Los Cuatro Rabinos


Los Cuatro Rabinos

Una noche cuatro rabinos recibieron la visita de un ángel que los despertó y los transportó a la Séptima Bóveda del Séptimo Cielo. Allí contemplaron la Sagrada Rueda de Ezequiel.

En determinado momento de su descenso del Pardes, el Paraíso, a la tierra, uno de los rabinos, tras haber contemplado semejante esplendor, perdió el juicio y vagó echando espumarajos por la boca hasta el fin de sus días. El segundo rabino era extremadamente cínico: “He visto en sueños la Rueda de Ezequiel, eso es todo. No ha ocurrido nada en realidad.” El tercer rabino no paraba de hablar de lo que había visto, pues estaba totalmente obsesionado. Hablaba por los codos, describiendo cómo estaba construido todo aquello y lo que significaba… hasta que, al final, se extravió y traicionó su fe. El cuarto rabino, que era un poeta, tomó un papel y una caña, se sentó junto a la ventana y se puso a escribir una canción tras otra sobre la paloma de la tarde, su hija en la cuna y todas las estrellas del cielo. Y de esta manera vivió su vida mejor que antes.

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con los lobos” (“El aullido: la resurrección de la Mujer Salvaje”)

Frank Kunert, paisajes urbanos solitarios


Lo positivo de la redes sociales es que, si se filtra la enorme cantidad de información con la que una es invadida, se reciben aportaciones interesantes.  Hoy me llegó una fotografía que hacía referencia a Frank Kunert, un artista alemán que a mi parecer muestra la forma en que se conjugan arquitectura, vida urbana y medio ambiente. A veces de forma armónica pero otras más bien absurdas. En donde incluso, creo que señala como los espacios son definidos justamente por las relaciones que se tienen con otros seres humanos o la naturaleza (¿o son estas innovaciones urbanas las que modifican nuestras relaciones interpersonales?). Por otra parte, lo interesante de este trabajo es la ausencia de quien sería la persona protagonista: el ser humanos. Me quedó la sensación de percibir una harta soledad, un vacío en medio de tanta arquitectura. Creo que son maquetas las que va trabajando para crear un universo donde paisaje urbano dice mucho de quienes lo habitan. Interesante.

El Río bajo el Río


El Río bajo el Río

Toda mujer tiene potencialmente acceso al “Río bajo el Río” . Llega allí a través de la meditación profunda, la danza, la escritura, la pintura, la oración, el canto, el estudio, la imaginación activa o cualquier otra actividad que exija una intensa alteración de la conciencia. Una mujer llega a este mundo entre los mundos a través del anhelo y la búsqueda de algo que entrevé por el rabillo del ojo. Llega por medio de actos profundamente creativos, a través de la soledad deliberada y del cultivo de cualquiera de las artes. Y, a pesar de todas estas actividades tan bien practicadas, buena parte de lo que ocurre en este mundo inefable sigue en-vuelta en el misterio, pues rompe todas las leyes físicas y racionales que conocemos.

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con los lobos” (“El aullido: la resurrección de la Mujer Salvaje”)

Cantar sobre los huesos


La Loba nos enseña lo que tenemos que buscar, la fuerza indestructible de la vida, los huesos.

(…)

La Loba canta sobre los huesos que ha recogido. Cantar significa utilizar la voz del alma. Significa decir la verdad acerca del propio Poder y la propia necesidad, infundir alma a lo que está enfermo o necesita recuperarse. Y eso se hace descendiendo a las mayores profundidades del amor y del sentimiento hasta conseguir que el deseo de relación con el Yo salvaje se desborde para poder hablar con la propia alma desde este estado de ánimo. Eso es cantar sobre los huesos. No podemos cometer el error de intentar obtener de un amante este gran sentimiento de amor, pues el esfuerzo femenino de descubrir y cantar el himno de la creación es una tarea solitaria, una tarea que se cumple en el desierto de la psique.

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con los lobos” (“El aullido: la resurrección de la Mujer Salvaje”)