» Los prejuicios se caracterizan por oponer una fuerte resistencia no sólo a ser reconocidos como tales sino a modificarse cuando se muestra, con argumentos o con datos empíricos, su falsedad o su irracionalidad. Se trata en verdad de creencias bien atrincheradas, derivadas de las opiniones generalizadas en nuestro entorno, de experiencias singulares falazmente generalizadas o, en el peor de los casos, del impacto de ideologías políticas y/o religiosas que apelan a la irracionalidad de los individuos para promover visiones maniqueas y explicaciones simplistas de los problemas. En todos los casos, sin embargo, su tenacidad –como señala Bobbio– sólo puede entenderse como consecuencia de los deseos, pasiones e intereses que satisfacen»

Luis Salazar Carrión, “Democracia y discriminación”, en Discriminación, democracia, lenguaje y género, México, Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal / Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, 2007, p. 45

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