Stonewall Inn, 50 años


“De acuerdo con anécdotas de Sylvia, “era un bar blanco para hombres de clase media”. En la noche de la redada, la fuerza pública aplicó una ley de Nueva York que exigía que las personas usaran al menos tres prendas de vestir “apropiadas” para su género asignado al nacer. Estuvieron atrapadas como animales, fueron golpeadas y violadas. Terminaron 90 días en la cárcel. Ante la violencia sexual Sylvia dijo, “Golpeé muy bien a la mierda de un hombre”. ¿Cómo sobrevivir a todo esto sola?, pues con la presencia de verdaderos amigos y amigas que te salvan la vida como para ella fue, Marsha P. Johnson, de quien la justicia no señala un culpable de su muerte; ella fue hallada ahogada y golpeada en el río Hudson el 6 de julio de 1992.”


Por Pedro Gutiérrez Guevara. Activista GLBTI / De: El telégrafo / Fecha: 7 de julio de 2019


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El Greenwich Village y Christopher Street, en Nueva York, fue varias veces escenario de la disidencia de la diversidad sexual, desde antes de la irrupción desproporcionada de la fuerza pública en contra de la dignidad de drags, travestis y maricas, la noche del 28 de junio en el Stonewall Inn, referente de la conmemoración del Orgullo, que para ese entonces se traducía en resistencia, supervivencia y lucha cotidiana. Antes de aquella noche, la homogeneización de nuestros cuerpos e historias se aglutinaba con la palabra -gay-, pero luego de la revuelta, se empezó a nombrar a las personas travestis, queer, lesbianas, trans y bisexuales, una fuerte resignificación de que lo íntimo es político, así nació la expresión -salir del clóset-, la esfera de lo privado e íntimo se convirtió en visibilidad para mostrar al mundo nuestra existencia, en una época donde aún se patologizaba a las identidades no heteronormativas/binarias y se luchaba contra el SIDA/VIH. En la noche del 27 de junio de 1969, Sylvia Rivera tenía solo 17 años, se dirigió a bailar, a pesar de lo que creemos las nuevas generaciones, el Stonewall no era un bar de dragqueen o amigable de la diversidad sexual, de acuerdo con anécdotas de Sylvia, “era un bar blanco para hombres de clase media”. En la noche de la redada, la fuerza pública aplicó una ley de Nueva York que exigía que las personas usaran al menos tres prendas de vestir “apropiadas” para su género asignado al nacer. Estuvieron atrapadas como animales, fueron golpeadas y violadas. Terminaron 90 días en la cárcel. Ante la violencia sexual Sylvia dijo, “Golpeé muy bien a la mierda de un hombre”. ¿Cómo sobrevivir a todo esto sola?, pues con la presencia de verdaderos amigos y amigas que te salvan la vida como para ella fue, Marsha P. Johnson, de quien la justicia no señala un culpable de su muerte; ella fue hallada ahogada y golpeada en el río Hudson el 6 de julio de 1992. Sylvia, como una trans, latina con ascendencia venezolana y guerrera debe vivir en el Orgullo y memoria colectiva LGBTIQ+. Como diría Daria, “Furia Travesti” para todas en sus marchas este 29 de junio. Cumplimos 50 años de memoria colectiva, pero siglos de disidencia travesti, trans, drag queen, latina… (O)

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