Hoy cumplo 15 años en el Servicio Profesional Electoral de @INEMexico


Hoy cumplo 15 años en el Servicio Profesional Electoral que el IFE le heredó al INE.

Tenía 22 años cuando recién egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León trabajaba en una empresa de telemarketing como una forma de pagar los trámites de mi titulación, como una forma de sentirme útil y productiva ante mi familia.

Había llegado a ese trabajo después de muchos y muchos rechazos de otras empresas, principalmente privadas como FEMSA o CEMEX cuyos directivos hombres se mostraban agresivos y no disimulaban su rechazo ante una persona que rompía ciertos convencionalismos de género.

Tenía 22 años y ya sabía lo que era ser discriminada. Mi familia se preocupada porque era evidente que encontraría muchas más dificultades que mis hermanos  para encontrar trabajo a pesar de haber concluido con un promedio de 9.4 en la Facultad y contar con diversas prácticas profesionales como estudiante y dominar la incipientes tecnologías de información.

Recibí muchos bienintencionados consejos para “ser diferente” o “comportarme diferente” porque de otra manera “nadie me daría trabajo”. Simplemente me era imposible. No era necedad, era fingir algo o hacer algo que  no me hacía sentir cómoda ni auténtica. Esto no me liberaba del estrés y la preocupación al pensar en cómo sería mi futuro laboral y personal. Era oscuro e incierto.

Una tarde de otoño del año 2000, mi padre me presentó una convocatoria para ingresar al Servicio Profesional Electoral del entonces Instituto Federal Electoral (IFE). En esa época, el IFE gozaba los más altos índices de confianza de todas las instituciones, incluso sobre la Iglesia Católica, debido a la reciente elección donde Vicente Fox había ganado la presidencia logrando algo que parecía imposible en los años 80’s: la alternancia en el poder de forma pacífica.

El servicio social lo había realizado en el IMSS, ahí conocí el servicio público y me fascinó. Sentí algo que no había sentido en la iniciativa privada: sentirme útil para otras personas, ayudarles en sus trámites. En la iniciativa privada me sentía un recurso más a favor del incremento de sus utilidades. Esta experiencia fue lo que le interesó a mi padre cuando me compartió la convocatoria.

Sinceramente, no tenía interés en inscribirme o participar. Sabía del IFE lo que el resto de la población: que ahí tramitábamos la credencial de elector o que organizaba elecciones pero no tenía idea de lo que era organizar alguna. Le dije a mi padre: “Esas plazas ya están dadas, seguro es para taparle el ojo al macho…”. Tantos rechazos me hacían pensar que tampoco tenía posibilidades.

Mi padre me insistió tanto que en realidad fui a preguntar sobre la convocatoria a la Junta Local de Nuevo León sin mucho interés. Al llegar, había un grupo de personas que mediante un proceso casi automático atendía una larga fila con rapidez y eficiencia. Solo me formé, la fila me llevó y salí cargando una solicitud, una guía de estudio y la lista de plazas vacantes.

En casa  me detuve a leer toda la documentación. El lenguaje me era ajeno: ¿”Vocal Ejecutivo”? “¿Vocal de capacitación electoral y educación cívica”? No entendía. Llené mi solicitud. Los cargos los consulte en el entonces COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) y me registré a participar por el cargo de “Vocal de Capacitación Electoral y Educación Cívica de Junta Distrital” principalmente por dos razones: cumplía con el requisito de edad y en mi trabajo era habitual que capacitara la personas de nuevo ingreso.

El primer examen fue de conocimientos generales. La guía incluía temas de geografía, español, ciencias sociales, historia, matemáticas, entre otros temas que en realidad me parecían temas de cultura general.

La mejor herencia de mi padre surtió efectos en ese momento. Desde que aprendimos a leer y durante toda la vida siempre ha sido un impulsor por la lectura. A pesar de no ser una familia de muchos recurso económicos nunca nos faltaron las enciclopedias y los libros. No solíamos salir de vacaciones. Mi escape ante esos días e incluso en las épocas de mi vida cuando recibí rechazo e incomprensión, siempre fueron los libros y las enciclopedias donde me refugiaba del aislamiento. De ahí nació el amor a la lectura y el acopio de conocimientos generales se dio de forma natural. 

Adicionalmente, como comenté, era medio nerd en la facultad. Mis amigas y amigos nos reuníamos ¡para estudiar!. Por lo tanto, pude concluir mi carrera con dos materias de maestría debido al promedio: Matemáticas y Economía.

Esto me permitió pasar el examen de conocimientos sin muchos problemas y ubicarme en los primeros diez lugares. El examen de dicho concurso se caracterizó por tener una alta complejidad matemática de la que muchas personas se mostraron inconformes. El siguiente examen era el de conocimiento del cargo y la guía de estudios incluía principalmente el COFIPE  y la Constitución Mexicana, ajenos para mí en ese entonces.

Mi padre y yo acordamos que renunciaría a mi trabajo para que yo me dedicara a estudiar para el siguiente examen. Al mismo tiempo, mi abuela Catalina estaba gravemente enferma en Veracruz. Mi madre llevaba meses con ella y me pidió que pasara una temporada al pendiente de mi madre, puesto que nos preocupaba su salud física y emocional ante un inminente fallecimiento.

Hice lo que había realizado durante los cuatro años y medio en la facultad. Me dediqué a leer, hacer diagramas, cuadros sinópticos y tratar de entender dichas leyes. Durante semanas dividía mi tiempo entre cuidar de noche de mi abuelita, estar con mi madre y leer en terapia intensiva y encerrarme en el cuarto de mi abuelita a estudiar y tomar notas.

Solamente regresé a Nuevo León a presentar el segundo examen y me regresé a Veracruz a cuidar a mi madre. Durante ese lapso, mi abuelita falleció y estuve con mi madre apoyándola en diversos trámites funerarios.

Cuando el INE publicó los resultados logre colarme entre los primeros 20 lugares, no recuerdo el exacto pero rondaba el 16. Había poco más de 30 plazas disponibles para el cargo que me había inscrito.

La siguiente etapa era la entrevista. Hasta entonces yo era un folio. Ni un nombre ni un sexo. Eso me daba mucha seguridad a la hora de concursar. Estaba ya por cumplir 23 años en julio. El concurso ya llevaba más de 6 meses. He de decir que los concursos son largos.

Sabía que en la entrevista me iría mal. Tenía 22 años, era recién egresada, no tenía experiencia electoral, no me ajustaba a los convencionalismos de mi género asignado… había mucho material por donde la persona entrevistadora me iba a cuestionar.

Me entrevistaron dos personas: el Vocal Ejecutivo de la Junta Local de Nuevo León y una mujer de oficina centrales.

El Vocal Ejecutivo, no recuerdo su nombre, era un hombre simpátiquísimo, corpulento, moreno y con una presencia muy cálida y amable. Se sorprendió mucho al verme e inmediatemente me preguntó mi edad. En ese entonces pesaba 45 kilos por lo que aparentaba mucho menos de 22 años. Me hizo muchas preguntas en un tono muy amable, me sentí tranquila, no sabía qué me estaba preguntando y en un momento pregunté: “¿qué es lo que usted me está evaluando?”. El contestó de forma muy divertida: “Ah, mira, tengo que evaluar si tienes facilidad de palabra y veo que sí, tengo que evaluar si tienes seguridad también veo que sí…” y fue contándome parte de sus impresiones.

Posteriormente, pasé a la otra entrevista. Ella, tampoco recuerdo su nombre, era una mujer blanca, joven, de gesto duro y muy seria. Imponía su presencia. Después de preguntarme nuevamente mi edad y mi experiencia laboral me dijo directamente: “Yo veo con usted un problema, su edad. ¿qué me diría si un Vocal que le dobla la edad le dice que usted no le va a venir a enseñar nada ?”.

Me molesté mucho. Su tono fue duro y directo. Sabía que no tenía ya nada que perder. Tomé aire y le contesté en el mismo tono firme y directo que ella: “Mire, en primer lugar le confieso que yo me inscribí con muchas dudas a este concurso. Pensé que todas las plazas ya estaban dadas y he llegado hasta aquí a partir de los resultados de los exámenes. Es decir, si estoy aquí es porque en teoría cumplo con los requisitos básicos de conocimientos que ustedes solicitaron. Además, para inscribirme no había un mínimo de edad. Por lo tanto, si usted cree que por mi edad yo no tengo la madurez de desempeñar el cargo creo que es un error. Puedo tener 35 o 40 años y ser una persona inmadura o tener 25 y tener la suficiente madurez. Y sobre su pregunta, si un Vocal me dice eso simplemente le diría que yo no le vengo a enseñar nada. Donde me pongan me dedicaré a trabajar y a apegarme a lo que me señalen, si yo puedo aprender de alguien más eso sería genial y si alguien puede aprender de mi, también.”

Esperaba una sonrisa de aprobación de la entrevistadora pero ella ni siquiera se inmutó. Cuando salí de la entrevista, me preguntó mi hermano David -quien me había acompañado para darme apoyo moral- sobre cómo me había ido. Le dije que mal. Que en una entrevista sentí que me había ido muy bien pero en otra no. Que no esperaba tener buenos resultados.

Cuando salieron publicados los resultados finales estuve aún entre los primeros 20 lugares pero sabía que no alcanzaría plaza en Nuevo León. Durante los exámenes había hecho amistad con otras personas que concursaban como Asdrubal y Ofelia y habíamos acordado llamarnos cuando a alguien le ofrecieran un cargo. A Asdrubal y a mi ya no nos tocaron plazas en Nuevo León.

Hablé con mi papá y mi mamá para preguntarles qué hacer si me tocaba salir de Nuevo León. Nunca había vivido fuera de casa y no lo tenía planeado siquiera. Me dijeron que me apoyaban en todo, en caso que decidiera tomar una plaza de fuera. Eso me dio tranquilidad.

El día que me llamaron de Oficina Central me pidieron que eligiera de las plazas disponibles. Guanajuato, Puebla, y otros estados más alejados del centro tenían vacantes. Pregunté por las vacantes de Puebla. Me dijeron que estaban disponibles Tehuacán, Zacapoaxtla, Izúcar de Matamoros y Acatlán de Osorio. Internet no era lo que es hoy. Me decidí, por mero impulso, por Acatlán de Osorio, pensando que Puebla  no debía ser muy grande.

Era un mes de agosto de 2001 cuando me llamaron. A fines de julio acababa de cumplir 23 años. Me dijeron: “Usted tiene que tomar posesión del cargo el 16 de septiembre”.

El 7 de septiembre llegué a Puebla con una gran maleta, todo el apoyo de mi familia, muchos miedos pero también muchas ilusiones.

El lunes 17 de septiembre las personas integrantes de la 16 Junta Distrital Ejecutiva de Acatlán de Osorio, Puebla, enclavada en la sierra mixteca, me tomaban posesión del cargo y me recibían como parte de su familia.

Sería el inicio de una carrera que me ha dado muchos aprendizajes laborales y de vida, que me ha formado como profesionista y como ser humano, y un camino donde he conocido personas fabulosas que han hecho de mi vida más plena.

¡¡¡A todas y a todos ustedes, muchas gracias. Al IFE, muchas gracias. Al INE, muchas gracias por todo el aprendizaje, el apoyo y las enseñanzas de vida!!!!

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