¿Transgénero o transexual?


A partir de las recientes reflexiones sobre género e identidad sexual así como en el contexto de las reinvindicaciones del movimiento trans quizás sea conveniente, por lo menos en Latinoamérica, cuestionar si aún es necesario seguir propagando la idea de los conceptos de transgénero y transexual como forma de “clasificar” o dividir a la población trans.

Quizá sea tiempo de reflexionar si la afirmación de que existimos personas “transgénero”, por una parte, y personas “transexuales”, por otra, fortalece la cosificación e hipersexualización hacia nuestros cuerpos.

Tradicionalmente se ha dicho que una persona “transgénero” es aquella que está “conforme con su cuerpo”, “que no desea hacer cambios corporales”, “que no tiene interés en las terapias de reemplazo hormonal”, etc., y por lo tanto solo cambia su forma de vestir, su forma de comportarse, entre otras expresiones genéricas para “encajar” dentro del género con el que se siente más cómoda.

Por otra parte, se ha dicho que una persona “transexual” es aquella que “se siente en el cuerpo equivocado”, “desea alinear hormonal y/o quirúrgicamente su cuerpo a su identidad de género” o “desea operarse los genitales”, por lo que parecería que ser transexual implica una diferencia de grado con respecto a la capacidad o deseo de modificarse corporal u hormonalmente.

Estoy consciente que los ejemplos de estos dos conceptos quedan cortos con respecto a la gran variedad de definiciones que cada grupo de personas suele dar porque, a mi parecer, no existe un consenso sobre cuál es la exacta diferencia entre una y otra palabra.

En primer lugar, ambos conceptos gravitan sobre las decisiones que tomemos o no hacia nuestros cuerpos y, sobre todo, hacia nuestros genitales. ¿Qué otro grupo humano es clasificado por estas decisiones?

La distinción de ambos conceptos parecería que valida a la opinión pública a tener el derecho de preguntar, hablar e incluso legislar acerca de las cirugías y/o tratamientos que podamos o no acceder como si fuera un asunto independiente de nuestra dignidad como persona. ¿A cuántas(os) les ha sucedido que después de presentarse como “persona trans” se le pregunte: “y estás operada(o)” o “y te piensas operar”’?

En segundo lugar, propaga la idea que ser transgénero o transexual es mutuamente excluyente o que uno (transexual) es un subconjunto de otro (transgénero). La experiencia señala que muchas personas trans inicialmente experimentamos ajustes a nuestras expresiones genéricas en la búsqueda de sentirnos conforme con nosotras mismas, y mientras algunas tienen clara la decisión de modificar posteriormente sus cuerpos, otras van ponderando o rechazando la opción conforme se vive el proceso de construcción de la identidad a través de los sistemas de significado, de representaciones culturales y las propias subjetividades del inconsciente. Siendo todos estos tránsitos válidos y legítimos.

Parece que ante la crítica al binario de género hemos creado otra opción también binaria donde poco a poco se abren paso otras opciones que reiteran que las identidades sexuales como la sexualidad humana son complejas y diversas.

Considero que la idea esencial de estos conceptos surgen de diferenciar los sexos a partir de las diferencias anatómicas y, estas diferencias que se oponen a sí mismas sostienen esquemas de pensamientos binarios(1), en este caso, lo transexual versus lo transgénero.

A partir de la eficacia que tiene lo biológico para sostener esquemas de pensamiento que legitiman las relaciones de poder (1) no dudaría en pensar que hemos trasladado esas relaciones de poder a ambos conceptos donde los significados de lo transexual siguen ubicándose en un grado de superioridad con respecto a los significados de transgénero especialmente en países donde las diferencias de género se legitiman por la anatomía, como en Latinoamérica, y esto se manifiesta en la invisibilización o rechazo al reconocimiento y protección de los derechos de las personas trans (como a la identidad, al empleo, a la educación, a servicios de salud de calidad, etc); en la existencia de leyes que exijan la cirugía de reasignación genital para acceder a un reconocimiento legal de la identidad; la exigencia de vivir “exitosamente” el rol de género durante un año para poder acceder a terapias de reemplazo hormonal; la presión social y mercantilización consecuente para reafirmar nuestra identidad mediante cirugías de feminización facial, de reasignación genital y de feminización de voz que buscan la “pasabilidad” quizás como una forma de pensamiento en donde lo “verdaderamente” transexual se acerca más a la idea sexista e hipersexualizada que se tiene de una mujer cisexual (mujer ultrafemenina 90-60-90) y se aleja más de la idea de lo transgénero (cualquier identidad sexual y expresión sexogenérica en donde confluyan en un mismo cuerpo las ideas de lo masculino y lo femenino); así como la existencia de las diferentes formas de discriminación y violencia que puedan vivir las personas trans quienes “sí pasan” como hombres o mujeres cisexuales y quienes no.

Si la identidad sexual habita más en nuestro inconsciente que en una parte específica del cuerpo, la identidad sexual de una persona transgénero o cisgénero debiera tener la misma validez social y legal. Julia Serano le llama “sexo subconsciente”(2) que no estaría necesariamente ligado a los caracteres sexuales primarios o secundarios de tal forma que ya existen casos de hombres trans heterosexuales que se embarazan, mujeres trans lesbianas con la capacidad de procrear mediante la aportación de espermatozoides y hombres y mujeres trans que reivindican el derecho a la identidad legal ajena a la tutela médica. En ese sentido, no tendría sentido el concepto de “transexual”, más que como referencia a un momento histórico donde las identidades sexuales disidentes éramos objeto de estudio de la ciencia médica.

Las personas trans seríamos quienes reescribimos en nuestros cuerpos los símbolos sociales y/o corporales afines o subversivos a un movimiento histórico y social dado que dictan como se construyen y expresan los cuerpos masculinos y los cuerpos femeninos, siendo de tal forma todas personas transgénero.

Por Rebeca Garza
@Rivka_Azatl

(1) Bourdieu Pierre. (2000). La dominación masculina. España: Anagrama.
(2) Serano Julia. (2009). Whipping Girl: A Transsexual Woman on Sexism and the Scapegoating of Femininity. Estados Unidos: Seal Press.

 

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2 respuestas a “¿Transgénero o transexual?

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