Espontaneidad


Hay ciertas entropías y creaciones constantes que forman parte de nuestros ciclos internos. Nuestra tarea es sincronizar con ellas. Como los ventrículos de un corazón que se llenan y se vacían y se vuelven a llenar, nosotras “aprendemos a aprender” los ritmos de este ciclo de la Vida/ Muerte/Vida en lugar de convertirnos en sus víctimas. Lo podríamos comparar con una cuerda de saltar. El ritmo ya existe; nosotras oscilamos hacia delante y hacia atrás hasta que conseguimos copiar el ritmo. Entonces saltamos. Así es como se hace. No tiene ningún secreto.

Además, la intuición ofrece distintas opciones. Cuando estamos conectadas con el yo instintivo, siempre se nos ofrecen por lo menos cuatro opciones… las dos contrarias, el territorio intermedio y “el ulterior análisis de las posibilidades”. Si no estamos muy versadas en la intuición, podemos pensar que sólo existe una opción y que ésta no parece muy deseable. Y es posible que nos sintamos obligadas a sufrir por ella, a someternos y a aceptarla. Pero no, hay otra manera mejor. Prestemos atención al oído interior, a la vista interior y el ser interior. Sigámoslos. Ellos sabrán lo que tenemos que hacer a continuación.

Una de las consecuencias más extraordinarias del uso de la intuición y de la naturaleza instintiva consiste en la aparición de una infalible espontaneidad.

Espontaneidad no es sinónimo de imprudencia. No es una cuestión de “lanzarse y soltarlo”. Los buenos límites todavía son importantes. Sherezade, por ejemplo, tenía unos límites excelentes. Utilizaba su inteligencia para agradar al sultán, pero, al mismo tiempo, actuaba de tal forma que éste la valorara. Ser auténtica no significa ser temeraria sino dejar que hable La voz mitológica. Y eso se consigue apartando provisionalmente a un lado el ego y permitiendo que hable aquello que quiere hablar.

En la realidad consensual, todas tenemos acceso a pequeñas madre, salvajes de carne y hueso. Son estas mujeres que, en cuanto las vemos, sentimos que algo salta en nuestro interior y entonces pensamos “Mamá”. Les echamos un vistazo y pensamos “Yo soy su progenie, soy su hija, ella es mi madre, mi abuela”. En el caso de un hombre con pechos en sentido figurado, podríamos pensar “Oh, abuelo mío”, “Oh, hermano mío, amigo mío”. Porque intuimos sin más que aquel hombre nos alimenta. (Paradójicamente, se trata de personas marcadamente masculinas y marcadamente femeninas al mismo tiempo. Son como el hada madrina, el mentor, la madre que nunca tuvimos o no tuvimos el tiempo suficiente; eso es un hombre con pechos.)

Tomado del Libro “Mujeres que corren con los Lobos” de Clarissa Pinkola Estés (“El rastreo de los hechos: La recuperación de la intuición como iniciación”).

Saber elegir a amistades y amantes


La mujer tiene que elegir con prudencia tanto a los amigos como a los amantes, pues tanto los unos como los otros pueden convertirse en perversas madrastras y malvadas hermanastras. En el caso de los amantes, solemos atribuirles el poder de unos grandes magos. Es fácil que así sea, pues el hecho de llegar a una auténtica intimidad es algo así como abrir un mágico taller de purísimo cristal, o eso por lo menos nos parece a nosotras. Un amante puede crear y/o destruir hasta nuestras conexiones más duraderas con nuestros propios ciclos e ideas. Hay que evitar al amante destructivo. El mejor amante es el que está hecho de poderosos músculos psíquicos y tierna carne. A la Mujer Salvaje tampoco le viene mal un amante un poco “psíquico”, es decir, una persona capaz de “ver su corazón por dentro”.

Cuando a la Mujer Salvaje se le ocurre una idea, el amigo o amante jamás. le dirá: “Pues, no sé… me parece una auténtica bobada [una exageración, una cosa imposible, muy cara, etc.].” Un verdadero amigo jamás dirá eso. Puede que diga: “No sé si lo entiendo. Dime cómo lo ves. Explícame cómo piensas hacerlo.”

Un amante/amigo que la considere una criatura viva que está creciendo como el árbol crece en la tierra o una planta de ficus en la casa o una rosaleda en el patio de atrás, un amante y unos amigos que la miren como un auténtico ser vivo que respira y que es humano, pero está hecho, además, de otras muchas cosas bonitas, húmedas y mágicas, un amante y unos amigos que presten su apoyo a la criatura que hay en ella, éstas son las personas que le convienen a la mujer, pues serán sus amigos del alma toda la vida. La esmerada elección de los amigos y amantes y también de los profesores es esencial para conservar la conciencia, la intuición y la ardiente luz que ve y sabe.

Tomado del Libro “Mujeres que corren con los Lobos” de Clarissa Pinkola Estés (“El rastreo de los hechos: La recuperación de la intuición como iniciación”).

La modificación de l a sombra


El hecho de poseer una buena intuición y un considerable poder obliga a trabajar. En primer lugar, en la vigilancia y la comprensión de las fuerzas negativas y los desequilibrios tanto interiores como exteriores. En segundo lugar, obliga a hacer acopio de voluntad para poder actuar con respecto a lo que se ha visto, tanto si es para un bien como si es para recuperar el equilibrio o para dejar que algo viva o muera.

Es verdad y no quiero engañar a nadie. Es más cómodo arrojar la luz e irse a dormir. No cabe duda de que a veces hay que hacer un esfuerzo para sostener en alto la luz delante de nosotras, pues con ella vemos todas nuestras facetas y todas las facetas de los demás, las desfiguradas, las divinas y todos los estados intermedios.

Y, sin embargo, gracias a esta luz afloran a la conciencia los milagros de la belleza profunda del mundo y de los seres humanos. Con esta penetrante luz podemos ver un buen corazón más allá de una mala acción, podemos descubrir un dulce espíritu hundido por el odio y podemos comprender muchas cosas en lugar de quedarnos perplejas. La luz puede distinguir las capas de la personalidad, las intenciones y los motivos de los demás. Puede distinguir la conciencia y la inconciencia en el yo y en los demás. Es la varita mágica de la sabiduría. Es el espejo en el cual se perciben y se ven todas las cosas. Es la profunda naturaleza salvaje.

Pero a veces sus informes son dolorosos y casi no se pueden resistir, pues la cruel luz de la calavera también muestra las traiciones y la cobardía de los que se las dan de valientes. Señala la envidia que se oculta como una fría capa de grasa detrás de una cordial sonrisa y las miradas que no son más que unas máscaras que disimulan la antipatía. Y, con respecto a nosotras, la luz es tan brillante como para iluminar lo exterior: nuestros tesoros y nuestras flaquezas. Éstos son los conocimientos que más nos cuesta afrontar. Aquí es donde siempre queremos desprendernos de todo este maldito y sagaz conocimiento.

Aquí es donde percibimos, siempre y cuando no queramos ignorarla, una poderosa fuerza del Yo que nos dice: “No me arrojes lejos de ti. Consérvame a tu lado y ya verás.”

Tomado del Libro “Mujeres que corren con los Lobos” de Clarissa Pinkola Estés (“El rastreo de los hechos: La recuperación de la intuición como iniciación”).