Majandra, activista transexual de la Amazonía y solicitante de asilo: “Hay personas #trans cuyas muertes no son sonadas”


“En Perú se viven diariamente o mensualmente situaciones de violencia. Claudia Vera (asesinada en Perú el 30 de marzo) era activista, pero también hay personas trans que no son activistas y sus muertes no son sonadas en los medios de comunicación porque no son conocidas, especialmente en la Amazonía, donde yo vivo”, ha explicado Majandra en una entrevista con Europa Press.


Fuente: Europa Press / Fecha: 23 de junio de 2019 / Lugar Madrid

La activista trans peruana Majandra, de 39 años, que hace unos meses solicitó asilo en España, tras sufrir un intento de asesinato en su país, ha asegurado que en Perú, especialmente en la Amazonía, “se viven a diario situaciones de violencia”, incluso asesinatos no solo a activistas sino también a personas transexuales no conocidas públicamente cuyas “muertes no son sonadas”.

“En Perú se viven diariamente o mensualmente situaciones de violencia. Claudia Vera (asesinada en Perú el 30 de marzo) era activista, pero también hay personas trans que no son activistas y sus muertes no son sonadas en los medios de comunicación porque no son conocidas, especialmente en la Amazonía, donde yo vivo”, ha explicado Majandra en una entrevista con Europa Press.

La activista peruana, que ha luchado durante más de una década por los derechos de la comunidad LGTBQ en Perú, especialmente en toda la zona de la Amazonía, cuenta su historia en el marco de una iniciativa del proyecto español ‘The Equality Advocacy Project’, organización compuesta por gente del mundo de la comunicación y que tiene como fin defender los derechos de la comunidad LGTBQ en países donde son perseguidos o violentados.

Majandra nació hace 39 años en una familia de 15 hermanos en la Amazonía y asegura que su infancia “no fue fácil” por el “machismo y la corrección” por parte de sus hermanos mayores por su identidad. “Siempre quise ser una niña, me corregían y me hacían pedir perdón a Dios y prometer que iba a cambiar”, relata. Por ello, a los 15 años se marchó de casa.

También le marcó su expulsión de varias escuelas, un hecho que la obligó a terminar la Secundaria pasando por cuatro colegios. Si bien, lo que vivió también la motivó para ser activista.

Ahora, el Estado peruano la ha llamado como testigo en un proceso para testificar en contra de los terroristas acusados de crímenes en la década de los 80 en la Amazonía. “En junio de 2018, en mi ciudad se puso una placa en el marco de la reconciliación que reconoce que existieron crímenes por orientación sexual por el grupo terrorista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru”, explica.

Majandra solicitó al fiscal medidas de protección para testificar pues temía por su vida pero se lo denegaron al considerar que no era necesario. Si bien, asegura que el pasado mes de febrero, dos personas intentaron asesinarla con arma de fuego cuando regresaba a su domicilio por la noche. “Desaparecí de mi ciudad. Estuve escondida durante semanas, hasta que pude salir de Perú”, recuerda.

A esta situación se sumaba el “contexto social de violencia por parte de la gente del Estado y de la sociedad misma”, que la ha llevado a tener que estudiar “como chico”, que le ha provocado “depresión y ansiedad, hasta llegar a pensar en el suicidio”.

INSULTOS Y VEJACIONES

Entre las vejaciones que ha sufrido en Perú por ser trans, Majandra rememora un episodio de violencia que sufrió cuando iba a visitar a un amigo a la cárcel. Recibió “insultos y vejaciones”, la “desnudaron” y cuando quiso denunciar, asegura que “no quisieron recepcionar sus denuncias”. También cuenta que si los agentes encuentran a un grupo de personas transexuales en la calle, las “detienen” y las llevan lejos, “a kilómetros de la ciudad”.

Aunque Majandra reconoce que a nivel de provincias existen marcos normativos en Perú que recogen el derecho a la identidad de género y a la no discriminación, lamenta que “no son implementados”.

Ahora, en España se siente “tranquila” por su seguridad pero también tiene “nostalgia” porque en su país era abogada y aquí está encontrando dificultades para encontrar trabajo e incluso para buscar piso. “Nadie te quiere alquilar una habitación y el trabajo es en negro”, señala.

El mensaje que quiere transmitir a todas las personas y a los funcionarios es de petición de “respeto” para “tener una vida libre, justa, democrática”. “Todos somos iguales pero hay grupos que están en situaciones de desventaja social y hay que conocer su problemática. El amor es el que va a superar todo esto”, desea.

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