Apuntes sobre “Ciudadanía (trans) sexual” de Mauro Cabral


Mauro Cabral define a la ciudadanía sexual como aquella que “enuncia y garantiza el acceso efectivo de ciudadanos y ciudadanas tanto al ejercicio derechos sexuales y reproductivos como a una subjetividad política no menguada por desigualdades fundadas en características asociadas al sexo, el género, la sexualidad y la reproducción”.

Cabral repasa como se ha reconceptualizado la idea universal y masculinizada de la ciudadanía a través de lo que llama la corporización del sujeto por medio de una mirada interseccional de la raza, la edad, la sexualidad, la diversidad funcional, entre otros, que atraviesan los espacios que llamamos privados y públicos y sesgándolos en ese proceso.

Esta perspectiva ha permitido visibilizar la exclusión y la discriminación de las minorías sexo-genéricas.

Sin embargo, la tesis de Mauro Cabral consiste en reflexionar acerca de cómo la ciudadanía sexual ha sido pensada hasta ahora sin cuestionar la diferencia sexual como matriz de constitución del sujeto situados en cuerpos sexuados, especialmente a partir de los discursos de verdad de la medicina y el derecho.

Cabral problemátiza lo que llama “la producción jurídica en torno al cuerpo sexuado de las personas trans*” en torno a dos ejes: la narrativa del “cambio de sexo” vinculada con la transexualidad para hacerla inteligible y la relación de la transexualidad con un orden simbólico ligado a lo que llama “fórmula diagnóstica” y que puede tener nombres como disforia de género o transtornos de identidad de género, entre otros.

El escrito de Cabral es anterior a la ley de identidad de género Argentina de 2012, por lo tanto, cuestiona como los diversos procesos judiciales que han tenido que vivir las personas trans*que han obtenido un reconocimiento del Estado a su identidad límite en el ejercicio de una ciudadanía plena. Cuestiona los diferentes mecanismos que las autoridades han abordado para verificar la autenticidad o veracidad de la transexualidad como las narrativas autobiográficas transexuales que se consideran veraces en la medida que recuperan los discursos donde el cuerpo se vive como ajeno, extraño o errado y que no sólo recupera una experiencia y estereotipada de los roles de género sino que legitima la idea de la diferencia sexual sancionando cualquier otra forma de diversidad.

Por lo tanto, es la idea de la diferencia sexual articulada través del eje de la fórmula diagnóstica y la narrativa del cambio de sexo lo que, Cabral considera, alinea la identidad de género con la apariencia y hasta con la funcionalidad de los genitales, por lo que resulta comprensible que la subsecuente modificación genital sea una consecuencia lógica.

Las legislaciones relacionadas con el reconocimiento a la identidad de género de las personas trans* tiene una raíz a partir de la diferencia sexual cuando exigen la cirugías de reasignación genital no sólo para perpetuar el binomio de género en los cuerpos sino mantener inalterados los lazos de filiación en clave cis-heterosexual que se pudieran fracturar al momento que las personas trans ejercen lo que, Cabral llama, materpaternidad.

Esta preocupación reglamentaria de la cis-heteronormatividad resulta ridícula y Cabral lo deja claro cuando señala que a largo plazo la terapia de reemplazo hormonal genera esterilidad (aunque tengo mis dudas de que esta frase sea efectivamente cierta por dos razones: es otro discurso de verdad surgido de la ciencia médica y han existido ya casos de personas trans* que una vez que suspenden su terapia de reemplazo hormonal han podido procrear), el acceso efectivo a las personas trans* a las tecnologías de reproducción asistida (quiero pensar que la que el adjetivo de “efectivo” ha sido puesto a partir del contexto de que en muchas legislaciones de reproducción asistida las personas trans* también encontramos obstáculos), así como la existencia de niñas y niños que ya han sido procreados antes de que una persona trans* transicione o bien aquellos y aquellas que son criados dentro de familias trans*.

Éste tipo de prohibiciones no solamente son ridículas sino que atentan con el libre desarrollo de la personalidad reconocido en la teoría de derechos humanos.

Finalmente, Mauro Cabral invita a repensar en los retos de la ciudadanía sexual en la actualidad de la siguiente forma:

1. A partir de cómo la ciudadanía sexual de las personas trans*es vulnerada desde el inicio cuando aún se mantiene todo un aparato normativo simbólico, institucional, legal y social que busca la normalización de los cuerpo sexuados en clave binaria y cis-heterosexual que no solo excluye e invisibiliza si no también genera tratos inhumanos.

2. El reto de articular desde los movimientos feministas y minorías genérica-sexuales cuestionamientos profundos acerca de los discursos de verdad relacionados con la idea de la diferencia sexual, la identidad de género (desde mi punto de vista, dejándola de concebir como una esencia), las narrativas autobiográficas, los roles de género, el ejercicio de la sexualidad de todas las personas incluidos niñas, niños y adolescentes, las tecnologías de reproducción asistida, entre otros.

3. El cuestionamiento a la centralidad que se le da a la categoría del sexo, tanto médica, social y jurídicamente, como elemento certero para que el Estado reconozca la identidad de las personas trasladando esta decisión del Estado hacia las propias personas en el ejercicio de su autonomía a partir de su propia discursividad y en el libre ejercicio de sus decisiones corporales, sexuales y reproductivas.

4. Y, la exigencia de una ciudadanía sexual ampliada y diversa.

Rebeca Garza

Ver artículo “Ciudadanía (trans) sexual” de Mauro Cabral aquí

Plegaria para una persona trans de @akeshua Denisse Valverde Iturralde



Te has preguntado lo dificil que es vivir en este mundo, y mas cuando te dice en todo momento, que vives en un mundo equivocado.
Un dia te despiertas y te das cuenta que vives en una sociedad equivocada, donde cualquier expresion de genero, será criticada, primero por tu familia y despues por la sociedad.

Que el hecho de querer ser princesa o jugar con muñecas, sera satanizado, golpeado, humillado brutalmente, por la ignorancia de los padres de la familia, por el miedo al que diran y tu con tus 6, 7 u 8 años no sabes porque esta mal.

Creando inseguridades en un pequeño, que terminas con miedo a expresarte, por los golpes y las mofas sufridas.

Y con estas inseguridades creces, cargando en tu espalda un sin fin de culpas, que no son tuyas y te hacen mas vulnerable al bullyng que puedes sufrir en la escuela o con los vecinos..

En donde tu sabes, tu sientes y tu cerebro te dicta, que naciste con un cuerpo de hombre , pero sabes que eres mujer.

Donde tu familia aun queriendote te rechazan, lo que ellos llaman tu enfermedad.

Si esto es difícil para una persona gay, se pueden imaginar a una personita de 7 u 8 años, queriendo explicar , que aun teniendo pene eres una mujer o viceversa.

La familia en su ignorancia, lo primero que hace es rechazarte, muchas veces basándose en absurdas ideas religiosas, y cada que se quiere expresar esta personita, se le amenace, con la ira de dios y el infierno.

Siento asco, dolor que me dobla, por esas muertes de jovenes trans, sin sentido.

Siento rabia e impotencia, por no poder abrazar a cada una de estas personas a tiempo, para decirles, que la vida aunque dura, es digna de vivirse.

Me puedo caer de rodillas, razgar vestiduras, queriendome explicar porque, la fatalidad, de estas muertes sin razon.

Culpo primero a la familia, porque cuando les das una razon y apoyo, les das valores, con que se pueden enfrentar a la vida.

Me pregunto porque no tener empatia, alguna vez en tu vida, por una persona trans, y en lugar de criticar o agredir, tenemos que entender y respetar , cada estilo de vida.

La raíz que te hara fuerte, es la familia, no es cuestion de aceptarte o no.

Solo es cuestion de amarte, porque al final nada cambia, nada.

Sigues siendo su hija o hijo, o hermana o hermano.

Y lo peor cuando te dicen vamos a curarlo, pues sucede que nunca van a curar nada, porque no hay enfermedad.

Yo no decidi tener los ojos castaños, asi se nace.

Es lo mismo con tu sexualidad o tu identidad de genero, no se escoge.

Si tus creencias te dicen, que no tener brazos es malo, y de repente nace un niño asi, que puede pensar ese niño, nada porque el solo se complace con ser feliz, como te atreverias a juzgarlo.

La muerte prematura de estas bellas personas trans, son basicamente por ignorancia, por eso grito:

NO MAS MUERTES TRANS!

NO MAS IGNORANCIA!

NO MAS BULLYNG!

Nos queremos vivas, altivas orgullosas y enojadas,

Vivan las generaciones trans!

No puedes odiar el amor y somos seres de mucho amor .

Denisse Valverde Iturralde

@akeshua

26 de Octubre: Día internacional de la visibilización intersexual


intersex

A Laura Inter y Eva Alcántara, gracias por las enseñanzas.

Este 26 de octubre se conmemora el día internacional de la visibilización intersexual. Te preguntarás ¿qué hay que visibilizar? Sus historias llenas de dolor pues gran cantidad de personas intersex  desde su nacimiento son sometidas, de forma invasiva, a cirugías genitales que les generan graves daños físicos y psicoemocionales. Así como sus derechos ampliamente reconocidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los Principios de Yogyakarta como:

  • El derecho a la igualdad y a la no discriminación no sólo a través de la promulgación de leyes que les reconozcan explícitamente sino en la inclusión de programas y capacitación para eliminar las actitudes y prácticas prejuiciosas especialmente a las autoridades médicas y a los padres y madres de familia de las personas intersex;
  • el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica especialmente para que cada persona intersex reconozca la identidad de género con que mejor se identifique sin que se le impongan cirugías con fines de ajustarles a un prejuicio de cuerpo genéricamente normado de tal forma que los procesos de rectificación de identidad sexogenérica sean meros trámites administrativos que no representen costes burocráticos ni exigencias médicas más que la propia auto-adscripción de la persona intersex así como el apoyo social a partir de programas focalizados para quienes se encuentren en estos casos;
  • el derecho a la seguridad personal puesto que la historia de las personas inter están cargadas de rechazo, discriminación y acoso por lo que deben existir sanciones y procedimientos claros y eficientes para investigar y castigar a las personas responsables de acoso así como implementar campañas de sensibilización para combatir los prejuicios relacionados hacia las personas inter;
  • el derecho a la vida privada de las personas intersex de tal forma que sus cuerpos y sus historias dejen de ser vistas como meros expedientes clínicos que se pueden experimentar, compartir y difundir sin consentimiento ni respeto a la dignidad de la persona intersex por lo que siempre se le debe preguntar las condiciones, cuándo, quién y cómo revelar tanto su cuerpo ante otras personas como sus historias;
  • el derecho a toda persona a no ser sometida a torturas ni a penas  o tratos crueles, inhumanos y denigrantes entre las cuales la Corte Interamericana de Derechos Humanos considera las cirugías genitales realizadas a bebés intersex que se realizan más por prejuicio que por asegurar mejor funcionalidad del cuerpo humano ya que les generan consecuencia físicas y emocionales muy graves a lo largo de su vida;
  • el derecho a un nivel de vida adecuado porque el trato inhumano con el que son tratadas muchas personas intersex desde su nacimiento impide que puedan desarrollarse en igualdad de condiciones que el resto de las personas dado los daños físicos y emocionales a los que les sujetan desde temprana edad;
  • protección contra abusos médicos y prácticas médicas dañinas como los procedimientos quirúrgicos genitales y los tratamientos hormonales sin consentimiento y desde temprana edad y atemorizando con prejuicios de género a los padres y madres para facilitar la autorización de tal forma que se evite la alteración irreversible de un cuerpo inter para imponerle una identidad de género sin conocimiento libre, pleno e informado;
  • el derecho a la libertad de opinión y expresión para que la persona intersex elija libremente la expresión de su identidad, su apariencia, su comportamiento, sus características corporales, entre otras sin estereotipos de género así como la búsqueda e intercambio de información concernientes a sus derechos; el derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica para que puedan reunirse y defenderse sobre asuntos concernientes a sus derechos así como trabajar con las autoridades para erradicar prejuicios y estereotipos relacionados hacia las personas intersex; entre otros.

Te invito a leer más las acerca de las historias de las personas intersex y sus exigencias visitando, por ejemplo, el sitio Brújula Intersexual donde encontrarás información valiosa para comprender una parte importante de nuestra sociedad.

Rebeca Garza

Sobre el documental “Test de la vida real”


En el documental hay participaciones muy interesantes que hacen diferentes cuestionamientos como:
1. El entorno que determina como construye y te apropias de tu cuerpo. Ya que esto es importante tomarlo en cuenta para las personas trans* que aún recurren a los discursos de verdad de la medicina al momento de interpelarse así mismas. Comprender como el entorno influye en la manera en que concebimos y nos apropiamos de nuestro cuerpo nos permite entender las diferentes posturas con respecto a las diferentes identidades trans*.

2. También reflexionan que no todas las personas cisgénero tienen la oportunidad de cuestionarse cómo es que se han apropiado de su cuerpo. Por lo que ser trans* brinda el desafío que al mismo tiempo se puede volver un privilegio al hacer este cuestionamiento de explorar otras posibilidades que confronten un sistema normativo ya establecido pero que no está exento de la sanción social.

3. Una persona afirma: ” no soy hombre ni mujer… Seguramente soy una cosa”. Esta reflexión la relaciono con lo señalado en el número uno, es decir, las personas procuramos ajustarnos a la idea de un binario de genero porque hemos crecido dentro de una sociedad que se rige bajo estas normas.

4. También hay valiosas reflexiones sobre que no existe un solo proceso de construir tu identidad de género y tu expresión sexo genérica, tradicionalmente llamadas procesos de transición. Muchas personas trans hemos crecido asumiendo como legítimo el discurso de verdad médico que señala que la ruta para transicionar es primero contar con un diagnóstico médico que te interpele transexual, posteriormente desempeñar psicológica y socialmente de forma exitosa que no es otra cosa más que alinearse a los estereotipos de genero para que posteriormente se pueda ser una persona acreedora a las diversas tecnologías corporales como las terapias de reemplazo hormonal y las cirugías de reasignación genital así como las diferentes prerrogativas legales como el reconocimiento a la identidad de género.

5. Lo anterior fue una lección que a mí me tocó aprender en mi estancia en Tailandia mientras me recuperaba de una cirugía de resignación genital cuando tuve la oportunidad de conocer el caso de una adolescente de 16 años de Sudáfrica quien contaba con menos de seis meses de terapia de reemplazo hormonal y que acudía a una cirugía de reasignación genital acompañada de su madre. La imagen de esta adolescente aún contenía diferentes características relacionadas con lo masculino como vello facial, manzana de Adán así como ciertos comportamientos que asumimos como masculinos. Platicando con un activista de Francia que también se recuperaba de una cirugía, me preguntaba que no hubiera ” criterios ” para que el doctor aceptara pacientes. La respuesta de mi amiga fue un gran aprendizaje: me dijo que el proceso de una persona no necesariamente tiene que ser el de las otras. Que cada persona vive su propio proceso a su modo, a su ritmo y de la forma que mejor le acomoda y que no podemos juzgarlo. 

6. Y aquí comparto una frase que me pareció demoledora: ” la gente trans* obsesionada con sus cuerpos existe porque la sociedad está obsesionada con los cuerpos”. Esta frase es retomada más adelante por otra persona cuando señala que el cuerpo es un eje problemático transversal en toda la sociedad. Lo anterior me parece muy valioso para preguntarnos lo siguiente: “Como nos hemos apropiado de nuestro cuerpo? Alguna vez hemos reflexionado acerca de esto? Como hemos construido nuestro cuerpo, nuestra identidad, nuestro género, nuestros deseos, nuestra sexualidad, en relación con otras identidades que también poseemos producto de la socialización del entorno en el que hemos crecido como la religión (identidad católica por ejemplo), la clase social (que se espera de nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestras sexualidad a partir de la clase social en la que estamos insertxs), el grupo étnico en el que se ha crecido o se identifica una persona (formamos parte del grupo étnico que se ha vuelto parámetro de la belleza y lo deseable o no y como lo hemos introyectado en nuestra subjetividad), entre otras.

7. También existe una reflexión muy interesante sobre lo que Julia Serano les llama los “gatekeepers” que son personas o instituciones que sirven de guardianes para mantener el orden de las normas de género. En este caso, la regulación que existe en España con respecto a la testosterona que no existe en la misma medida con la progesterona o los estrógenos como si fuera una medida para asegurar el predominio de los hombres cisgénero.

8. También existen diversos cuestionamientos sobre “cómo se define una mujer “completa”? ” o ” Cómo se define un hombre “completo”?” Y que no es una pregunta ociosa a partir de lo problemático que resulta el cuerpo en toda la sociedad y que nos afecta todas las personas. En el caso de las personas trans* está relacionado con el discurso de verdad médicos y patologizantes así como las tecnologías corporales que buscan alinear los cuerpos hacia una idea de la diferencia sexual como orden natural de los cuerpos. Éste discurso de verdad médico busca alinear los caracteres sexuales primarios y secundarios a las ideas del género binario. Es un claro ejemplo de lo Butler dice que al género le precede el cuerpo y el sexo. Esta idea tiene consecuencias funestas tanto para las personas trans* como para las personas intersex. En el caso de las personas trans* ha impuesto en forma externa o condicionado nuestra subjetividades para que accedamos a la extirpación de órganos sanos, como los genitales, para lograr una aceptación social a partir de la alineación del cuerpo a las ideas del genero social y subjetivo. En el caso de las personas que lo hemos introyectado inconscientemente a partir de los discursos con las que hemos crecido también condiciona la forma en que construimos y vivimos nuestra sexualidad. Sin embargo, como se ha analizado en el caso de las personas intersex creo que la clave está en el ejercicio de la autonomía de cada persona dentro de un entorno en donde podamos cuestionar los discursos de verdad de las autoridades de un momento histórico dado, en este caso las médicas.

9. Como también cuentan en el documental, estos discursos de verdad y un sistema social genéricamente binario pueden llevar al surgimiento del leyes que perpetúan justamente el binarismo como sucede con la ley de identidad de género en España o como sucede con el test de Minnesota también llamado “test la vida real” que trata de validar la ” legitimidad” de la identidad de género de una persona trans* a partir de su apego a los estereotipos de género. 

10. El desapego de una persona hacia los estereotipos y las normas primarias de género no solamente le cierra puertas hacia ciertas prerrogativas sociales cómo acceder a terapia de reemplazo hormonal género sino que también desencadena diferentes formas de violencia de género puesto que la sola presencia confronta y altera el orden social preestablecido.

11. Por lo que una pregunta que una de las personas participantes se hace tiene gran importancia: que es tú identidad? Tu Identidad es rígida y monolítica? O tu identidad es fluida? La posibilidad de identidades fluidas acaso no da más libertad a las personas para explorar un abanico más amplio de posibilidades de ser, de expresarse, de desear, de amar?

12. Por lo tanto, es necesario que la categoría de sexo siga aún siendo un requisito indispensable para la documentación registral? Yo creo que no y quizás es momento de impulsar este debate.
Rebeca Garza

México, el país que odia a las mujeres.


transfobia

México se ha convertido en el país que odia a las mujeres. Actualmente estamos viviendo una terrible crisis humanitaria de personas asesinadas o desaparecidas, pero en el caso de las mujeres las cifras no sólo son escandalosas sino ignoradas donde cada año son asesinadas más de dos mil mujeres y más de siete mil mujeres desaparecidas en 4 años.

Sin embargo, dentro de estas tragedias existen otras que son aún más invisibilizadas: los asesinatos a las mujeres trans. En menos de una semana y media hemos recibido noticias de asesinatos de compañeras trans como Paola y Alessa en la Ciudad de México, como el caso de Itzel en Chiapas, como el caso de una mujer trans asesinada en el Estado de México; y hemos recibido la noticia de la desaparición de una chica trans de Chihuahua.

Si bien, a estos casos les han sucedido protestas y exigencias enérgicas hacia las autoridades por justicia y protección no ha habido siquiera pronunciamientos de las autoridades más que de CONAPRED, y esto es insuficiente.

Para quienes piensan que las personas trans –hombres y mujeres- no tenemos protección alguna hacia nuestros derechos humanos les invito revisar el informe “Violencias contra personas LGBTI” de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Con respecto a las violaciones de los derechos de las personas trans no sólo realiza recomendaciones para que los Estados incorporen de forma explícita el concepto de identidad de género dentro de sus protecciones legales sino que también solicita incorporar dentro de las penas el agravante por “crimen de odio” o “agravante cometido por prejuicio”, la obligación del funcionariado público por evitar a toda costa los discursos de odio porque además de menoscabar el derecho a la no discriminación afecta a la confianza que se le tienen a las instituciones de Estado, recomienda trabajar la educación de la diversidad sexual desde la infancia y la escuela, capacitar a las autoridades en los temas de la violencia derivadas de la diversidad sexual, desagregar en los indicadores de violencia información por identidad de género, orientación sexual y diversidad corporal, brindar facilidades para que las personas y asociaciones LGBTI accedan a espacios en medios de comunicación y generar debates más igualitarios dado el contexto de prejuicios y estereotipos, entre otras recomendaciones.

Para el caso de las mujeres trans, la Comisión también es clara en señalar que aunque no existan disposiciones específicas estamos protegidas bajo los instrumentos internacionales de derechos humanos como Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU (“CEDAW”, por sus siglas en inglés), la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y la Convención de Belém do Pará.

A partir de esta interpretación, a las mujeres trans también nos protege la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y sus correspondientes leyes estatales, por lo que la CONAVIM encargada de ejecutar esta ley, tiene la obligación de llegar las cifras de las violencias hacia mujeres tras e intersexuales y tomarlas en cuenta al momento de solicitar las Alertas de Género.

No lo ha hecho, porque aún persiste la idea de que las mujeres trans y, algunas mujeres intersex, no somos mujeres. Esta misma idea que niega nuestra identidad no sólo nos invisibiliza en las estadísticas y en las políticas públicas sobre la violencia, sino que detona la exclusión social que lleva la precariedad y está en la mente de cada uno de los asesinos por transfobia.

Rebeca Garza

Recomendaciones de la CIDH ante violaciones de derechos humanos de personas #trans


cidh

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) [1] se ha pronunciado a favor de la derogación de leyes ambiguas que buscan proteger la “moral pública” y que se interpretan a través de marcos normativos que terminan criminalizado -tanto por la forma en la que expresan su género como la forma en que manifiestan sus afectos o realizan sus prácticas sexuales- a las personas de la diversidad sexual, pero sobre todo a las personas trans* especialmente a las mujeres trans* trabajadoras sexuales –cuya edad promedio es de 22.7 años-  y más aún aquellas que son defensoras de derechos humanos que las vuelven presa del abuso policial, la extorsión y las detenciones arbitrarias regulando de forma extra-legal el acceso al espacio público o son asesinadas por personas individuales, sus clientes, grupos ilegales armados o pandillas; la CIDH también ha denunciado el prejuicio que prevalece en los sistemas de justicia del continente americano en donde los asesinatos de las personas LGBT no suelen ser considerados como crímenes de odio o por prejuicio[2], especialmente en el caso de las personas trans* las investigaciones son prejuiciadas y sesgadas por hipótesis que les relacionan con alguna actividad criminal por lo que la Comisión sugiere que ante el asesinato de una persona LGBT el Estado debe investigar si el delito fue cometido a partir de la orientación sexual o identidad de género, real o percibida, de la víctima; asimismo señala que gran parte de los asesinatos hacia las personas LGBT no son denunciados por familiares o amistades dado los altos niveles de prejuicio y hostilidad contra las orientaciones sexuales e identidades de género no normativas que atraviesan a las autoridades y a las personas que integran las comunidades[3] y cuando esto sucede la orientación sexual y/o la identidad de género de la víctima es invisibilizada especialmente cuando los crímenes y asesinatos hacia las personas trans son registrados a partir de su sexo asignado al nacer y no por su identidad de género en donde, por ejemplo, los casos de mujeres trans son identificados como “hombres gay” u “hombres vestidos con ropa de mujer” o cuando se registran los crímenes por orientación sexual junto con los relacionados a la identidad de género –sin especificarlos- bajo el término paraguas genérico de “LGBT” o “diversidad sexual” por lo que se estima que las estadísticas disponibles de crímenes hacia la población trans* solo reflejan un tercio de los delitos que se comenten en México; la CIDH destaca los altos niveles de crueldad y violencia con el que son cometidos los crímenes hacia la población LGBT (que son coincidentes con lo que señalan otros reportes específicos sobre crímenes a personas trans*) en donde se registran numerosos homicidios crueles de personas lapidadas, decapitadas, empaladas y quemadas siendo muchas repetidamente apuñaladas o golpeadas hasta la muerte con objetos contundentes como martillos, asfixiadas, arrojadas en ácido, atropelladas por carro o mutiladas pasando previa o posteriormente por múltiples formas de extrema humillación, degradación y violación; por su parte, la CIDH registra 282 asesinatos de mujeres trans* o personas trans* con expresión de género femenina entre enero de 2013 y marzo de 2014  frecuentemente asesinadas con armas de fuego siendo sus cuerpos encontrados en las calles u otros espacios públicos y, en el caso de las mujeres trans* incluyen golpes dirigidos a sus senos, perforaciones a los implantes mamarios, mutilación genital e incluso castración después de la muerte siendo muy recurrentes en situaciones relacionadas con el trabajo sexual[4] o tras saberse que se trataba de una mujer trans* siendo grave el registro de un incremento de asesinatos entre 2007 y 2012; en el caso de las violaciones por fuerzas de seguridad del Estado suceden en todas las etapas de la custodia policial desde la aprehensión y el transporte en vehículos policiales hasta en las instalaciones de las estaciones de policías y los centros de detención que derivan en torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes como las extorsiones, la demandas de favores sexuales, el uso excesivo de la fuerza, las palizas[5], el uso de las armas de fuego para herir o incapacitar a las víctimas y en el caso de las mujeres trans* la obligación de desnudarlas en público o sufrir actos de humillación como la malgenerización o la desgenerización siendo, en ocasiones, estas detenciones realizadas en los lugares donde socializan o en sus alrededores, generalmente espacios públicos y a la vista de varias personas sin que existan consecuencias para las personas agresoras; en el caso de las prisiones, la CIDH identifica que las mujeres trans* se encuentran en mayor riesgo de sufrir violencia sexual puesto que generalmente son encarceladas en prisiones para hombres, también identifica redes de prostitución donde las reclusas trans* son obligadas a prostituirse y, en donde se aplica la separación de pabellones para hombres gay y mujeres trans*, la CIDH ha identificado condiciones de vida inferiores y una mayor estigmatización limitando, en ocasiones, el acceso a programas o beneficios que se ofrece a la población carcelaria en general y que son importantes para la rehabilitación o la excarcelación temprana siendo la sugerencia recluirles en el entorno que les garantice la mayor seguridad; con respecto a la violencia sexual, la CIDH reconoce a la población LGBT como particularmente vulnerable dado que sus identidades de género y orientaciones sexuales diversas desafían las nociones tradicionales aceptadas con respecto al sexo, la sexualidad y el género siendo víctimas hombres gay y mujeres trans* de la introducción forzada de objetos en el ano y otro tipo de violencia sexual; también la CIDH ha identificado a las personas trans* junto a la población LGB víctima de ataques multitudinarios (o mob attacks) por transeúntes en lugares públicos mismos que, según algunas autoridades, son difíciles de investigar dado el involucramiento de muchas personas lo que dificulta la determinación de responsabilidades específicas incluidas la del agresión final que deviene en muerte; en el caso de las violencias relacionadas con la prestación de servicios de salud, la CIDH identifica negación de atención médica hacia la población trans* o no conforme con el género o formas de violencia relacionadas como la negación de tocarles o el uso de precauciones excesivas, la culpabilización por su estado de salud, el uso de un lenguaje grosero o abusivo o incluso abuso físico así como violencias en los intentos de “modificar” la orientación sexual o la identidad de género a partir de las llamadas “terapias reparativas” con el uso de cuestionados tratamientos psicoterapeúticos u hormonales –generalmente extremistas religiosos que se hacen pasar por profesionales de la salud- que generan daños a la salud mental y física asimismo la situación socioeconómica determina el acceso a los servicios médicos de calidad incluyendo las cirugías de afirmación sexual y otras modificaciones corporales relacionadas que conlleva a un gran número de muertes o trágica disminución de la calidad de mujeres trans* -que se pueden prevenir- y que son ocasionadas por procedimientos informarles y arriesgados como aumento de senos o glúteos mediante inyecciones de aceites de cocina, de bebé, de avión, entre otros, o procedimientos estéticos y/o quirúrgicos realizados por personal sin licencia médica ; la malgenerización, desgenerización y criminalización que sufren las personas trans* migrantes o en contexto de movilidad humana al carecer de documentos de identidad acordes a su identidad de género o por su expresión de género no normativa restringen el derecho a la libertad de movimiento, obstaculiza el acceso a lugares como denunciar las violaciones a los derechos humanos que han sufrido y coloca a las personas trans* en situación de vulnerabilidad a ser víctimas de redes de trata de personas, generalmente a partir de promesas de trabajo o de movilidad, les son confiscados sus documentos de identidad y les obligan a prostituirse;  finalmente, es importante destacar que las anteriores formas de violencia se vuelven especialmente graves para las personas trans* de grupos raciales minoritarios y que se encuentran inmersos en ciclos de exclusión y pobreza dado que muchas personas trans* son expulsadas de sus hogares desde una edad temprana lo que las lleva a un ciclo de empobrecimiento severo al carecer de acceso a servicios educativos, de salud, a oportunidades laborales, de vivienda y de programas de bienestar social por lo que desde la adolescencia terminan involucradas en el trabajo sexual o incluso viviendo en la calle ante el permanente acoso y la amenaza de ser detenidas en cualquier momento por lo que la CIDH identifica un fuerte vínculo entre la falta de vivienda, el trabajo sexual o el sexo por supervivencia y la violencia.

La Comisión señala que “la violencia contra las personas trans, particularmente las mujeres trans, es el resultado de la combinación de varios factores: exclusión, discriminación y violencia en el ámbito de la familia, de la educación y de la sociedad en general”; (…) “falta de reconocimiento a su identidad de género,  participación en ocupaciones que las ponen en mayor riesgo y alta criminalización”; por lo que sufren una gran variedad de ataques invisibilizados de forma cotidiana que van desde empujones, hasta palizas, lanzamiento de botellas, piedras y otros objetos contundentes en donde se identifica que las violencias que sufren los hombres trans ocurren más frecuentemente en la esfera privada siendo las más comunes la violencia en la familia y en el ámbito de salud así como el bullying y el manoteo escolar y, sin embargo, estas formas de violencia son invisibilizadas tanto en el espacio en que ocurren como dentro de la comunidad LGBT.[6]

Por lo tanto, la CIDH[7] ha reiterado la obligación estatal de respetar, garantizar y promover los derechos humanos y que su funcionariado público ejerza su libertad de expresión sin ignorar los derechos humanos que afirmen o utilicen estereotipos negativos o discriminatorios o perpetúen expresiones estigmatizantes e intolerantes por lo que tienen la obligación no sólo de abstenerse a difundir mensajes de odio sino que tienen la obligación de participar en la construcción de un clima de tolerancia y respeto y rechazar de manera clara y oficial los discursos de odio pues como señala el Relator Especial para la libertad de expresión de la ONU “menoscaban no sólo el derecho de no discriminación de los grupos afectados, sino también la confianza que tales grupos depositan en las instituciones del Estado y, con ello, la calidad y el nivel de participación en la democracia” por lo que la congruencia democrática tendrá que traducirse en medidas disciplinarias adecuadas.

Si bien, las medidas disciplinarias permitiría atacar la base social y contextual que genera discursos de odio[8], la CIDH[9] propone los siguientes mecanismos preventivos para promover un clima de diversidad, pluralismo y tolerancia en las sociedades: educación para promover la comprensión de la diversidad sexual y promover la erradicación de estereotipos negativos y la discriminación contra la población LGBTI incluyendo programas educativos e informativos desde la infancia y el espacio escolar; la capacitación a todas las personas que participan en el cumplimiento de la ley y la impartición de la justicia y en las instituciones de salud con respecto a la prohibición de los discursos de odio y la incitación de la violencia y la urgencia en capacitar a desagregar los datos relacionados con la violencia en general y hacia las mujeres por identidad de género, orientación sexual y por diversidad corporal (por las personas intersex); la promoción de políticas públicas que permitan la incorporación de las personas y comunidades LGBTI a los medios masivos de comunicación para corregir la “censura indirecta, la indefensión y la alineación” para que tengan la capacidad de responder ante las sistemáticas expresiones de odio, el fortalecimiento de los medios masivos públicos para atender las necesidades de información y expresión de las personas LGBTI así como promover sobre sus asuntos, la asignación de espectros radioeléctricos para medios comunitarios operados por población LGBTI junto con el establecimiento de apoyo para que obtengan licencias de radio y financiamiento a los medios que necesidades de información y de expresión de la población LGBTI para generar igualdad de oportunidades en el ejercicio de la libertad de expresión.

Adicionalmente, la CIDH ha sido muy clara en señalar que a partir de los diferentes instrumentos internacionales de derechos humanos que incluyen la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU (“CEDAW”, por sus siglas en inglés), la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y la Convención de Belém do Pará, los Estados deben considerar las “diversas necesidades de los diferentes grupos de mujeres incluyendo elementos como la edad, la raza, la etnia, la discapacidad, la orientación sexual, la identidad de género, la posición socioeconómica, entre otros factores”. Por lo tanto, el Estado Mexicano tiene la obligación de “prevenir, sancionar, y erradicar todas las formas de violencia incluyendo las mujeres lesbianas, bisexuales, trans e intersex”. Esto incluye el derecho de toda mujer a ser valorada y la obligación del Estado Mexicano para contrarrestar los prejuicios, costumbres y prácticas perjudiciales, incluyendo las referencias a todas estas diversas mujeres en el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) y el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (25 de noviembre) que históricamente han sido conceptualizados en clave cisgénero y heterosexual.[10]

Lo anterior tiene un impacto directo en la interpretación de leyes mexicanas -que aunque no  señalan explícitamente a las mujeres lesbianas, bisexuales, trans e intersex- a la luz las recomendaciones de la CIDH deben estar abiertas a la protección de los derechos de las mujeres trans* como la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y sus correspondientes leyes estatales; las recientes reformas relativas a la paridad electoral y contenidas en la constitución mexicana y la Ley General de Procedimientos e Instituciones Electorales (LEGIPE) y sus correspondientes estatales así como la Ley General de Partidos Políticos;  las leyes, reglamentos y lineamientos que obliga a los partidos políticos a dedicar el 3% de su gasto ordinario para la capacitación, promoción y desarrollo de liderazgos políticos de las mujeres e incluso los criterios relativos a la violencia política; así como la inclusión dentro de las mujeres trans* en los programas públicos diseñados en beneficio de la población femenina y que históricamente han sido dirigidos hacia las mujeres cisgénero por parte de instituciones como los Institutos de las Mujeres tanto federal como estatales, las instituciones de salud o las que trabajan para atender las diferentes formas de violencia como los albergues y las procuradurías.

De la misma forma, la CIDH considera que la violencia que sufran las personas trans* al estar bajo custodia estatal pueden constituir tortura en virtud de la Convención Americana y la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura a partir de dos argumentos: “que la violación sexual y la tortura tienen el objeto de intimidar, degradar, humillar, castigar y controlar a la víctima”; y, a partir del desequilibrio de poder entre los agentes del Estado y las personas trans*, especialmente las mujeres trans*, cuando son víctimas de violencia.[11]

Si bien, las recomendaciones de la CIDH permite ampliar las interpretaciones del marco jurídico internacional y nacional a favor de los derechos de las personas trans* y de las mujeres lesbianas, bisexuales, trans* e intersex considerando también la existencia de los términos “sexo” y “género” que existen en las disposiciones legales también urge que el Estado Mexicano incluya de manera específica en la legislación, en las políticas públicas y en todos los esfuerzos gubernamentales medidas para generar condiciones con el objeto que todas las mujeres puedan vivir libres de cualquier forma de discriminación y violencia, especialmente la incorporación explícita del concepto de identidad de género en las protecciones legales a fin de rectificar el nombre y sexo en los certificados de nacimientos y documentos de identidad a partir de procedimientos expeditos y sencillos sin el requerimiento de evaluaciones o certificados médicos, psicológicos o psiquiátricos que brindaría mayor seguridad jurídica y visibilidad así como la incorporación del concepto de “crímenes de odio”  o “agravantes cometidos por prejuicio”, que si bien, han sido criticados por ser medidas con efectos aparentemente débiles, sí tienen un fuerte impacto simbólico para reconocer la existencia de este tipo de violencias al enviar un mensaje claro a la sociedad acerca del interés del Estado prevenir y erradicar estos crímenes. [12]

Por lo tanto, el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas que eduquen sobre los derechos humanos con una perspectiva de género y diversidad sexual y corporal a partir de los principios de igualdad y no discriminación deben estar presentes en todos los espacios en los que opera el Estado incluido el espacio político-electoral, no sólo el educativo.[13]

Por Rebeca Garza

[1] Comisión Interamericana de Derechos Humanos. «Violencia contra personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersex en América.» http://www.oas.org/. 12 de noviembre de 2015. http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/violenciaPersonaslgBti.pdf (último acceso: 9 de octubre de 2016). Pp. 13-14-16-19-49-50-71-73-77-81-82-86-92-93-100-104-110-113-114-123-125-133-134-136-171-173-175-197-216-217-218

[2] La CIDH propone que el concepto de “crímenes de odio”  son mejor comprendidos bajo la idea de “violencia por prejuicio contra percepción de sexualidades  e identidades no normativas” en tanto no son hechos individuales o aislados sino que tienen un origen social  y contextual. Ibídem: 50.

[3] Es a partir de estos prejuicios y hostilidades, que las personas trans* experimentan una pérdida de los lazos con la familia inmediata u otros familiares por lo que en caso de crímenes o asesinatos la tarea de reclamar tanto la justicia como el cuerpo de la víctima recae en lo que la CIDH llama la “familia social” de la persona trans*  que generalmente son otras personas trans* y, ante la ausencia de vínculos de filiación sanguíneos y legales, esto detona una revictimización y otros actos de discriminación al ser éstas personas excluidas de derecho a la justicia y a la reparación del daño. Ibídem: 283.

[4] La CIDH refiere que el 90% de las mujeres trans* en América ejerce el trabajo sexual como único medio de subsistencia, en el que muchas se han involucrado desde la adolescencia. Ibídem: 173

[5] En ocasiones en los golpes son dirigidos en lugares donde las mujeres trans* se realizan cirugías, como en los implantes mamarios, como un clara forma de violencia que busca desgenerizar a las mujer trans*. Ibídem: 105.

[6] Ibídem: 16, 83, 170

[7] Ibidem: 152-154

[8] La CIDH diferencia los discursos de odio de una opinión por demás injusta y perturbadora a partir de “pruebas verdaderas, objetivas y contundentes de que la persona tiene la clara intención de promover la violencia ilegal o cualquier otra acción similar contra las personas LGBTI así como la capacidad de lograr ese objetivo y constituir un verdadero riesgo de daños contra las personas que pertenecen a esos grupos.” Ibídem: 159.

[9] Ibídem: 155 -156

[10] Ibidem: 166-173

[11] Ibídem: 167

[12] Ibídem: 239-240

[13] Ibidem: 246

22 de Octubre: día internacional de Acción por la Despatologización Trans*


 

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El 22 de Octubre se realizará  el Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans* pero ¿por qué se realiza y en qué consiste?

A lo largo de la historia de la humanidad han existido personas que no se ajustan al binario de género de cada época así como sociedades con sistemas sexo/género que permiten geografías identitarias más allá de la dicotomía masculina-femenina como, las identidades muxes en Oaxaca. También, durante la segunda mitad del Siglo XX se desarrollaron diferentes tecnologías corporales quirúrgicas y hormonales para atender a, las entonces llamadas,  personas transexuales y que jugaron un papel importante en la construcción de estas identidades. Sin embargo, es hasta una época mucho más reciente, a partir de 1980, cuando se empieza a generar un consenso de la transexualidad como un trastorno mental por diferentes asociaciones médicas psiquiátricas por lo que se empezaron a incorporar criterios dentro de los manuales para diagnosticar enfermedades y trastornos mentales dirigidos a identificar a niñas, niños, adolescentes y personas adultas trans*. A este último proceso se le ha identificado como la patologización de lo trans*.

Esta patologización tiene efectos muy perniciosos: contribuye a la estigmatización social hacia las personas trans*, construye y legitima que ciertas personas se erijan como autoridad para definirnos –generalmente personas psicólogas, psicoterapeutas y psiquiátras- así como determinar quién puede beneficiarse de ciertos tratamientos médicos o prerrogativas  como el reconocimiento a la identidad legal de género al mismo tiempo que justifica tratamientos o terapias no consensuadas por lo que restringe la capacidad de autodeterminación de las personas trans* y limita el ejercicio del derecho a la salud.

La patologización de lo trans* alimenta los tentáculos de la transfobia y el cissexismo al perpetuar ideas donde se considera a la identidad trans* como inferior, artificial, falsa o enferma con respecto a la identidad cisgénero que se asume superior, natural, verdadera o saludable.

A partir de este nuevo milenio han surgido diferentes acciones y redes internacionales para exigir la despatologización trans, es decir, retirar de los manuales para diagnosticar  enfermedades mentales en niñas, niños, adolescentes y personas adultas la clasificación de las personas trans* como mentalmente trastornadas y proponer su derecho a la salud y a la atención sanitaria desde una perspectiva basada en derechos humanos tanto en los protocolos médicos como en las leyes.

Te invito a sumarte. Te invito a visitar los sitios de Global Action for Trans Equality así como el sitio Stop Trans Pathologization. Comparte en tus redes sociales la información que se publicará en esos sitios o las que recibas de tus contactos. Lee los diferentes pronunciamientos que serán emitidos y compártelos. Si habrá actividades en tu lugar de residencia, participa. Establece alianzas con las personas trans* de tu comunidad ya sea de forma física o virtual. Comparte una foto que diga que estás a favor de la despatologización trans*. En definitiva, te invito a sumarte por una sociedad más diversa y respetuosa de su pluralidad.

Rebeca Garza

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Sobre los dilemas contemporáneos de la identidad referidos al sexo y el género en la infancia.


Como lo señala Alcántara (2012), los discursos acerca de la verdad del sexo que surgieron hace 50 años de los trabajos de Stoller y Money siguen influyendo en gran parte de la praxis médica con la que se aborda la asignación sexual para las personas intersex como la reasignación sexual para las personas trans* e intersex.

Esta praxis médica considera que la “definición” de genitales externos acordes a las ideas de lo masculino o lo femenino, que se complementan al mismo tiempo que son opuestos, no sólo rechazan cualquier morfología que pudiera ser interpretada como ambigua sino que también considera que la ausencia de este dimorfismo genital derivará en la presencia de problemáticas con respecto al proceso futuro de constitución identitaria y sexual de la persona.

Alcántara (2012) señala claramente como el proceso de declarar el sexo ubica a la persona que nace dentro de un orden socialmente pre-establecido (en clave binaria de género) a partir del mito de la heterosexualidad que deviene en la promesa de la procreación. Este mito de la heterosexalidad es reiteradamente develado en las diferentes historias de dolor que Laura Inter comparte en el Blog Brújula Intersexual. Es el mito de la heterosexualidad y la promesa de la procreación el anzuelo que usa el discurso médico para manipular las ansias de “normalidad” con la que las madres y los padres esperan a su hijo o hija en donde se repiten los argumentos relacionados a justificar operaciones a bebés intersex con días o semanas de haber nacido bajo el argumento de que “asegurar que tengan relaciones placenteras con sus parejas” o “no ser rechazadas o rechazados por tener genitales ‘anormalmente’ grandes o pequeños”.

Ese discurso médico que interpela como “anormal” el cuerpo de un bebé intersex lo que le ubica subjetivamente en el espectro opuesto a la belleza y, por lo tanto, a lo deseable. Un cuerpo “hermafrodita” no será deseable ante la mirada heterosexual ni mucho menos podrá cumplir la máxima promesa que da significado a las historias humanas dentro de este sistema sexo/género: la capacidad de procrear.

¿Qué padre o madre querrá negarle a su hijo o hija dichas promesas? Y es esa  falsa promesa que por 50 años ha repetido reiteradamente la ciencia médica para convencer a madres y padres de hijxs intersex apesumbradxs a pasar por un protocolo de cirugías invasivas -cuyo éxito no se ha demostrado- por no poder concluir con un acto que se enseña natural e importante en el nacimiento de un ser vivo: la asignación de un sexo para poder asignar también el nombre.

Apenas hace 20 años que las propias personas intersex empezaron a cuestionar y confrontar los protocolos médicos que han originado incontables cirugías de reasignación genital a bebés intersex y que les han significado padecer diversos tipos de tortura médica desde la invasión a su privacidad desde la infancia, la anulación de su capacidad de autodeterminación al no decidir las intervenciones quirúrgicas que sus cuerpos han recibido, las reiteradas infecciones y secuelas físicas productos de múltiples cirugías desde la infancia que a la postre dañaron la capacidad sensorial de los genitales, la implantación desde la infancia que su cuerpo no es bello, no es normal o no es deseable con los consecuentes conflictos psicoemocionales, entre otros.

Si bien, existen logros importantes como el reconocimiento como tortura a la práctica médica invasiva hacia los cuerpos intersex por parte de organismos internacionales de derechos humanos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aún el discurso hegemónico dominante es aquél que busca ajustar a  los cuerpos sexuados a una norma binaria.

Si bien  existen avances, en pocos países (como Argentina) o lugares (como la Ciudad de México) que regulan el derecho a la identidad de género el discurso a favor de los derechos trans* no ha hecho eco de las demandas de las personas intersex ni ha hecho alianza con los grupos locales o nacionales para generar una mayor masa crítica que permita que las niñez trans* e intersex encuentren vidas habitables sin la injerencia social hacia la genitalidad que deban o no deban poseer ciertas identidades sexo-genéricas.

Especialmente en el movimiento trans* mexicano me parece que es más frecuente encontrar discursos que amplían la subjetividad con la que se construyen las identidades femeninas y masculinas de tal forma que cada vez es más frecuente encontrar juventudes trans* que se interpelan a sí mismxs como hombres con vagina (como Marck Pappas) o mujeres con penes lesbianas (como Ophelia Pastrana que aunque es colombiana, radica en México y tiene una fuerte influencia en las personas milennials trans*) que puedan ampliar las historias de referencias para ampliar la geografía social donde encontrar espacio.

Creo que, especialmente, esta parte del reciente discurso trans* puede encontrar coincidencias con el movimiento intersex en cuanto a la revindicación que la belleza habita en lxs otrxs cuerpos que no se ajustan a un estereotipo de masculinidad o feminidad.

Uno de los dilemas que identifico es la aún fuerte presencia de un discurso identitario transexual originado del discurso medicalizante y que esencializa la identidad trans* ya sea a nivel hormonal, getérico o cerebral. Este discurso tiende a legitimar las tecnologías corporales que alinean  los cuerpos al dimorfismo sexual perpetuando las fronteras que dan consistencia a las, desde mi punto de vista caducas, identidades transexuales, transgénero y travesti.

Creo que este tipo discurso permea en gran parte del colectivo LGBT que impide apropiarse de la “I”, de la agenda y demandas políticas intersex, al reducir la experiencia intersex a una relación médico-paciente. Por ejemplo, existen aún personas trans* que se ofenden cuando se denuncian las cirugías de reasignación genital a bebés intersex como mutilantes porque asumen erróneamente que dicho adjetivo procedería para las cirugías de reasignación que se realizan para las personas trans* omitiendo reflexionar que aunque parezca el mismo procedimiento quirúrgico siguen siendo dos procedimientos diferentes por un factor importante: la capacidad de autodeterminación de la persona.

Mientras a la personas trans* (y el resto del colectivo LGB) no nos quede claro que las cirugías de reasignación genital hacia bebés, infantes o adolescentes intersex son invasivas en tanto que generalmente no participan de las decisiones, son engañadas y engañados a que serán sometidos a otros tipos de cirugía (como quitar una hernia) cuando en realidad serán intervenidos genitalmente, y además se les obliga a mentir y callar sobre dichas cirugías difícilmente entenderemos que dichos actos son agresiones, son mutilaciones y que atentan gravemente contra su dignidad.

Considero que el colectivo intersex aún puede ser un importante aliado para el grupo LGBTTT más aún hoy en día cuando en diferentes países de Hispanoamérica surgen voces que luchan por algo que llaman la “familia natural”. Los grupos conservadores que buscan legitimar sus exigencias en un supuesto orden natural ha encontrado un distractor falso  llamado “ideología de género” para rechazar los avances legales a favor de los derechos de las personas gays, lesbianas y trans*. La fuerza que pueda tomar este discurso que perpetúa el mito heterosexual y la promesa de la procreación en tanto se filtre en las autoridades políticas y médicas será pernicioso no solo para detener avances ya logrados a favor del matrimonio igualitario o la identidad de género sino para detener las cirugías a bebxs intersex y solicitar que se asigne un sexo con la posibilidad que la persona intersex lo reafirme o decida adoptar otro posteriormente.

Al respecto, sobre la propuesta de un tercer espacio en donde puedan encontrar geografías identitarias tanto las personas intersex o las personas trans* creo que la idea puede ser valiosa para desmontar el orden social con que se configura el binario de género siempre y cuando sea una auto-adscripción en el libre ejercicio de la capacidad de autodeterminación de la persona, y no la asignación externa de una autoridad médica o legal porque es ahí donde surgiría principalmente el contexto de discriminación y violencia. Es decir, en la medida que sea una auto-adscripción ese tercer espacio en el orden social también tendría una fuerte carga política para ampliar el abanico de vida habitables.

 

 

Alcántara, Eva (2012). Identidad sexual / rol de género. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.