“Moneyball”… en frases


“Leyendo las estadísticas a nuestro modo encontraremos el valor oculto en los jugadores. Se descarta a mucha gente por prejuicios y defectos imaginarios: edad, apariencia, personalidad. Bill James y las matemáticas nos permitieron eliminar todo eso. De los 20,000 peloteros a considerar creo que hay un equipo de campeonato de 25 personas a nuestro alcance, porque todos los demás los subestiman. Son como una isla de juguetes raros”.

“Este es Chad Bradford, un lanzador relevista. Es uno de los peloteros más subestimados del beisbol. Su defecto es que lanza raro. A nadie le interesa porque se ve raro. No sólo puede ser nuestro mejor lanzador sino uno de los mejores relevistas de la historia. Debería costar tres millones al año y lo podemos conseguir por 237 mil.”

“Pocos buscadores de talento pueden estudiar a un joven y determinar si tiene confianza en lo que puede hacer. Lo puedes contratar basándote en su habilidad pero debe tener éxito para adquirir confianza.  Ya que tiene confianza, entonces se vuelve alguien especial. Tomas una decisión basándote en lo que ves. Si las cosas no salen, pasas a la siguiente. Así es el beisbol. Muchos son convocados, pocos los elegidos”.

“Con 41 millones creaste un equipo de postemporada. Perdiste a Damon, Giambi, Isringhausen, Peña, … y ganaste más juegos sin ellos que con ellos. Ganaste el mismo número de juegos que los Yanquis pero los Yanquis gastaron 1.4 millones por victoria y tu pagaste 260 mil. Sé que te están criticando, pero el primero en atravesar la pared siempre acaba sangrando.  Siempre. Esto no sólo amenaza su modo de hacer negocios sino el juego en sí. Estás amenazando su subsistencia, sus trabajos. Estás amenazando su forma de hacer las cosas. Siempre que pasa eso, ya sea en un gobierno o en un negocio, la gente que tiene las riendas, que controla el interruptor, se vuelve completamente loca.”

La  democracia:  una  construcción  permanente  


” Debemos  recordar  que  tras  los  prometedores  comienzos  la  democratización  no  evolucionó  siguiendo  un  camino  ascendente  hasta  nuestros  días.  Hubo  subidas  y  recaídas,  movimientos  de  resistencia,  rebeliones,  guerras  civiles,  revoluciones.  Durante  algunos  siglos  […  ]  [se]  invirtió  alguno  de  los  avances  anteriores.  Volviendo  la  vista  atrás  sobre  el  ascenso  y  caída  de  la  democracia,  está  claro  que  no  podemos  contar  con  que  las  fuerzas  sociales  aseguren  que  la  democracia  siga  siempre  avanzando.  [  …  ]  La  democracia,  tal  parece,  es  un  tanto  incierta.  Pero  sus  posibilidades  dependen  también  de  lo  que  nosotros  hagamos.  Incluso,  aunque  no  podamos  contar  con  impulsos  benignos  que  la  favorezcan,  no  somos  meras  víctimas  de  fuerzas  ciegas  sobre  las  que  no  tenemos  ningún  control.  Con  una  adecuada  comprensión  de  lo  que  exige  la  democracia  y  la  voluntad  de  satisfacer  sus  requerimientos,  podemos  actuar  para  satisfacer  las  ideas  y  prácticas  democráticas  y,  aun  más,  avanzar  en  ellas.”

 Robert  Dahl

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Capitalismo y democracia


” El capitalismo crea riqueza, pero no se puede depender de él para garantizar la libertad, la democracia y el Estado de derecho. Las empresas están motivadas por el beneficio, no tienen por objetivo salvaguardar los principios universales. Hasta la protección del mercado requiere mucho más que el beneficio propio: los participantes en el mercado compiten para ganar, y si pudieran eliminarían a la competencia”

George Soros

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Los  cimientos  de  la  democracia  


No  hay  nada  misterioso  respecto  de  los  cimientos  de  una  democracia  saludable  y  fuerte.  Las  cosas  básicas  esperadas  por  nuestro  pueblo  de  sus  sistemas  político  y  económico  son  simples.  Ellas  son:  

•  La  igualdad  de  oportunidad  para  los  jóvenes  y  los  demás.  

•  Un  empleo  para  los  que  pueden  trabajar.  
•  La  seguridad  (social)  para  los  que  la  precisan.  

•  El  fin  del  privilegio  especial  para  unos  pocos.  

•  La  preservación  de  las  libertades  civiles  para  todos.  y  ampliamente  compartido.  

•  La  participación  en  los  frutos  del  progreso  científico,  en  un  estándar  de  vida  constantemente  creciente.
 
Éstas  son  las  cosas  sencillas  y  básicas  que  nunca  deberían  perderse  de  vista  en  el  tumulto  y  complejidad  increíble  de  nuestro  mundo  moderno.  La  fuerza  interior  y  duradera  de  nuestros  sistemas  económico  y  político  depende  del  grado  en  que  cumplen  con  estas  expectativas.  

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Franklin  Delano  Roosevelt,  “Discurso  de  las  Cuatro  Libertades”,  enero  de  1941

La democracia: un ideal


La democracia es, antes que nada y sobre todo, un ideal […] Sin una tendencia idealista una democracia no nace, y si nace, se debilita rápidamente. Más que cualquier otro régimen político, la democracia va contra la corriente, contra las leyes inerciales que gobiernan los grupos humanos. Las monocracias, las autocracias, las dictaduras son fáciles, nos caen encima solas; las democracias son difíciles, tienen que ser promovidas y creídas.
Giovanni Sartori

La globalización y l os mitos fundadores de la civilización j udeo-cristiana


“El discurso dominante insiste en que sólo la globalización es resultado verdadero del proceso de mundialización. Por ellos, cuanto se opone a ella es definido como espurio, y se le adjudica automáticamente un significado reaccionario, anacrónico, contrario al progreso. El discurso afirma que nada podrá evitar el avance hacia la conformación de una única economía mundial, una única sociedad mundial y una única cultura mundial. Este discurso, aunque de ello no sean conscientes quienes lo extienden, se encuentra profundamente enraizado, no ya en la “lógica de la razón”, si no en los mitos fundadores de la civilización judeo-cristiana, es decir, de Occidente. En efecto, la bondad de lo homogéneo, de lo uniforme, y de lo grande frente a lo negativo de lo diverso, de lo heterogéneo y de lo pequeño es una de las constates del pensamiento hegemónico mediterráneo-europeo-norteamericano. Está en la base del etnocentrismo eurocéntrico y de la aspiración hegemónica e imperialista de los Estados de Europa, traducida y autolegitimada primero en la pretensión de cristianizar, y más tarde de civilizar, a todos los pueblos del mundo; en definitiva a dominar a éstos. El mito de la torre de Babel es bien ejemplificador: la diversidad de lenguas, y por extensión de culturas, es interpretada como resultado del castigo divino contra los pecados de los hombres. La diversidad, pues, es un estigma. La homogeneización, la desaparición de la heterogeneidad, acercaría a la humanidad de nuevo al plan divino originario. Si sustituimos a Dios en el ámbito de lo sagrado (de los absolutos sociales) por la razón, la naturaleza o la historia sacralizadas (consideradas como absolutos sociales), como hicieron en cada caso, racionalistas, positivistas y la mayoría de los marxistas, veremos cómo, en realidad, nada esencial ha cambiado en esta conceptuación, y tendremos explicada la continuidad durante los dos últimos siglos de la valoración positiva de lo homogéneo y unitario frente a lo diverso y fragmentario. Los mitos perdidos en el tiempo del Dios único (y, por tanto, verdadero) en contraste con los dioses múltiples (y, por lo tanto, falsos), de la condena a la confusión de Babel, del fuego de Sodoma y Gomorra, y tantos otros, nos están señalando, de manera inequívoca, que para el sacro religioso la unicidad, la homogeneidad y la centralidad son valores positivos, en contraste con la pluralidad, la heterogeneidad y la fragmentación. Y desde la razón, la naturaleza, el Estado y la historia, entendidos también como sacralidades – como absolutos sociales que han sustituido al dios de la religión en el papel de eje de legitimación y reproducción del orden social dominante—la interpretación continúa siendo básicamente la misma. Sólo cambia la fuente de legitimación. Desde esta perspectiva, debería sorprendernos muy poco la valoración negativa que hoy se da a los nacionalismos y a sus reivindicaciones: desde el derecho a utilizar en todos los contextos, y no sólo en el privado, las lenguas minoritarias, las instituciones y el derecho propio, hasta el derecho a la libre autodeterminación, incluyendo entre las opciones el de separarse del ámbito mayor, estatal, en el que esté integrado el correspondiente pueblo.”

Fragmento de “Mundialización, globalización y nacionalismos: la quiebra del modelo de Estado Nación” de Isidoro Moreno.