Primera tarea: dejar morir a la madre demasiado buena.


En toda nuestra vida como hijas, llega un momento en que la buena madre de la psique —la que nos había sido útil anteriormente— se convierte en una madre demasiado buena que, en su exagerado afán de protegernos, empieza a impedirnos responder a los nuevos retos, obstaculizando con ello un desarrollo más profundo.

En el proceso natural de nuestra maduración, la madre demasiado buena tiene que adelgazar y menguar progresivamente hasta que nos veamos obligadas a cuidar de nosotras mismas de una manera distinta. Y, aunque siempre conservemos la esencia de su calor, esta transición psíquica natural nos deja solas en un mundo que no es maternal con nosotras.

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con los lobos” (“El rastreo de los hechos: La recuperación de la intuición como iniciación”)

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