(…) La sola existencia de “blancos” y “negros” en sí misma no debería ser fuente de prejuicios. Es la creencia en la superioridad de unos u otros lo que introduce la discriminación. De ese modo la coexistencia de diferentes religiones –judía, católica, evangélica, etc.– en sí misma puede verse como “natural”, pero la construcción de un “nosotros” superior a los otros ha desencadenado espirales de agresiones y estelas de sangre. Y lo mismo podría decirse entre hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, indígenas y no indígenas, y súmele usted. Estamos condenados a vivir con “los otros”. La diversidad forma parte de la condición humana –aunque ésta sea una– y en ella radica la riqueza de la especie. Intentar que la diversidad no sea sinónimo de desigualdad y comprender que “los otros” tienen los mismos derechos que “nosotros” pueden ser los pilares de un programa estratégico para hacer del planeta un lugar medianamente habitable (…)

José Woldemberg en «Discriminación. Dos caras, una moneda» del libro «Miradas a la  discriminación» de CONAPRED

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