Bio/ontologias del siglo XXI: Feminismos, Intervenciones y Resistencias. | @SiobhanFGM y @F Mc Manus y Leah Muñoz @DanMunozDan – Academia.edu


Bio/ontologias del siglo XXI: Feminismos, Intervenciones y Resistencias. | Siobhan F Mc Manus y Leah Muñoz – Academia.edu
— Leer en www.academia.edu/38176955/Bio_ontologias_del_siglo_XXI_Feminismos_Intervenciones_y_Resistencias

Conversatorio sobre “Participación política-electoral de las diversidades sexuales y de género en el proceso electoral de 2018”.


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¿Qué es el feminismo TERF, el feminismo transfóbico? de @DanmunozDan


Comparto artículo de Leah Dan Muñoz, compañera trans mexicana sobre el feminismo trans excluyente o TERF. La fuente original está aquí.

Este feminismo se caracteriza por rechazar a las personas trans y por buscar la exclusión de mujeres trans de espacios feministas y, en otros momentos de la historia, dichas feministas han demandado a los gobiernos, como en Estados Unidos, que se retire la atención médica y legal a las personas trans.

En este texto me centraré en los argumentos que el feminismo terf ha vertido para negar la experiencia como mujeres de las mujeres trans. Será motivo de otro texto hablar sobre los hombres trans y las transmasculinidades, ya que en el feminismo terf también ha elaborado argumentos en donde se les señala como “traidoras” (así, en femenino, malgenerizando) y se les niega el reconocimiento de ser cuerpos que pueden gestar y por ende participar de forma activa en la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Sobre los orígenes del feminismo TERF, Sandy Stone cuenta en una entrevista publicada en “TransAdvocate” que en los setentas en Estados Unidos el feminismo separatista era trans incluyente. Ella misma participaba de un colectivo musical feminista radical lesbiano separatista en California llamado “Olivia Records”, el cual era considerado un motor en el movimiento de música de mujeres en la década de 1970.7

En este contexto, cuenta Stone, es que cartas de odio comenzaron a llegar a las integrantes de “Olivia Records”. Eran cartas que mandaba Janice Raymond, una feminista radical fundadora del feminismo trans excluyente, en donde criticaba la música que producía Olivia Records diciendo que la ingeniera de sonido, Sandy Stone, generaba mezclas “masculinas”.

Dicha afirmación, que presupone un esencialismo musical al señalar que existían mezclas musicales “masculinas” y “femeninas” producidas por hombres y por mujeres respectivamente, contenía el odio contra la figura de Sandy Stone, una mujer abiertamente transexual lesbiana, a quien se le decía que por ser transexual producía mezclas “masculinas”.

Lo que sucedió después fue el sistemático hostigamiento, acoso y amenazas de muerteen contra de Sandy Stone, hasta el grado de que un día las terfs se presentaron en uno de los conciertos de “Olivia Records” con armas. Dado el nivel de acoso, finalmente Sandy Stone dejó el colectivo y la música para dedicarse a la academia.

Desde entonces el feminismo TERF se fue expandiendo tanto en ideas como en integrantes y geografía hasta llegar a nuestros días en donde las posturas terf son defendidas por feministas mexicanas.

Janice Raymond, por su parte, se volvió la principal figura teórica del feminismo terf. En 1979 publicó el libro “El Imperio Transexual: la construcción del maricón con tetas” en donde ella argumenta que la transexualidad es una creación malvada del imperio falocrático que hace uso de la tecnología para entrar en los espacios de mujeres y ostentar el poder que ellas ahí tienen. Además, acusa a las mujeres transexuales de llevar a cabo una violación masculina al cuerpo de las mujeres al reducir sus formas a un “mero artificio”. Para Raymond esto quiere decir que las mujeres transexuales son consecuencia de la mirada masculina sobre lo que son las mujeres.

A partir de su publicación distintos planteamientos se han ido elaborando sobre las personas trans, todos ellos con distintas implicaciones políticas, pero si algo tendrían en común estos planteamientos es la construcción de una imagen de “mujer verdadera” que se toma como el estandarte para decir que las mujeres trans no son esas “verdaderas mujeres”.

Uno de tales planteamientos, bastante común entre varias feministas, es la afirmación de que las mujeres trans no serían “verdaderas mujeres” porque se les crió y se les socializó como hombres en la infancia, y en muchos casos muchas tuvieron adolescencias e incluso vidas adultas como hombres en donde crecieron con los privilegios socialmente asignados a los hombres.

En este argumento opera un esencialismo genético (de génesis, no de la disciplina biológica) sobre el género ya que para estas feministas toda experiencia como mujer es válida y tomada en cuenta en la medida en que desde pequeña se ha sido socializada como mujer, y por ende se ha sido mujer toda la vida. ¿Pero qué tipo de mujer? Una mujer, dicen ellas, que no ha tenido los privilegios masculinos.

Lo anterior no solamente deja de lado las experiencias de mujeres trans que transitaron desde muy pequeñas y que prácticamente toda la vida han sido socializadas como mujeres, sino que también deja de lado las experiencias de mujeres trans que al haber transitado después de la adolescencia o en edades adultas el mundo las socializa como mujeres y dicha socialización se da sin importar si antes tuvieron privilegios masculinos, ya que todos los privilegios son contextuales y en distintos momentos de la vida podrían ya no estar, como cuando se transita de un género a otro.

Por otro lado, el haber tenido privilegios masculinos tampoco significa que aquellas mujeres trans que gozaron de tales privilegios tengan una esencia masculina o malvada, como parece apuntar el argumento terf.

Más bien si todo privilegio es masculino no es porque en sí mismo tenga una esencia que lo haga un asunto exclusivamente de hombres, significa más bien que el acceso a dicha experiencia que se considera deseable está condicionada por el género.

Tomemos un ejemplo: viajar en solitario sin preocuparse. Hoy en día podríamos decir que el salir a la calle sin preocuparse es un privilegio masculino no porque consideremos que la preocupación intrínsecamente es un asunto de mujeres y no de hombres, sino más bien porque el poder viajar sin preocuparse es una experiencia condicionada por el género que se es, ya que dicha preocupación estaría generada por vivir en una sociedad patriarcal que sistemáticamente violenta a las mujeres.

No se trata pues de decir que las mujeres no queremos vivir esas experiencias que ahora son privilegio de hombres porque son los hombres en este momento de la historia quienes las disfrutan, sino más bien de luchar porque todas y todos tengamos acceso a viajar en solitario sin preocuparnos y a salir a la calle sin miedo. En resumidas cuentas a que el género no se vuelva la condicionante para el acceso a tales experiencias.

Es por lo anterior que el argumento terf no sólo genera esencialismos sobre lo que son las vidas de mujeres cis y mujeres trans, sino que también las coloca en una posición en donde se abandona la tarea política de construir una sociedad en donde ellas también puedan disfrutar de aquello que hoy es un privilegio masculino.

Otro argumento que se ha generado desde el feminismo terf para rechazar a las personas trans es la idea de que la identidad de género es un invento y propaganda de la “Ideología de Género” ya que el género no puede ser un derecho individual sino que es un sistema opresivo sobre la realidad biológica que es el sexo.

Asimismo consideran que las mujeres trans son biológicamente machos que no cambian en lo fundamental en su realidad biológica, y señalan que el ser mujer no es un sentimiento o algo a lo que se acceda a voluntad, por lo que las mujeres trans son parte de la clase opresora masculina.

Vale la pena recordar aquí que en la década de los sesentas la medicina señaló que el sexo era el conjunto de características que incluían el sexo cromosómico, el sexo hormonal, el sexo genital, las características sexuales secundarias y el sexo psicológico. Más tarde la categoría de sexo psicológico sería cambiada por la de identidad de género.

Sin embargo es importante señalar aquí que si el sexo psicológico, definido como el sentido de pertenencia que cada persona tenía a un sexo en particular, se consideró como un nivel de los componentes del sexo fue porque en las primeras décadas del siglo XX la llegada a los consultorios de personas intersexuales y de personas que más tarde se les calificó como transexuales generó que los médicos constataran la existencia de una dimensión sexual al nivel de lo psíquico que se presentaba como irreductible a cualquier otro nivel de las características que comprendían el sexo.

Ya décadas atrás los trabajos en fisiología animal habían dado cuenta de la existencia de características sexuales que podían modificarse. A partir de estos trabajos los médicos señalaron que el sexo de un cuerpo no es fijo ni inmutable sino que se puede modificar a distintos niveles, como el sexo hormonal mediante una terapia hormonal, el sexo genital mediante la tecnología quirúrgica y las características sexuales secundarias como consecuencia de las anteriores.

Así pues los argumentos terf que dicen que una mujer trans es biológicamente un macho dejan de lado no sólo lo problemática que es pensar la biología humana en términos dicotómicos sino también el conocimiento actual sobre la biología del sexo y el hecho de que la maleabilidad de nuestra propia biología hace del sexo algo que pueda ser modificado y alterado ya sea para cambiar de género o para acentuar características sexuales generizadas, como mucha gente lo hace, yendo al gimnasio, tomando hormonas o realizando cirugías estéticas.

No se trata de buscar en un determinado tipo de biología, ya sea modificada o no, una legitimidad sobre la cual las mujeres trans se construyan como mujeres. Más bien una mujer trans se construye como mujer desde distintos caminos y mediante diversas tecnologías y prácticas de modificación corporal. Muestra de esto es que existen muchas experiencias de mujeres trans que sin hacer uso de las hormonas o las cirugías tienen una vida como cualquier otra mujer trans que ha usado hormonas o que una mujer cis.

En relación a la concepción que el feminismo terf tiene de la identidad de género, considero que ésta no fue un invento a capricho de la medicina, como defiende la postura terf, sino que fue un descubrimiento empírico por parte de los médicos que en determinado momento se encontraron con una dimensión sexual distinta al nivel del deseo que no se explicaba por algún arreglo específico de las características sexuales.

La declaración de que el género es un sistema opresivo y no un sentimiento o deseo es una concepción bastante simplista sobre lo que es el sistema de género y sobre las maneras en que opera el mismo. Claramente el género así como funciona hoy en día, de forma jerárquica y binarista, es opresivo para muchas subjetividades.

La filósofa feminista Charlote Witt ha señalado que el género tiene una fuerza estructuradora en la vida de los sujetos que se vuelve esencial para lo que es el humano. Esto abre fuertes preguntas para quienes plantean que el género simplemente debe ser abolido. Otra cosa distinta podría ser el plantearnos el abolir el sistema de género binario jerárquico como lo conocemos hoy en día, lo cual para nada significa eliminar eso llamado género.

En fin, sea como sea que eso se plantee y en lo que eso se traduzca en un futuro, si las feministas han dicho que existe un sistema de sexo/género es porque existen mecanismos que funcionan como productores y reproductores de distintos sujetos en relación a la diferencia sexual.

Estos mecanismos que producen y reproducen sujetos generizados operan a muy distintos niveles de la vida humana, dentro de ellos nuestra psique y nuestro deseo. Es por ello que para ser mujer no baste con que la sociedad le diga a un sujeto que lo es, sino que ese sujeto desee ser y convertirse en una mujer.

Para ser lo que la sociedad cisgenerista quería que fuéramos no bastó con que se nos dijera que éramos hombres si dicho deseo nunca estuvo o dejó de estar.

Sin embargo para las ideas terf las mujeres no son deseo encarnado sino son meras víctimas que adquieren su condición de mujer por su “realidad biológica”. No las conciben como sujetas que, por sobre la asignación que la sociedad les hizo, deciden reafirmarse como mujeres por el deseo de ser mujeres y en ese deseo-de-ser poder transformar sus condiciones de vida en esta sociedad patriarcal.

Como diría Sandy Stone sobre el libro de Janice Raymond en los setentas “El mundo realmente necesita un libro sobre este tema, pero este material no es ese libro”, así hoy el mundo realmente necesita una buena teoría sobre el sexo, el género y la revolución sexual y social, pero el feminismo terf no es esa teoría.

Leah Muñoz
@DanmunozDan

“Sobre el discurso antitrans. (Todavía no me creo que tenga que escribir este artículo)” de @BeatrizGimeno1


Comparto este artículo de Beatriz Gimeno, feminista española y diputada. Me parece necesario e imprescindible para todos los movimientos feministas. El artículo original se puede consultar aquí. PD. Recuerden donar a ese sitio.

El discurso antitrans que crece a nuestro alrededor, y que se extiende por las redes, revela muchas coincidencias con la manera en que se construyen los discursos racistas o xenófobos. Muchas de las mujeres que lo comparten, y que se dicen feministas, constantemente aseguran que no son transfóbicas, de la misma manera que en Vox dicen que no son racistas, que solo tratan de impedir que los inmigrantes quiten derechos a los españoles. ¿Es o no un discurso tránsfobo? Analizo aquí los argumentos del discurso antitrans.

1. Todo él se levanta sobre la deshumanización y cosificación de las personas trans. Se habla de ellas como si no estuvieran delante, como si no tuvieran voz, como si se las pudiera tratar como un objeto de estudio. No se las escucha. Se habla desde la ignorancia, como si estas personas no llevaran décadas escribiendo o hablando. Se las expulsa de los espacios sin escucharlas, sin tener intención de establecer ningún diálogo: son culpables por ser, lo que digan no importa. La mayoría de quienes dicen no tener prejuicios no conocen personalmente a una sola persona trans ni se han permitido establecer ningún vínculo emocional con ella. Estos discursos defienden una identidad femenina construida sobre una dialéctica de los otros/as, definidas estas en términos de diferencia negativa que inevitablemente se llena de connotaciones esencialistas y letales para las personas a las que se les aplica la marca de “otras” y a quienes se somete a la condición de cuerpos descartables o, menos humanos.

2. Los supuestos peligros para las mujeres que supone el reconocimiento de los derechos trans no se basan en argumentos sino en fake news, en noticias claramente falsas provenientes de medios conocidos por ser distribuidores mundiales de bulos. Sorprende la facilidad con que dichos bulos son creídos, incluso por mujeres informadas, lo que da idea de lo fácil que es creer cualquier cosa que ayude a confirmar los propios prejuicios. Cuando el bulo se desmonta públicamente y se demuestra que la noticia es mentira, quienes lo han lanzado jamás se excusan ni lamentan el daño causado. Se hace obvio entonces que ni el daño ni la verdad son importantes, que cualquier medio es válido si sirve al objetivo del descrédito. Por eso es muy perceptible que por debajo de las supuestas razones hay algo parecido al odio.

Otro de los bulos más extendidos es el que afirma que si se facilita cambiar de sexo sin necesidad de diagnóstico médico (la transexualidad no es una enfermedad), ni necesidad de transformar el cuerpo, eso abrirá la puerta a que miríadas de maltratadores o violadores afirmen ser mujeres para librarse así del agravante de violencia de género. ¿De verdad alguien piensa que eso es posible? Tan posible como las denuncias falsas: hay jueces y fiscales y hay delitos de fraude de ley. Pero, sobre todo, cambiarse de sexo no es simplemente afirmar que se es del otro sexo y, misteriosamente, eso produce efectos legales y sociales. Si eso fuera así… ¿por qué las mujeres no deseamos aprovecharnos de esta facilidad declarándonos hombres para evitar, por ejemplo la discriminación salarial o cualquier otra? ¿Es ridículo este argumento? Pues igual que al revés. Cambiarse de sexo implica, entre otras muchas cosas, que el hombre reconvertido en mujer súbitamente por librarse de una condena llevará en adelante un DNI con nombre femenino y sexo “mujer” y con ese DNI tendría que hacer sus trámites, buscar trabajo, identificarse ante la policía, ante el médico, presentarse a un examen, etc. El cambio de sexo es irreversible y opera en todas las instancias sociales. Pero es que, además, aunque estos casos se dieran (que no se dan) esto no sería un argumento para impedir el reconocimiento de derechos a las personas trans. Si hay delincuentes, váyase contra ellos, pero pretender detener el reconocimiento de derechos sobre la base de un posible mal uso de los mismos es una idea terrible.

3. Se montan auténticas campañas de odio basadas cuestiones que ponen en peligro “nuestra” seguridad sexual al estilo de las peores campañas racistas. “¡Van a entrar en los baños/vestuarios de mujeres!” he leído. Para empezar, hace mucho que las personas trans ya entran en los baños/vestuarios de mujeres. El hecho de mencionar esa cuestión como si fuera a ocurrir a partir de un momento determinado sirve para que un asunto que no preocupa a nadie se convierte en un problema que se agranda sin que la racionalidad pueda jugar ningún papel. Es similar a: “¡hay una invasión de inmigrantes!”. Además, trata de crear pánico sexual: “Necesitamos espacios seguros”, dicen. ¿De verdad van a aumentar las violaciones porque las mujeres trans puedan entrar en los baños/vestuarios de mujeres? ¿Es que si un hombre entra en un baño de mujeres (asegurando que es trans) con la intención de violar a una mujer, le va a detener una muñequita en la puerta? ¿O son las trans las violadoras? ¿Por tener un pene funcional? ¿De qué estamos hablando? ¿De verdad tengo que argumentar sobre esto?

4. Relacionado con el anterior, otro discurso, con reminiscencias claramente fantasmáticas, es el de que las mujeres trans con pene funcional, pasan a ser –en la imaginación de algunas– potenciales violadoras por el hecho de tener ese órgano. Como tienen pene y funciona, lo usarán para violar. Más allá de lo dicho sobre los vestuarios, este argumento se usa también para defender que las mujeres trans no pueden ser internadas en cárceles de mujeres porque allí todas las reclusas están en riesgo de ser violadas. En primer lugar, sorprende el repentino interés por los derechos de las mujeres presas, siempre olvidadas. Además, como en el punto 2, hace décadas que las mujeres trans van a cárceles de mujeres, así que no hay nada nuevo. Lo terrible del caso es que se pretende que las mujeres trans cumplan condena en cárceles de hombres, dónde ellas mismas estarían en riesgo mucho más evidente de ser violadas. Este argumento demuestra que para quienes lo defienden, las mujeres trans no son seres humanos iguales en derechos. La suerte de una mujer trans en una cárcel de hombres no les merece una sola reflexión,  ni empatía, son menos que humanas. El discurso funciona aquí criminalizando a todo un colectivo a partir de los delitos de una parte ínfima del mismo. Exactamente el mismo mecanismo del racismo o la xenofobia

5. Se dice que las mujeres trans no pueden estar en espacios de mujeres porque no han sido socializadas como mujeres. Aunque eso es así, eso solo las convierte en mujeres diferentes a otras, con una visión del patriarcado desde otro lugar. No es más. Las mujeres con una discapacidad vivimos una socialización muy diferente a la de la mayoría de las mujeres. Es muy difícil imaginar lo que significa crecer, reconocerte como mujer y construirte en una sociedad que pone a las mujeres con discapacidad en el lado de las no-mujeres.

6. Se hacen simplificaciones que finalmente todo el mundo repite y que empobrecen extraordinariamente la teoría feminista. Se confunde teoría queer con una especie de caricatura de la misma que incluso gente formada acaba asumiendo acríticamente. Como sabe cualquiera que me conozca, soy poco entusiasta de la teoría queer… o nada. Sin embargo, la teoría queer no es un bloque compacto y muchas de sus aportaciones han sido malinterpretadas, simplificadas y mal utilizadas. Llamamos teoría queer a un compendio de escritos diversos que no ofrecen siempre una visión unificada y coherente de la misma realidad. La teoría queer no es enemiga del feminismo, algunas de sus aportaciones son muy valiosas y otras muchas, discutibles. Creo que lo más valioso de lo dicho por la teoría queer ya lo dijeron antes feministas radicales, pero en todo caso, se piense lo que se piense de esta teoría, esto no tiene nada que ver con la transexualidad más allá de que la teoría queer la haya pensado intensamente. La teoría queer no hace que las personas trans existan. Estas han existido siempre.

7. Se presenta la relación feminismo/transexualidad como una competición de derechos. Se mencionan, por ejemplo, países que reconocen los derechos trans y no el derecho al aborto. Pero la lucha por los derechos no son los “juegos del hambre”. Los derechos no se reclaman compitiendo con otros derechos y si se hace así, dicha reclamación pierde cualquier legitimidad.

8. Se hace a las personas trans responsables del esencialismo de género. Mujeres que son la misma imagen del estándar de género exigen a personas que necesitan un cambio de documentación para poder simplemente vivir que sacrifiquen sus vidas por la abolición de género (y habría mucho que debatir sobre si es útil políticamente poner la abolición del género al mismo nivel que, por ejemplo, la abolición de la prostitución, lo que supone situar ambas en un futuro más que remoto y en un ámbito casi suprapolítico). Muchas personas trans defienden que si los géneros fuesen más flexibles y no existiese la vigilancia de género sería posible que muchas de ellas se identificasen como hombres femeninos o mujeres masculinas sin necesidad de intervenir sobre sus cuerpos ni sobre su primera adscripción sexual;  pero, hoy por hoy, el sistema de género es un sistema muy bien armado que no permite existir en sus márgenes. En realidad, la existencia de la transexualidad lo que hace es confirmar lo que siempre dijo el feminismo, que el género no está ligado al cuerpo. Que estas personas quieran cambiar su sexo legalmente es lo normal teniendo en cuenta que todo el mundo necesita documentos donde se especifique un sexo concordante con su género o, de lo contrario, la vida se convertirá en un infierno. Las personas trans tienen el mismo derecho que cualquiera a tener vidas vivibles.

Estas son solo las cuestiones más evidentes que saltan a la vista y que, ante mi estupefacción, están calando. (Para quien esté interesado en un análisis más profundo puede profundizar en este artículo que escribí hace un tiempo. Finalmente, quien pretenda defender una teoría emancipadora pisando los derechos de otros/as, no percibiendo el sufrimiento ajeno, deshumanizando, cosificando, esparciendo bulos o convirtiendo la desinformación y la ignorancia en argumentos legítimos, no debería tener espacio en el feminismo. Nada bueno puede crecer desde el ataque a personas vulnerables ni desde el miedo a existencias diferentes. Siento que muchas hemos callado por miedo y tengo amigas que no retuitearán este artículo, aun estando muy de acuerdo con su contenido. Muchas hemos cedido posiciones por miedo: miedo a abrir otro debate irresoluble, miedo a la violencia de las redes, miedo a ser excluida de nuestro grupo de adscripción y a quedarse en tierra de nadie, pero callar cuando crece un discurso de odio nos hace cómplices del mismo. Y ya sabemos cómo acaba esto.

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