#MeToo: Carta de un hombre #trans al antiguo régimen sexual por Paul Preciado


Por Paul Preciado / De: ara.cat / Fecha: 28 de enero de 2018

No hay sexualidad sin sombra, pero no es necesario que la sombra presida la sexualidad.

Señoras, señores y otros,

En medio del fuego cruzado en torno a las políticas del harcelement sexuel (de la agresión sexual) querría tomar la palabra como contrabandista entre dos mundos, el mundo de “las mujeres” y el de “los hombres” (esos dos mundos que podrían no existir pero que algunos se esfuerzan por mantener separados por una suerte de muro de Berlín del género) para darles noticia de algunos “objetos perdidos” (“objets trouvés”) o más bien “sujetos perdidos” (“sujets trouvés”) en la travesía.

No hablo aquí como hombre, perteneciente a la clase dominante de aquellos a los que se les asignó género masculino en el nacimiento, que fueron educados como miembros de la clase gobernante, a los que se les concedió o más bien se les exigió (y ésta sería una clave posible de análisis) ejercer la soberanía masculina.

Tampoco hablo como mujer, puesto que he abandonado voluntaria e intencionalmente esa forma de encarnación política y social. Hablo aquí como hombre-trans. No obstante, no pretendo, en ninguna medida, representar a ningún colectivo. No hablo ni puedo hablar como heterosexual o como homosexual, aunque conozco y habito ambas posiciones, puesto que cuando se es trans estas categorías resultan obsoletas.

Hablo como tránsfugo del género, como furtivo de la sexualidad, como disidente (a menudo torpe, puesto que carente de código pre-escrito) del régimen de la diferencia sexual. Como auto-cobaya político-sexual que ha hecho la experiencia, aún no tematizada, de vivir a ambos lados del muro y que, a fuerza de atravesarlo día tras día ha acabado harto, señores y señoras, de la rigidez recalcitrante de los códigos y los deseos que el régimen hetero-patriarcal impone.

La masculinidad es a la sociedad lo que el Estado es a la nación: el detentor y usuario legítimo de la violencia.

Déjenme que les diga, desde el otro lado del muro, que la cosa está peor de lo que mi experiencia como mujer lesbiana me hubiera permitido imaginar.

Desde que habito como-si-fuera-un-hombre el mundo de los hombres (consciente de encarnar una ficción política) he podido comprobar que la clase dominante (masculina y heterosexual) no abandonará sus privilegios porque enviemos algunos tweets o demos algunos gritos. Tras las sacudidas de la revolución sexual y anti-colonial del pasado siglo, los hetero-patriarcas está embarcados en un proyecto de contra-reforma –al que se unen ahora las voces “femeninas” que desean seguir siendo “importunées/molestadas”. Esta será la guerra de los 1000 años –la más larga de las guerras puesto que afecta a las políticas de la reproducción y a los procesos a través de los cuales un cuerpo humano se constituye como sujeto soberano. La más importante de las guerras, por tanto, porque lo que nos jugamos no es el territorio o la ciudad, sino el cuerpo, el goce, la vida.

Lo que caracteriza a la posición de los hombres en nuestras sociedades tecnopatriarcales y heterocentradas es que la soberanía masculina está definida por el uso legítimo de las técnicas de la violencia (contra las mujeres, contra los niños, contra otros hombres no blancos, contra los animales, contra el planeta en su conjunto). Podríamos decir, leyendo a Weber con Butler, que la masculinidad es a la sociedad lo que el Estado es a la nación: el detentor y usuario legítimo de la violencia. Esa violencia puede expresarse socialmente como dominio, económicamente como privilegio, sexualmente como agresión y violación.

Al contrario, la soberanía femenina sólo se reconoce en relación con la capacidad de las mujeres para engendrar. Las mujeres son sexual y socialmente súbditas. Sólo las madres son soberanas. En este régimen, la masculinidad se define necropolíticamente (por el derecho de los hombres a dar la muerte), mientras que la feminidad se define biopolíticamente (por la obligación de las mujeres a dar la vida). La heterosexualidad necropolítica podríamos decir, sería algo así como la utopía de la erotización del encuentro sexual entre Robocop y Alien….esperando que, con un poco de suerte, alguno de los dos se lo pase bien.

Tan importante como la transformación epistemológica es la transformación libidinal: la modificación del deseo. Es preciso aprender a desear la libertad sexual.

La heterosexualidad no es sólo como Wittig nos enseña, un régimen de gobierno: es también una política del deseo. Lo específico de este régimen es que se encarna en un proceso de seducción y de dependencia romántica entre dos agentes sexuales “libres.” Las posiciones de “Robocop” y de “Alien” no son individualmente elegidas o conscientes.

La heterosexualidad necropolítica es una práctica de gobierno que no es impuesta por los que gobiernan (los hombres) a las gobernadas (las mujeres), sino una epistemología que fija las definiciones y las posiciones respectivas de los hombres y de las mujeres a través de una regulación interna.

Esta práctica de gobierno no toma la forma de una ley, sino de una norma no escrita, de una transacción de gestos y códigos que tienen como efecto establecer en la práctica de la sexualidad una partición entre lo que se puede y lo que no se puede hacer. Esta forma de servidumbre sexual reposa sobre una estética de la seducción, una estilización del deseo y una coreografía del placer. Este régimen no es natural: se trata de una estética de la dominación históricamente construida y codificada que erotiza la diferencia de poder y la perpetúa. Esta política del deseo es la que mantiene vivo el antiguo régimen sexo-género pese a los procesos legales de democratización y empoderamiento de las mujeres. Este régimen heterosexual necropolítico es hoy tan denigrante y destructivo como lo eran el vasallaje y el esclavismo en plena ilustración.

El proceso de denuncia y visibilización de la violencia que estamos viviendo forma parte de una revolución sexual, ciertamente lenta y tortuosa, pero imparable. El feminismo queer situó la transformación epistemológica como la condición de posibilidad de un cambio social. Se trataba de poner en cuestión la epistemología binaria y naturalizada afirmando frente a ella una multiplicidad irreductible de sexos, géneros y sexualidades. Hoy entendemos que tan importante como la transformación epistemológica es la transformación libidinal: la modificación del deseo. Es preciso aprender a desear la libertad sexual.

Durante años, la cultura queer ha sido un laboratorio de invención de nuevas estéticas de la sexualidad disidentes frente a las técnicas de subjetivación y los deseos de la heterosexualidad necropolítica hegemónica. Somos muchos los que hemos abandonado hace tiempo la estética de la sexualidad Robocop-Alien. Aprendimos de las culturas butch-femme y BDSM, con Joan Nestle, Pat Califia y Gayle Rubin, con Annie Sprinkle y Beth Stephens, con Guillaume Dustan y Virginie Despentes, que la sexualidad es un teatro político en el que el deseo, y no la anatomía, escribe el guión.

Es posible, dentro de la ficción teatral de la sexualidad, desear limpiar zapatos con la lengua, ser penetrado por cada orificio, o cazar al amante en un bosque como si éste fuera una presa sexual. Sin embargo, dos elementos diferenciales marcan la distancia entre la estética queer de la sexualidad y la hetero-dominante del antiguo régimen: el consenso y la no-naturalización de las posiciones sexuales. La equivalencia de los cuerpos y la redistribución del poder.

Me des-identifico de la masculinidad dominante y de su definición necropolítica. Nuestra mayor urgencia no es defender lo que somos (hombres o mujeres) sino rechazarlo.

Como hombre-trans me des-identifico de la masculinidad dominante y de su definición necropolítica. Nuestra mayor urgencia no es defender lo que somos (hombres o mujeres) sino rechazarlo, des-identificarnos de la coerción política que nos fuerza a desear la norma y a repetirla. Nuestra praxis productiva es desobedecer las normas de género y sexuales. Después de haber sido lesbiana la mayor parte de mi vida y trans los últimos 5 años, estoy tan lejos de vuestra estética de la heterosexualidad como un monje budista que levita en Lhasa lo está del supermercado Carrefour. No me corro con vuestra estética del antiguo régimen sexual. No me pone “molestar” a nadie. No me interesa salir de mi miseria sexual metiendo mano en los metros. No siento ningún tipo de deseo por el kitsch erótico-sexual que proponéis: tíos que aprovechan su posición de poder para echar polvos y tocar culos. Me repugna esta estética grotesca y asesina de la heterosexualidad necropolítica. Una estética que re-naturaliza la diferencia sexual y sitúa a los hombres en la posición del agresor y a las mujeres en la de la víctima (dolorosamente agredida o alegremente importunada).

Si es posible afirmar que en la cultura queer y trans follamos más y mejor es porque no sólo hemos extraído la sexualidad del ámbito de la reproducción, sino sobre todo del de la dominación de género. No estoy diciendo que la cultura queer y transfeminista escape a toda forma de violencia. No hay sexualidad sin sombra. Pero no es necesario que la sombra (la desigualdad y la violencia) presida y determine la sexualidad.

Representantes del antiguo régimen sexual, coged vuestra parte de sombra and have fun with it, y dejadnos enterrar a nuestras muertas. Gozad de vuestra estética de la dominación, pero no pretendáis hacer de vuestra estética ley. Y después, dejadnos follar con nuestra propia política del deseo, sin hombres ni mujeres, sin penes ni vaginas, sin hachas ni fusiles.

Paul Preciado

Diferendo: por qué los derechos no están a debate


Por: La Red de Resistencia y Disidencia Sexual y de Género / De: Nexos / Fecha: 4 de julio de 2019

A raíz de la publicación en este espacio de un texto titulado “Mujeres por decreto”, la Red de Resistencia y Disidencia Sexual y de Género ha pedido derecho de réplica. Economía y sociedadconsidera oportuno otorgárselo y comparte el texto íntegro que le hizo llegar este colectivo.


La Red de Resistencia y Disidencia Sexual y de Género se formó hace dos años como una manera de reunir las experiencias de personas de la población LGBT+ que participaron en la recolecta de firmas de Marichuy, vocera del CIG que aspiraba a la candidatura independiente presidencial. A lo largo de estos dos años, hemos notado la evolución de un fenómeno preocupante: el discurso de odio transfóbico comenzó a ganar presencia en sectores progresistas y de izquierda, partidista o apartidista. Su línea de pensamiento es tradicional y conservadora, pero su presentación tuvo un giro inesperado. Por ello creemos importante tomar acción ahora, antes de que sea demasiado tarde

La semana pasada se publicaron dos textos en la revista nexos sobre los derechos trans que llegaban a conclusiones totalmente opuestas. “Infancias trans en la Ciudad de México: la antesala de la desjudicialización” de Marina Freitez Diez fue el primero y “Mujeres por decreto” de Laura Lecuona, el segundo.

Freitez escribe sobre la situación legal de los menores de edad que desean obtener reconocimiento a su identidad de género. En la Ciudad de México esto ya ocurre, sin embargo contrario al caso de los adultos donde es un simple proceso administrativo, se necesita un largo y costoso juicio. El artículo documenta la situación y habla de cómo esto podría cambiar en agosto.

El segundo artículo se proclama como “crítica” contra las medidas antidiscriminatorias. Su discusión, inocua a primera vista, no solo retrata con condescendencia a la gente trans: se anuncia como comprensiva y preocupada ante la situación de que “conceder” derechos a la gente trans se lleva entre las patas a infancias y mujeres. El artículo llama al debate, pero ¿realmente quiere debatir?

Que los derechos se sometan a debate es una práctica deshumanizante. Pone en el mismo nivel la incomodidad de una persona privilegiada con el derecho a existir de personas marginalizadas. Es una discusión diferendo: un desacuerdo inconciliable e irresoluble, imposible de mediar. Hablar no sirve porque lo único que logra es darle visibilidad a ambas partes como si ambas opiniones fueran igualmente inocentes. Caracterizar el debate como una simple “crítica” cuando es un diferendo es problemático y peligroso: la vida de personas en situación de calle siempre será de prioridad superior a la vista “bonita” de una ciudad. La vida de personas migrantes siempre estará por encima de los prejuicios de personas racistas. El acceso a los derechos humanos básicos para la población LGBT+ siempre será prioritario aunque existan personas a las que les dé asco su existencia. La equidad se siente como opresión cuando estás acostumbrado a ser la parte privilegiada, pero eso no significa que, solo con existir, estas personas marginalizadas amenazan la vida de personas más privilegiadas. La existencia de gente de color no oprime a la gente blanca, la existencia de gente homosexual no oprime a la gente heterosexual, la existencia de gente trans no oprime a la gente que acepta el género que se le asignó al nacer.

Este es el problema que surge cuando el discurso de odio se caracteriza como “un simple cuestionamiento”. Si un sector marginalizado demanda los derechos que merece, la reacción en su contra para hacerles retroceder se manifiesta en represalias más graves que el odio o los estereotipos. Se apela a académicos e intelectuales, se utiliza un lenguaje que suena progresista y se evoca luchas sociales vivas para disfrazar su discurso de odio que otras personas señalan dentro de la propia lucha.

La relación de la lucha LGBT+ y el feminismo es larga y compleja. Un fenómeno reciente en México (y en otros países como Reino Unido y España) es que estas discusiones han salido del ámbito activista y académico para figurar en la política. Ya no son preguntas meramente teóricas sobre el sujeto político de un movimiento, o sobre qué etiqueta funciona mejor para una identidad: es el acceso a la salud, al trabajo, a la vivienda, al desarrollar una vida digna sin que se amenace su seguridad física solo por existir. A un sector transfóbico del feminismo le interesa legislar y para esto ha formado una postura que encubre el odio como “críticas”. Las críticas hacia el movimiento trans existen y surgen desde el interior del movimiento: se hacen con intención de traer mayor bienestar a quienes lo conforman, de señalar incongruencias y mediar entre posturas que no impiden la existencia de las otras personas. Decir “No apoyo que lastimemos a las mujeres para defender a la gente trans” no solo suena mejor que “No defendamos a la gente trans”, sino que asume que los derechos humanos de la gente trans lastiman a las mujeres mucho antes de que empiece el debate. Preestablece que la existencia de las mujeres trans es una amenaza para las mujeres cis y, cuando se intenta discutir este controvertido punto, se habla de lesbofobia y misoginia. 

En este contexto entra el “debate” de las infancias trans. Las posturas transfóbicas que dicen dar “críticas” a la “ideología de género” asumen que las infancias trans no existen, que son un invento de las empresas farmaceúticas para controlar más de nuestras vidas, así como se le acusó a las mismas empresas de darle autismo a las personas a través de vacunas. El punto no es convencernos: el punto es tener una plataforma para expandir su discurso de odio. Ante una tendencia mundial hacia el fascismo, lo vital es quitarle plataformas al odio que se escuda en la libertad de expresión. 

En este seudo-debate se ve su tendencia a tomar la búsqueda de derechos y libertades para la gente trans como una “imposición”. Cuando se pide mayor libertad y apoyo para que niños y niñas puedan explorar su identidad de forma segura, sana y libre, el discurso de odio lo retuerce para decir que se busca imponer esta perspectiva sobre todas las infancias. Así como la lucha por la libertad de explorar la sexualidad no busca volver homosexual a toda la gente heterosexual, el objetivo no es transformar a toda la gente cisgénero en gente transgénero. En ambos casos la exploración segura y libre beneficia tanto a quienes contestan que sí como a quienes contestan que no.

Si el objetivo de la crítica es eliminar tu existencia, no es solo una crítica. Si una persona trans se presenta de una forma que la sociedad acepta como normal, la transfobia la ataca diciendo que está reforzando estereotipos, que es una Barbie o un Ken. Si prefiere romper con esto (o no tiene acceso a esta “normalidad”), se le ataca diciendo que ni siquiera están intentando ser del género que dicen. “¿Cómo puedes ser hombre con tetas o mujer con pene?”. No hay salida. No buscan dar una salida que no implique la negación completa de su identidad.

¿Por qué esta ilusión de un debate? ¿Por qué infancias trans? El interés no es llegar a la verdad o al bien común. Para lograr sus objetivos, este sector del feminismo que no representa a un número grande de mujeres necesita alianzas y las está formando con quién representa uno de los mayores opositores del feminismo: las secciones conservadoras y tradicionalistas de la sociedad. 

A la homofobia y la transfobia tradicional no le importan los debates académicos y teóricos o el activismo de feministas y personas LGBT+. Es solo cosa de ver los hashtags conservadores para ver qué puentes forjan: “No Te Metas Con Mis Hijos”, “No A La Ideología De Género”. Apelan que el reconocimiento de la existencia y la dignidad de la gente LGBT+ es una perversión de “lo natural”. Que la mera exposición a esta perversión es peligrosa, y que no ayuda a niños y niñas a descubrirse sino que los contamina contra de su voluntad. La Señora Flanders gritando “¡¿Alguien porfavor quiere pensar en los niños?!”, quejándose con Sheinbaum sobre uniformes. 

Esta mirada transfobica que pinta a la gente trans como amenazas por sólo existir y ser visibles es fundamental. Porque para creer que una mujer trans va al baño de mujeres para violentar en vez de para orinar como cualquier otro ser humano, necesita creer no solo que no es mujer, sino que miente sobre serlo por razones perversas. Para la transfobia no basta decir que no existen las infancias trans: se necesita caracterizar al activismo del tema como una movida perversa.

Una manera que encontraron para justificarse fue dar visibilidad amplia a casos criminales no representativos y apelaciones sin sustento científico. En un mundo con 7550 millones de personas, encontrarás un ejemplo para justificar cualquier tipo de opinión sin importar cuán descabellada sea. Por ello, no es casualidad que estas personas encuentren sus razones para discriminar a las personas trans en tabloides y periódicos amarillistas, similar a cómo la ultraderecha los utiliza para sacar su material de lectura.

Este tipo de “pruebas” no buscan describir una realidad sino mantener a quienes no están informados en un estado de sospecha y disgusto a la gente trans. No solo en casos ridículos de míticos hombres con vestido ganando competencias deportivas de mujeres, sino algo más. Buscan la vigilancia constante por el peligro inminente de que en cualquier momento un violador puede ponerse vestido y atacar a tus hijos. 

Esto no solo ignora a la gente trans que muere por la misma violencia patriarcal que inunda el país, sino que su objetivo es culpar a la gente trans de ella. Qué mejor forma de aliarse con la ultraderecha que darles un chivo expiatorio. Qué mejor forma de continuar con esta violencia que dividir y confrontar a sus víctimas. 

Todo esto se logra dando una ilusión de un debate sin que el objetivo sea ganarlo, sino obtener un megáfono, una plataforma. Tomarle el pelo a una audiencia que no sabe del tema y quiere informarse para llegar a aquellos que ya tienen una agenda política transfóbica para decirles “No todo el feminismo es tu enemigo. Aquí tiene a una aliada.” Negarse a darle este megáfono no es censura ni atenta contra la libertad de expresión. Es negarse a ser el puente que forme esta alianza y le de visibilidad. Es negarse a que el odio nos vea la cara una vez más. 

 

Red de Resistencia y Disidencia Sexual y de Género

Organizaciones de mujeres y de la comunidad LGTB realizaron una radio abierta en San Justo reclamando que el municipio adhiera a la ley provincial de cupo laboral travesti-trans y pidieron la creación de centros integrales para mujeres. #Matanza #Argentina


De: Matanza Digital / Por: Matanza Digital / Fecha: 23 de julio de 2019

Pidieron la adhesión de La Matanza a la ley del cupo laboral travesti-trans

Organizaciones de mujeres y de la comunidad LGTB realizaron una actividad esta mañana reclamando la adhesión del municipio a la ley de cupo laboral travesti-trans y la creación de Centros Integrales de la Mujer (CIMs) en La Matanza, para contener a las mujeres que atraviesan situaciones de violencia de género.

La actividad fue impulsada por el Plenario de Trabajadoras (PDT) de La Matanza, organización que se referencia en el Partido Obrero. La actividad tuvo lugar en la plaza San Justo, lugar desde el que llevaron a cabo una “Radio Abierta de mujeres y disidencias”.

Posteriormente, las organizaciones se dirigieron al Concejo Deliberante para presentar un proyecto de ordenanza que dispone la adhesión a la ley provincial. “Estamos presentando el proyecto por el cupo laboral trans y también presentamos un proyecto de ordenanza para la creación de centros integrales de la mujer, ya que hay una merma acá en La Matanza”, indicó a MD, Gabriela de la Rosa, integrante del PDT La Matanza.

La ley de cupo laboral trans (n° 14783), también llamada Diana Sacayán en reconocimiento a la militante matancera que impulsó la sanción de la ley, establece que el 1% de los cargos provinciales deben ser destinados a personas travestis, transexuales y transgénero “que reúnan las condiciones de idoneidad para el cargo”. Dicha normativa también incluye el empleo de los municipios.

La ley se sancionó en septiembre de 2015 y se promulgó en octubre de ese mismo año. Pero nunca fue implementada por el gobierno provincial. En La Matanza existe un registro de personas travesti-trans en el que ya están inscriptas más de 50 personas que todavía no pueden ocupar un cargo municipal.

De hecho, en abril de este año el Consejo Escolar le reclamó a la provincia que reglamenten la normativa. Pero las organizaciones de la comunidad LGTB exigen que el municipio tome la iniciativa y sancione en el Concejo Deliberante la adhesión a la ley provincial, tal como hicieron otros municipios como Avellaneda o Quilmes.

Aprobado acuerdo para el derecho del baño a personas #trans de Carolina del Norte


De Panorama.com.ve / Fecha: 23 de julio de 2019

Tuvieron que pasar 3 años para que en Carolina del Norte se resolviera el tema del acceso a los sanitarios a las personas #trans a partir de su identidad de género.

Este debate resurge en Hispanoamérica con las recientes conferencias de la escuela de Gijón. Evidentemente, y como lo demuestran sus mesas, no solo fue clara la ausencia de voces y experiencias #trans sino que sus acercamientos al tema rayaron en el sensacionalismo y la desinformación propia de los 70-80 y omitieron debates mucho más avanzados en otros países como lo sucedido en EU -sumamente conservador- desde la segunda mitad del período de Barack Obama.

En Twitter me he cansado de preguntarles a las feministas críticas de género que, en caso de que sus propuestas permearan, es decir, se niegue que las personas trans accedan a los espacios y prerrogativas de acuerdo a su identidad de género y que el criterio sea el sexo para asegurar la segregación en estos espacios ¿quien sería la policía para asegurar ese “orden natural del sexo”? Y no es una pregunta vana: ¿que acercamiento del sexo proponen vigilar y castigar: ¿el genital, el cromosómico, el hormonal, la combinación de todo lo anterior ? ¿Quien establecería los criterios?

En Carolina del Norte ya se exploró esa posibilidad y se violentaron más derechos de los que supuestamente se pretendían proteger a partir de esos pánicos morales que salieron de España.

El debate sigue en pie pero no se pueden menospreciar estas experiencias que están siendo corregidas ya en Carolina del Norte. He aquí lecciones a aprender.

Rebeca Garza

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Un juez federal aprobó un acuerdo legal el martes que afirma el derecho de las personas transgénero a usar los baños que coincidan con su identidad de género en muchos edificios públicos de Carolina del Norte.

El decreto de consentimiento entre el gobernador demócrata del estado y los demandantes transgénero abarca numerosos edificios estatales, incluidas las instalaciones administradas por agencias ejecutivas que supervisan el medio ambiente, el transporte y Medicaid, entre otros. A cambio, los demandantes han acordado abandonar las acciones legales pendientes contra el gobernador y otros demandados.

El acuerdo fue firmado por el juez Thomas Schroeder después de una batalla legal de tres años que cuestiona el llamado proyecto de ley de baño de Carolina del Norte y la ley que lo reemplazó.

“La importancia de esto no puede ser subestimada, se trata de nada menos que de la capacidad de ingresar a espacios públicos como miembros iguales de la sociedad”, dijo la abogada de Lambda Legal, Tara Borelli, quien representa a los demandantes. “A nivel nacional, este decreto envía una señal importante de que atacar a las personas transgénero por discriminación es inaceptable”.

El acuerdo entre los demandantes y el gobernador Roy Cooper dice que nada en la ley estatal actual puede interpretarse como que “impide que las personas transgénero utilicen legalmente las instalaciones públicas de acuerdo con su identidad de género” en los edificios controlados por el poder ejecutivo del estado.

Además, el acuerdo dice que los funcionarios del poder ejecutivo, como los gobernadores actuales y futuros, así como sus empleados en las agencias estatales, tienen prohibido usar la ley actual “para prohibir, prohibir, bloquear, disuadir o impedir que personas transgénero utilicen instalaciones públicas. … de acuerdo con la identidad de género del individuo transgénero “.

Los líderes legislativos republicanos de Carolina del Norte, que aprobaron el “proyecto de ley del baño” y su reemplazo, se habían opuesto al decreto de consentimiento.

La ley de 2016, también conocida como HB2, obligaba a las personas transgénero a usar baños que coincidan con sus certificados de nacimiento en los edificios del gobierno estatal y otras estructuras públicas, incluidas paradas de descanso en carreteras, escuelas y universidades. Si bien ese requisito fue rescindido posteriormente, una ley de reemplazo detiene las nuevas ordenanzas locales contra la discriminación hasta 2020.”

Los demandantes transgénero que habían impugnado la ley original modificaron su demanda para luchar contra la ley de reemplazo, argumentando que continuaba dañándolos al crear incertidumbre sobre las reglas del baño. También desafiaron la moratoria sobre las nuevas leyes locales para proteger a las personas LGBT.

Joaquín Carcano, el demandante principal y un empleado transgénero de la Universidad de Carolina del Norte, saludó la decisión del juez en una declaración.

“Después de tantos años de manejar la ansiedad de HB2 y luchar tan duro, me siento aliviado de que finalmente tengamos una orden judicial para proteger a las personas transgénero de ser castigadas bajo estas leyes”, dijo.

Sin embargo, dijo que la moratoria de la ley actual sobre las nuevas leyes locales contra la discriminación “sigue siendo devastadora”.

Schroeder había dictaminado a fines de 2018 que la ley de reemplazo no podía interpretarse como una forma de evitar que las personas transgénero usen los baños de acuerdo con su identidad de género. Los demandantes incorporaron lenguaje similar en su decreto de consentimiento. El fallo mixto del año pasado, sin embargo, rechazó algunos de los argumentos de las personas transgénero y dejó que otras partes del caso procedan.

El decreto de consentimiento fue propuesto por primera vez a fines de 2017 por los demandantes y Cooper, que habían heredado un papel como acusado en el caso de su predecesor, el republicano Pat McCrory. McCrory había firmado HB2 en ley.

Decir que el estado “da la bienvenida a todas las personas”, el portavoz de Cooper, Ford Porter, dijo en un correo electrónico el martes que “la decisión de hoy es un paso importante para poner los impactos dañinos de HB2 en el espejo retrovisor para siempre”.

El presidente de la Cámara de Representantes, Tim Moore, y el líder del Senado, Phil Berger, quienes intervinieron en el caso como acusados, instaron al tribunal federal a rechazar el decreto por consentimiento. Sus abogados argumentaron que los demandantes estaban usando la última versión del decreto de consentimiento para resucitar esencialmente los argumentos ya rechazados por el tribunal.

También argumentaron que el acuerdo sobrepasó el rol apropiado de la corte porque “pretende vincular a los funcionarios y agencias del estado de Carolina del Norte, a perpetuidad, a un acuerdo político temporal”.

Schroeder se refirió a las preocupaciones de los líderes legislativos en una orden escrita el martes, y señaló que nada en el acuerdo limita la capacidad de la legislatura para enmendar la ley de reemplazo “o aprobar cualquier ley que desee”.

El portavoz de Moore, Joseph Kyzer, dijo que los legisladores de la Cámara de Representantes estaban revisando la decisión y evaluando las opciones.

Bill D’Elia, un portavoz de Berger, dijo que el decreto de consentimiento esencialmente confirma las políticas de antidiscriminación del poder ejecutivo instituidas bajo una orden ejecutiva de Cooper de 2017, al tiempo que “pone esta demanda en la cama”.

“Ojalá podamos finalmente dejar atrás este problema de hace años y seguir adelante”, dijo en un correo electrónico.

Protocolo para el Acceso sin Discriminación a la Prestación de Servicios de Atención Médica de las Personas Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual. Travesti, Transgénero e Intersexual y Guías de Atención Específicas En #México


Fuente: Gobierno de México / Fecha: 26 de de junio de 2017

210617protocolo_comunidad_lgbtti_dt_versi_n_iii_17_3.pdf

Se actualiza con esta versión de Mayo de 2019.

protocolo_comunidad_lgbtti_dt_versi_n_iv_19__1_.pdf_versi_n_15_de_mayo_2019.pdf