordándonos a todos nosotros nuestros compromisos y responsabilidades. El mensaje original del Buda no fue exclusivamente uno de liberación que trascendía al mundo en general. El mensaje del Buda era para la gente que se encontraba inmersa en sus labores cotidianas.

La visión del Buda, no solo penetra el estado incondicionado de éxtasis perfecto que se encuentra más allá del mundo condicionado, de samsara; fuera del alcance del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte; el Buda no solamente habla del camino hacia la Iluminación y la liberación final; sino que también el Buda, en sus enseñanzas, ilumina las muchas maneras en que su Dharma puede aplicarse a las complejas condiciones de la vida humana.

En su sentido más amplio, el Dharma es el orden inmanente e invariable del universo en el que están íntima e inexorablemente ligadas la verdad, la regularidad legal y la virtud. Este Dharma se ve reflejado en la conciencia humana como aspiración por la verdad, belleza espiritual y bondad; y también se expresa en la conduca como acciones íntegras y hábiles de cuerpo, mente y habla. Y el Dharma también encuentra su expresión a nivel institucional, no tan solo en la vida de los individuos. La tradición budista considera que la responsabilidad por el Dharma recae sobre los gobernantes. El gobernante que gobierna a través del Dharma, esta ley inmanente e invariable del universo, es un gobernante que gobierna de acuerdo a las normas éticas más altas y por lo tanto, de una manera pacífica une al mundo bajo el régimen de justicia universal y prosperidad.

En cierto sentido, es irrelevante hablar de víctimas y perpetradores, culpables o inocentes. Aunque resulte controversial y aunque no estén de acuerdo, es necesario mencionar que hasta las personas que se encontraban en el Casino Royal de Monterrey son responsables de su muerte. No se trataba de personas que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado. Ciertamente estuvieron ahí por decisión propia, lo que hace el momento apropiado y al lugar también. Fueron parte de la tragedia en dos sentidos, por estar ahí y por haber perdido la vida. Perdieron la vida por haber estado en un lugar donde no había condiciones para asegurar su bienestar. En cierto sentido perdieron la vida por cuestiones ajenas a su voluntad y control. No había manera de saber que habría un ataque-incendio… si había manera de saber si estaban dadas cuestiones de seguridad, como las salidas de emergencia.

Resulta liberador aceptar que soy responsable por mi propia vida. Y me deja reflexionando el hecho de que lo soy hasta cierto punto… hasta el punto donde convergen otras variables desconocidas. Es la ley del Dharma, el principio de la condicionalidad, el principio universal del Budismo. Por ello es necesario que mire y reflexione atenta y profundamente sobre las causas de las cosas. Por ello es necesario que acepte mi co-participación en la creación de la sociedad en que vivo. Es urgente que reflexione sobre mi propio quehacer, sobre mis motivaciones y sobre las consecuencias. Es necesario que cotidianamente me proponga no ser variable en el fenómeno de la violencia, de la inseguridad, de la negligencia, de la estupidez y de la corrupción. Es importante que me proponga que en mi corazón impere la paz, la cordura, la aceptación, la honestidad, la ecuanimidad y la bondad.

Cada uno de nosotros es parte de esta gran red, hagamos nuestra parte.

Por el beneficio de todos los seres

Akasavajri

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