#España @PSOE recoje la #LeyTransEstatal para ✅ reparar, reconocer derechos y proteger la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género 👇👇 #SinJuiciosNiPrejuicios #AquíEstáLaResistenciaTrans


https://m.eldiario.es/politica/DOCUMENTO_0_979552486.html

#Huoston Anandrea Molina, mujer #trans #latina #migrante crea refugio ‪@OLTT_Houston ‬para mujeres trans en #Texas #AquíEstáLaResistenciaTrans https://www.latinatranstexas.org/


Tomado de Debate por EFE / 29 de diciembre de 2019 / Se han tomado licencias con respecto a la nota para eliminar el sensacionalismo y poner en el centro la dignidad de la protagonista de la nota informativa. Rebeca Garza.

Para Anandrea Molina, ser una mujer trans ha significado una historia de rechazo y dificultades que la llevaron a querer quitarse la vida hasta cuatro veces. Esas experiencias la impulsaron para crear el primer y único refugio de mujeres trans latinas en Texas.

Llegada a EEUU en el año 2001, tras atravesar sola el Río Grande y huyendo de la persecución que sufría en su natal Matamoros (Tamaulipas), la mexicana pasó una serie de penurias en el país de acogida, y fue sufrió actos de discriminación lo que la empujaron a fundar la Organización Latina de Trans en Texas (OLTT).

En un evento de inclusión de la comunidad LGBT no nos permitieron usar el baño de mujeres y obligaron a una de las chicas a orinar afuera del local, en un terreno al lado del estacionamiento”, relata Anandrea.

Aquel episodio acaecido en Houston, en enero de 2015, impulsó a Anandrea a no seguir callando y aguantando “la discriminación y el rechazo” que asegura es “notoriamente” exacerbado cuando se trata de personas transexuales, transgénero o queer.

A través de OLTT creó en 2017 “Casa Anandrea“, que atiende las necesidades de personas transexuales, transgénero y queer en la ciudad de Houston, algunas de ellas diagnosticadas con VIH. Casi todas, al igual que Molina, han sido víctimas de abuso infantil, violencia, maltrato, o han vivido situaciones de adicción al alcohol o a las drogas y subsistir de la prostitución en las calles.

Solo en 2018 recibió más de 150 personas, a las que proporcionó techo, comida, cama, asesoría legal y un ambiente seguro, en una casa de tres pisos ubicada en una populosa zona de Houston y donde en promedio unas 20 personas comparten al mismo tiempo este hogar temporal.

Esto en muchos de los casos ha significado la diferencia entre la vida y la muerte, dice Molina a Efe.

En ese espacio, para muchas es el único hogar en el han vivido en años en donde comparten una amplia cocina, sala, comedor, habitaciones equipadas, un salón para recibir clases y charlas sobre diferentes temas de interés y una terraza con vistas al exterior.

“Casa Anandrea” es solo uno de los siete programas que ofrece OLTT, de la que Molina es presidenta.

La labor de esta organización se enfoca en la comunidad LGBTQ hispana, y más exactamente en las personas indocumentadas, la “minoría de las minorías”, como los califica la mexicana.

“Sufrimos los rigores propios de quienes están en Estados Unidos sin un estatus legal, pero llevamos además el peso del rechazo, la violencia y la discriminación tan presentes hacia quienes hemos tenido la valentía de no esconder nuestra verdadera identidad de género”, explica.

Para muchas el único hogar en el han vivido en años. Imagen ilustrativa. Foto: Pixabay

La mexicana, de 41 años, recuerda que en su adolescencia asistió al seminario porque siempre quiso dedicarse a hacer el bien, pero convencida de no poder seguir engañándose a sí misma ni a los demás, a los 18 años decidió renunciar y asumir su verdadera identidad: una mujer.

A partir de ahí, decidió transicionar y luego huir de su país y cruzar la frontera como indocumentada, estatus que mantiene hasta hoy.

En 2002 se radicó en Houston y durante años experimentó las dificultades de no poder conseguir trabajo y tuvo que dormir en las calles.

Fue maltratada, muchas veces por otras chicas trans porque, según dice, lograr la unión y la confianza entre ellas es extremadamente difícil, dado que casi todas han pasado por situaciones de vejación y abuso.

Tras el incidente de 2015, y superando trabas como el no saber inglés, logró crear OLTT, que ofrece programas de capacitación, liderazgo, rectificación de nombre y de marcador de género a quienes lo soliciten.

Provee además asesoría para evitar la deportación, ayuda a víctimas de asalto sexual o tráfico humano, atención a personas que requieran tener acceso a programas de salud mental y servicios médicos a quienes han sido diagnosticadxs con VIH.

Con el tiempo y mediante fondos del sector privado o a título individual, la organización ha logrado convocar a más de 4.000 personas, muchas de las cuales se mantienen como voluntarias dentro de la organización.

Premiada y reconocida como una líder comunitaria en la ciudad de Houston, Anandrea Molina se considera una inmigrante indocumentada que ya no se esconde porque ha encontrado en la lucha por el bien común su mayor razón para vivir y seguir adelante.

“Me han quitado tanto que se han llevado mi miedo y necesitamos luchar unidas por una vida mejor para todas”

Anandrea Molina

https://twitter.com/saprogressive/status/1101923539827986433?s=21

#ReinoUnido Reuben Sharpen, hombre #trans de 39 años y su esposa Jay dan a luz a un bebé producto de la fecundación de una amiga #trans de 28 años #FamiliasTransExisten #TransEsBello


Por Vanguardia / Redacción / 29 de diciembre de 2019 / Se han tomando licencias en la nota periodística para eliminar el tono sensacionalista de la nota original. Rebeca Garza

La pareja y su bebé se han convertido en la familia mas ‘moderna’ del Reino Unido, luego de esperar seis años para ser padres

Sharpe, de 39 años, pasó largos años tomando hormonas de testosterona que le dieron vello facial, una voz profunda y rasgos masculinos, las cuales dejó hace seis años para concentrarse en tener un bebe. Hoy dice que “finalmente se siente completo” después de querer tener un bebé hace seis años, cuenta a The Mirror.

Junto a su pareja Jay, de 28 años, quien se considera una persona no binaria, fueron ayudados por un médico trans y una mujer trans quien donó el esperma.

Sharpe aun cuenta con su útero y ovarios, por lo que los médicos le dijeron que sí podría dar a luz si decidiese tener un bebé. “No era que estuviera desesperado por tener la experiencia del parto o la del embarazo, sino que quería un hijo y tenía la facilidad para hacerlo”, señaló.

Al tiempo de ser novios, la pareja comenzó el proceso para tratar de tener un bebé, por lo que los niveles de fertilidad y hormonas en Sharpe debieron empezar a ser monitoreados.

“Me desperté una mañana y mi periodo comenzó por primera vez en seis años. Fue un gran alivio. Es extraño, pero sabía que era el comienzo de algo que tanto deseaba”, comentó.

La pareja fue sometida a un tratamiento de inseminación intrauterina, lo que significa que un médico insertaría esperma en el útero de Sharpe, para lo que necesitaban una persona donante, así que decidieron enviarle un mensaje a una amiga trans para preguntarle si ella podía ser la donante.

Cuando ella estuvo de acuerdo en ayudarlos, comenzaron el tratamiento de fertilidad, que tuvo un costo 6 000 euros.

Luego de un primer intento fallido, lo intentaron por segunda vez. “Habíamos estado nerviosos durante semanas. Hice la prueba, la ignoré y me fui a lavar los dientes. De repente, Jay me estaba gritando en la habitación y diciéndome que mirara, fue un resultado positivo”.

Tras la espera, Sharpe dio a luz a su bebé por cesárea en el Hospital Royal Sussex. “Han tardado seis años en llegar tan lejos, pero ahora tenemos un bebé en nuestros brazos y ese era el objetivo final. Finalmente me siento completo”, mencionó.

“No creo que el embarazo sea la mejor experiencia femenina. Si una mujer no está interesada en ello no significa que sea menos. Esto no es un problema trans, afecta a todos”, concluyó el feliz padre.

¿Cómo articular el concepto de “identidad de género” con el seguimiento y análisis de la paridad de género, las brechas salariales y las violencias machistas hacia las mujeres?


Hoy leía a una TERF argumentar que reconocer la identidad de género de las personas #trans problematizará el seguimiento al cumplimiento de la paridad de género, las brechas salariales, las violencias machistas hacia las mujeres y un largo etcétera.

Al respecto, comparto estas reflexiones:

En primer lugar, señalo que el reconocimiento de la identidad de género no diluye ni minimiza los otros estudios señalados; sin embargo, como se ha denunciado desde años y como lo recomienda la CIDH , URGE que las instituciones empiecen a integrar la interseccionalidad.

Nos falta que se vuelva una práctica cotidiana desglosar los estudios en diferentes categorías de género, clase o etiqueta racial. Se podría abundar incluso para abarcar las diversidades funcionales, corporales y sexo-genéricas.

Lo anterior, no se justifica sólo en razón de una demanda #trans sino como una deuda histórica para mirar grupos y poblaciones humanas históricamente invisibilizadas.

Aclarado esto, en términos de género se ha propuesto ampliar la mirada no sólo al sexo legal sino incorporando la identidad de género y la orientación sexual. Las mujeres lesbianas al igual que las mujeres trans se diluyen en estadísticas con miradas cis-hetero.

Aquí toman importancia las ideas de “sexo asignado al nacer” e “identidad de género”. Como ha demostrado el INE en sus estadísticas donde puede identificar el número de personas por edad, entidad federativa y género origen y destino de las correcciones de las credenciales.

Es importante aclarar que estas estadísticas no vulneran el principio de privacidad y de confidencialidad porque sólo se registran números.

Por lo tanto, a las TERF y grupos anti-trans les digo: la identidad de género no diluye a las mujeres al contrario, en articulación con desagregar datos por identidad de género y orientación sexual tendremos más y mejores elementos no sólo a favor de las mujeres cis hetero sino también para la gran diversidad de mujeres que existimos y que históricamente no hemos sido vistas, ni reconocidas ni atendidas como las mujeres cis lesbianas, las mujeres trans de las diferentes orientaciones sexuales, entre otros grupos.

Rebeca Garza @Rivka_Azatl

[Traducción] La primera universidad de la India para la comunidad #trans surgió en el distrito Kushinagar de UP


De BusinessInsider India / Redacción / 25 de diciembre de 2019 / Traducción libre por Rebeca Garza

Gorakhpur (UP), 25 de diciembre. La primera universidad del país para la comunidad transgénero se abrirá en el distrito Kushinagar de Uttar Pradesh para facilitar a sus integrantes estudiar desde la primera clase hasta PG e incluso investigar y obtener un doctorado. La universidad, que surgirá en el bloque Fazilnagar del distrito de Kushinagar, está siendo construida por el Akhil Bhartiya Kinnar Siksha Seva Trust (fideicomiso del servicio de educación transgénero de toda la India).


“Es el primero de su tipo en el país donde integrantes de la comunidad transgénero podrán obtener educación y el proceso ya se ha iniciado. A partir del 15 de enero del próximo año, dos niñxs criadxs por los miembros de la comunidad serán admitidxs y a partir de febrero y marzo comenzarán otras clases “, dijo el presidente del fideicomiso Dr. Krishna Mohan Mishra.


“En la universidad, la comunidad transgénero podrá estudiar desde la primera clase hasta PG e incluso investigar y obtener un doctorado”, dijo.

MLA Ganga Singh Kushwaha dijo que las personas integrantes de la comunidad recibirán educación y podrán dar una nueva dirección al país.

La comunidad trans también expresó su felicidad por la apertura de la universidad:

“Estoy alegre de que seremos educadas y seremos respetadas en la sociedad. La educación tiene poder y estoy seguro de que no solo cambiará nuestras vidas sino también la vida de los demás”, dijo Guddi Kinnar, una de las personas integrantes de la comunidad.

Muro de la #IgnominiaTERF


Hoy 26 de diciembre inauguro este muro de la ignominia TERF. Me motivan dos razones: en primer lugar, la solicitud de una TERF (luego compartiré sus tweets) donde solicita que les proporcionen impresiones de pantalla de personas trans que supuestamente les agreden, y dos, el que inicia este muro, la frivolización rídicula, sin sentido ni el menor respeto a la dignidad humana de las personas trans y las exigencias políticas que hemos hecho por años. Es una vergüenza y aquí quedarán para que la Historia nos juzgue a todxs.

(26/dic/2919) Si alguna vez nos indignamos de las falsas candidaturas trans en Oaxaca durante el proceso electoral de 2018, aquí se repite el mismo patrón pero con descaro total.
La decepción a toda una generación que creció pensando que otros mundos sí eran posibles. Para más información recomiendo este video de Siobhan Guerrero.
¿Formas de mujer? ¿Olor de mujer? ¿Vagina auto lubricante? Lo dijo una mujer Cis-lesbiana para “racionalizar” un deseo sexual específico que parece rayar en la cosificación.
Más pánico moral sin tomarse la molestia en conocer las propuestas que justo permitirían visibilizar a la diversidad de mujeres cis y trans de orientaciones sexuales no normativas. Aquí hay más argumentos sobre cómo articular la identidad de género con estudios y análisis con perspectiva de género.
Un claro ejemplo de pánico moral a través de supuestos argumentos “visionarios”.
La desgenerización hacia las mujeres trans y un acercamiento ignorante y desinformado acerca de las orientaciones sexuales. La genitalización de sus posicionamientos teóricos les llevan a tener estas conclusiones garrafales.
El cinismo: atacando y desgenerizando a Elsa, una niña #trans
Continúan promoviendo la patologízación de las identidades trans: “ Trans es bello generalmente tiene un tono similar al de la Anorexia es bella o incluso la cirugía plástica es bella. Más allá de la no conformidad de género no hay nada de bello en tener disforia de género y sentirse increíblemente estresado con tu cuerpo”
Alrededor del debate sobre el reconocimiento de la identidad de género de las infancias trans (enero/2020)
Alrededor del debate de la llamada Ley Trans de España (enero/2020)
Cuando insisten en borrar no sólo las identidades trans sino su lucha histórica.
El transborrado, la estigmatizacióm, la vil mentira y la mirada históricamente condescendiente hacia activistas trans jóvenes y con un gran trabajo de

[Entrevista] “Si barren a las transexuales, después irán a por las feministas” por Marina Sánchez


De Revista Contexto (CTXT) / Por Nuria Alabao / 26 de diciembre de 2019

Marina Sáenz, en las Jornadas Feministas de CTXT, Zaragoza, 2018. MANOLO FINISH

Marina Echebarría Sáenz es doctora en derecho, profesora de la Universidad de Valladolid y activista del movimiento LGTBI. Ha participado tanto en el proceso de elaboración de la Ley de Cambio de Sexo Registral del 2007 como en la elaboración de diversas leyes autonómicas. Echevarría ha sido vicepresidenta de la Fundación Triángulo, donde también coordinó un grupo de personas transexuales dentro de la Fundación que tenía fines asistenciales y de representación política.

Más allá del surgimiento de partidos de ultraderecha como Vox, estamos asistiendo a una emergencia de posiciones que, dentro del feminismo, se oponen al avance en derechos de las transexuales, ¿por qué se está produciendo esto?

Ni la homofobia ni la transfobia son modernas, son muy antiguas y siempre ha habido una forma de homofobia que es la homofobia intelectual, la que intenta racionalizar el rechazo que sienten algunas personas. Es muy curioso ver cómo construyen una especie de revestimiento intelectual para no asumir de frente ese rechazo. Ese discurso teórico es bastante fácil de desmontar y de rebatir, pero tampoco hay una verdadera oportunidad de diálogo, porque no es un debate intelectual, sino que se ha convertido en una discusión de trolls en la que parece que gana la que es más grosera y la que más grita.

Siempre ha habido en muchos partidos personas que dicen no ser homofóbicas pero que tienen ese sentimiento de rechazo. Lo que pasa es que ahora se está dando una confluencia extraña: la del integrismo religioso y la ultraderecha nacionalista con gente que, teóricamente, va de progresista o de feminista. Es un maridaje muy raro pero tampoco es desconocido. En Estados Unidos está dando unos frutos tremendos porque estas feministas están proporcionando, de alguna manera, la vestidura intelectual para justificar leyes de discriminación legal: las de objeción de conciencia religiosa –por las que te pueden excluir de servicios públicos porque consideran que no eres un ejemplo de vida conforme a sus sentimientos religiosos–; o las que sirven para excluirte de los espacios comunes –váteres, vestuarios– utilizando el argumento de que al ser en realidad “un hombre” eres una potencial agresora de mujeres. Con estos argumentos se legitima la exclusión y la discriminación de las leyes, que acaban pasando gracias a esta convergencia rarísima de gente, que presuntamente es feminista, con gente de la ultraderecha más antifeminista que puede existir.

“ES UN DESPROPÓSITO QUE UN MONTÓN DE GENTE SE ESTÉ CENTRANDO EN ATACAR A LAS MUJERES TRANS, EN PERSEGUIRLAS POR REDES PENSANDO QUE ESO ES EL MOVIMIENTO FEMINISTA Y QUE ESO ES ACTIVISMO”

Es un despropósito que un montón de gente se esté centrando en atacar a las mujeres trans, en perseguirlas por redes pensando que eso es el movimiento feminista y que eso es activismo. Es extraño que estén centradas en atacar al 0,01 de la población mientras, que yo sepa, la sociedad patriarcal está ahí enfrente. Supone una distracción brutal del objetivo –que forma parte de una especie de reacción–, porque habíamos identificado el auténtico problema, que era la conceptualización del patriarcado, la definición de la estructura machista de la sociedad. Y cuando empezamos a centrarnos no solo en logros parciales, sino en el problema de base, que es todo el sistema que justifica todas estas discriminaciones, aparece esta cuestión. A mí me parece una distracción, como el tema de la prostitución: divide y vencerás. Divide entre las buenas y las malas mujeres o las que ni siquiera se reconocen como mujeres. A mí me parece que es un intento de segregación y de crear polémicas envenenadas que no puede ser casual. Esto obedece a una estrategia bien pensada y defendida con medios.

Respecto al reconocimiento del derecho a la identidad que estos discursos atacan, ¿puede explicar qué implicaciones tiene para una persona transexual cambiarse el nombre y sexo en el DNI?

Yo he pasado varios años de mi vida con un documento de identidad que tenía un nombre y un aspecto que lo desmentía totalmente. Y te puedo asegurar que cada vez que vas a hacer un contrato, a pagar con una tarjeta o a hacer cualquier gestión, terminas teniendo que dar explicaciones o con sospechas y dudas y llamando la atención. En realidad no nos damos cuenta, pero este es un país muy policial. ¿Cuántas veces a la semana tienes que presentar tu DNI para realizar una gestión? ¿Cuántas veces se te pide que justifiques quién eres? Vivir con la documentación que no se corresponde con tu identidad es un obstáculo diario para las personas transexuales.

¿Cómo se cambia la identidad registral de una persona trans ahora mismo y cuáles son las demandas que están sobre la mesa?

Hoy, para cambiar tu identidad, tienes que tener un certificado psicológico o psiquiátrico que diga que tienes disforia de género y haber pasado dos años de tratamiento hormonal –o acogerte a alguna de las excepciones porque estabas operada de antes, etc.–. Esta es una situación peculiar porque se te pide un diagnóstico que tiene dos fallos. Primero, no tiene ninguna base científica. De hecho, como diagnóstico de una supuesta enfermedad, ha sido abandonado ya, tanto por los redactores del manual de DMS –de diagnóstico de los trastornos mentales– como por la Organización Mundial de la Salud. En segundo lugar, porque un diagnóstico se está utilizando como baremo de derechos civiles de las personas. ¿Desde cuándo tiene que ver tu condición médica o clínica –si lo quieres ver así– con el ejercicio de tus derechos como persona, como mujer en este caso?

Para cambiar esta situación ha habido varios intentos de reforma. En la legislatura pasada hubo tres propuestas. La del PSOE, intentando enmendar la ley del 2007 para despatologizarla. Es decir, que no hicieran falta los certificados médicos para cambiar tu nombre y género en el DNI. Luego había dos proyectos de Podemos que tenían contenidos prácticamente similares: una ley general LGBTI contra la discriminación, que también regulaba la identidad de género, y otra que era más específicamente una Ley de Identidad de Género, pero que también contenía otros elementos. Básicamente tenían el mismo objeto con concepciones distintas. Sin embargo, ninguna de las dos estaba destinada a salir porque, para empezar, hace más de dos legislaturas que no hay una mayoría social clara para regular algunos aspectos de esas leyes que necesitan mayoría de ley orgánica y nadie está haciendo las gestiones para conseguir esa mayoría. Desde luego, Podemos, en la legislatura pasada, se hizo la foto con colectivos pero no demostró ninguna seriedad en la gestión. El PSOE también intentó quedar bien con los activistas y, además, introdujo enmiendas a última hora sobre el no binarismo [las personas que declaran no encajar en las categorías hombre o mujer] pero tampoco hizo los esfuerzos necesarios para sacar su propio proyecto de ley. Al final, los partidos quieren hacerse la foto –hasta el PP cuando nos dice aquello de que no le podemos dar lecciones de derechos humanos–, pero están demostrando una voluntad bastante nula en la implementación de estos principios.

¿Cuáles son los aspectos más destacados de estas leyes que se están discutiendo en el Congreso?

Como he comentado, la despatologización es uno: el hecho de que yo no tenga que pasar ante un médico para justificar mi feminidad porque yo ya sé quién soy. Lo único que podría tener sentido, y no sé exactamente porqué, es demostrar que no tengo una patología por la que no esté esquizofrénica o delirante, pero a las demás personas tampoco se les pide para confirmar su estado civil. La segunda sería que por fin diéramos una solución a los problemas de los menores que se quedaron fuera en la ley del 2007. Los menores también tienen su identidad y eso significa que hay que atender a esas situaciones. Además estamos hablando de menores en una situación de especial necesidad de protección y tutela. La cuestión de las extranjeras también es importante. Somos tierra de acogida a la que viene mucha gente que en su país no puede hacer ningún tipo de cambio y que huye para salvar la vida porque están perseguidas por ser trans. Tenemos que acogerlas y darles también un tratamiento a su identidad. Algo más que es necesario trabajar es la no discriminación. Estamos hablando de un colectivo que tiene un nivel de discriminación laboral brutal. Así como hacen falta intervenciones culturales y educativas.

¿En qué otros países hay leyes de identidad no patologizadoras?

Hay ya varios que han adoptado leyes en este sentido como puede ser Argentina, Suecia, Malta o Irlanda. Y hay varios que están en camino de hacerlo, no seríamos los primeros. En su día la ley del 2007 fue novedosa porque quitó los tribunales médicos y el requisito de la operación genital para poder hacerse el cambio de sexo registral, pero nos hemos quedado bastante atrás en este tema –todavía hace falta el diagnóstico y la hormonación–. Por supuesto hay todavía muchos países en los que estos temas ni si siquiera son planteables, y lugares en los que todavía se nos criminaliza o se nos mete en la cárcel o incluso se llega a aplicar la pena de muerte. No vivimos en un mundo precisamente acogedor para las manifestaciones de diversidad sexual.

“EN SU DÍA LA LEY DEL 2007 FUE NOVEDOSA PORQUE QUITÓ LOS TRIBUNALES MÉDICOS Y EL REQUISITO DE LA OPERACIÓN GENITAL PARA PODER HACERSE EL CAMBIO DE SEXO REGISTRAL, PERO NOS HEMOS QUEDADO BASTANTE ATRÁS EN ESTE TEMA

¿Es suficiente el poder cambiar de un género a otro? ¿Qué queda por avanzar, por ejemplo para los que dicen no encajar en ninguna de las dos casillas?

Hoy en día una ley ya no tendría que limitarse a facilitar el cambio de sexo, tiene que ir más allá por el hecho de que hay gente que efectivamente no encaja en las dos categorías –hombre-mujer–. Y esto puede ser por cuestiones biológicas: existe el mundo de la intersexualidad [una persona que nace con una combinación de características biológicas masculinas y femeninas al mismo tiempo] del que estamos descubriendo más cosas, para empezar qué es más común de lo que pensábamos. Por otro lado está el tema de la gente que por su psicología no encaja en ninguna de las dos categorías. En Alemania lo han resuelto reconociendo el no binarismo, pero solo el biológico –no el autopercibido–, lo que es una forma de etiquetado también, porque ya está señalando a una persona que tiene una constitución sexual o genética distinta. En otros sitios se está intentando plantear precisamente el reconocimiento de estas identidades no binarias, por la sencilla razón de que no hace falta que el Estado se meta en nuestra ropa interior. Qué sentido tiene esta clasificación estricta, por qué es tan doloroso o peligroso que exista gente que decida no jugar a este sistema de clasificación. Estamos hablando del respeto del derecho a la personalidad que está en la Constitución Española.

Uno de los argumentos que se utilizan para agitar el pánico moral es el de “la infancia amenazada” por las leyes de identidad de género. Se dice que se van a resignar quirúrgicamente a niños.

Nadie ha pedido que se opere a menores de edad, que de hecho está prohibido por una ley orgánica, la de protección a la infancia y la adolescencia. Estamos hablando de atender a la identidad de los menores y de retrasar la intervención hormonal hasta que esté perfectamente clara su manifestación de identidad. Desde luego nadie ha planteado hacer operaciones quirúrgicas en menores de edad, no hay ninguna ley que proponga esto, con lo cual es un pánico infundado. 

Sin embargo, sí que hemos constatado que los menores a los que no se atiende su identidad tienen problemas de escolaridad, de integración e incluso de autolesiones; están más inclinados hacia un posible suicidio y desgraciadamente tenemos bastantes ejemplos. Mientras que aquellos a los que se les permite socializar según su género autopercibido pues tienen una socialización perfectamente normal –si no son atacados u objeto de bullying–. Quiero recordar que hace poco ha muerto una chica jovencita que ha sufrido siete años terapia de reconversión para dejar de ser lesbiana. Estos siete años de terapia de reconversión le han conducido a la muerte. 

En definitiva, no atenderles también es una forma de conducir al desastre a muchos menores. El pánico moral deberíamos sentirlo por aquellos que están dispuestos a discriminar a menores, a fomentar que sean atacados en las escuelas, que finalmente abandonen el sistema escolar y terminen así pronto en una vida de marginalidad como ha ocurrido históricamente.

Otro de los argumentos que estamos oyendo en esos ataques es el de que las transexuales pueden ser una amenaza para las mujeres en baños o vestuarios.

Hay una estadística que dice que en los sitios que se sigue encarcelando a las mujeres transexuales en prisiones de hombres, hasta un 76% de ellas reciben abusos sexuales. Sin embargo solo conozco un precedente de que una mujer transexual agrediera a sus compañeras en la cárcel. Estamos hablando además de una mujer gravemente psicótica que estaba encarcelada por asesinar a tres o cuatro personas en Gran Bretaña. La agresión se produjo por estos problemas, no porque fuese transexual. Es algo irregular, estamos hablando de un caso. Además, vender la idea de que una mujer transexual por tener o haber tenido en algún momento pene es un agresor potencial… ¿Qué es esto? ¿Dónde está la presunción de inocencia? Al revés sí que ha habido muchos casos de mujeres que han atacado a mujeres transexuales en los baños porque consideraban que no tenían que estar ahí.

“EN LOS SITIOS QUE SE SIGUE ENCARCELANDO A LAS MUJERES TRANSEXUALES EN PRISIONES DE HOMBRES, HASTA UN 76% DE ELLAS RECIBEN ABUSOS SEXUALES”

Además, ese miedo no tiene sentido, si un hombre quiere agredir en un baño eso puede hacerlo ahora mismo sin declararse nada. Los violadores y los agresores sexuales no necesitan un cartelito para realizar los actos que quieren hacer.

¿Cuáles son los otros argumentos que se usan para este discurso que pretende frenar derechos?

Hay varias capas. En una está la desinformación: por ejemplo ese comunicado [del Partido Feminista] hablando de operaciones quirúrgicas a menores, de leyes que legalizan los vientres de alquiler o que atacan la identidad femenina… Pero resulta que en los borradores de ley a los que hacen referencia o los que se han aprobado –y que parece que no conocen– no hay nada de eso. Por un lado hay mucha desinformación y muchos bulos que aparecen primero en canales como 4Chan que es desde dónde salen las mentiras de la ultraderecha y luego se replican. 

Luego está en un segundo plano la deformación de los argumentos. Por ejemplo, el coger a la parte por el todo. Usas a una persona no binaria que se manifiesta de una manera muy radical y lo conviertes en el discurso colectivo de todo el movimiento. Eso implica sacar a esa persona de su propio contexto y pretender que sea representativa de todas las transexuales. En un tercer plano está la apelación a la emoción, la apelación a los sentimientos antitrans que están ahí, lo que conecta con el hecho de que mucha gente de repente se siente reconfortada porque alguien se los está revistiendo de argumentos “intelectuales”.  

Estos discursos contra las personas transexuales y sus derechos –ya sean emitidos desde la extrema derecha o desde el feminismo– ¿pueden aumentar un clima social de odio y por tanto, las agresiones?

Estamos constatando día a día un empeoramiento. Estamos comprobando cómo están aumentando los incidentes, los insultos y las agresiones y esto es porque se está excitando a la gente. Se está echando gasolina al fuego de manera insensata por parte algunas dirigentes y de algunos medios, los que está provocando que algunas mujeres se sienten amenazadas, o con ira y legitimadas para hacer cosas, como atacar a las trans, que de otra manera normalmente no habrían hecho. Está subiendo el tono social y nosotras somos una capa muy frágil desde el punto de vista social y lo estamos notando. Claro que sí.

“ESTAMOS COMPROBANDO CÓMO ESTÁN AUMENTANDO LOS INCIDENTES, LOS INSULTOS Y LAS AGRESIONES Y ESTO ES PORQUE SE ESTÁ EXCITANDO A LA GENTE.”

Ha habido incidentes como la expulsión de transexuales de espacios feministas, aunque también se han dado casos de solidaridad perfecta. Hay grupos que se están conformando como auténticos grupos de odio. Estamos viendo plataformas que sueltan exabruptos, chistes, que son verdaderamente terroríficos, como las que dijeron en la Escuela Feminista Rosario de Acuña en Gijón este año. Es un auténtico discurso troll. Y hay gente que inmediatamente encuentra una justificación para ejercer violencia. Es como cuando los dirigentes religiosos te señalan como el pecador, el perverso. Efectivamente no han dicho que te peguen, ni que te maten, pero claro, tienen incidencia en la comunidad a la que se dirigen. Hay un principio de responsabilidad social en el discurso. Y aquí hay gente que está diciendo: “Solo estoy haciendo un discurso teórico”. Bueno, pues las implicaciones sociales de tu discurso teórico se llaman discriminación, se llaman exclusión, se llaman más agresiones. Tienes que responsabilizarte de lo que dices y sus consecuencias, no te puedes quedar enquistada en tu torre de marfil.

¿Hay peligro de división en el movimiento LGTBI por este nuevo clima social?

Siempre ha habido peligro de división en el movimiento, entre la L, la G y la T o la I. Siempre ha sido un movimiento que ha tenido tendencias centrífugas. Pero yo creo que todos somos conscientes de que estamos afrontando un movimiento de regreso del péndulo hacia lo conservador. Conseguimos una serie de derechos –tampoco todo lo que pretendemos ni mucho menos-, y ahora viene la reacción. Y somos conscientes de que nos jugamos mucho en esta revancha porque aquí hay un intento de constituir una nueva legalidad que nos pueda discriminar, o de volver a crear una presión social para que no nos podamos manifestar abierta y públicamente. De alguna manera nos ha tocado estar en la primera línea del frente, y en especial a las mujeres transexuales. Y si a nosotras nos barren, pues después irán las feministas, a por el aborto, etc. y continuarán hasta que regresemos a ese modelo social tradicional que tanto gusta a algunos nostálgicos del franquismo.

AUTORA

Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes @NU_ALABAO

Asesinan a Andrea Nayhelli, activista #trans que luchó por libertad sexual en #CDMX


Por elgráfico.mx / de Redacción / 24 de diciembre de 2019 / Se ha corregido la redacción original que desgeneriza y malgeneriza a la víctima por Rebeca Garza

El cadáver fue llevado por peritos a la morgue de la coordinación territorial IZP-9, donde ya se investiga la causa de su muerte.

María Eugenia encontrado asesinada a su hermana trans Andrea Nayhelli en el interior de la estética que tienen en la colonia Santa Martha Acatitla en Iztapalapa.

La víctima fue vista la última es con vida el pasado sábado a las 9:30 de la noche cuando ambas cerraron el local y se despidieron.

El domingo por la mañana, María Eugenia abrió la estética -con razón social de “Nayhelli” y encontró el lugar desordenado.

Al revisar en uno de los cuartos del local, la mujer halló a Andrea Nayhelli en el piso y con huellas de violencia, como no respondía pidió una ambulancia.

Ahí los paramédicos revisaron a la víctima pero ya había fallecido sin que se precisaran las causas del deceso. De acuerdo con María Eugenia, su hermana Andrea Nayhelli Alonso Ramírez, mujer trans de 46 años, luchó por el derecho de las personas a elegir su sexualidad.

El cadáver fue llevado por peritos a la morgue de la coordinación territorial IZP-9 donde ya se investiga la causa de su muerte.

Otro caso: sin identificar

El pasado 21 de noviembre fue encontrado el cadáver de otra persona trans junto al Centro de Mando de la Policía Federal, también en Iztapalapa. El cuerpo estaba envuelto en cobijas, presentaba huellas de tortura y dos impactos de bala en la cabeza.

[Traducción] “La visibilidad #trans no nos salvará” por Alex Berman


Por BuzzFeedNews / de Alex Berman / 04 de diciembre de 2019 / Traducción Libre por Rebeca Garza

Las personas trans en 2019 están más representadas en la cultura dominante que nunca, pero eso no necesariamente ha mejorado nuestra vida cotidiana. Entonces, ¿por qué deberíamos estar luchando?

Alex Berman, mujer trans que escribe y hace crítica con sede en Toronto.
Ben Kothe / BuzzFeed News; Instagram / jacobtobia, YouTube / ContraPoints, Time Inc., Getty Images / Via instagram.com youtu.be

YouTube no es solo un pozo negro de argumentos de mala fe, teorías de conspiración y propaganda de derecha. Para las 760,000 personas que se suscriben a ContraPoints, es una puerta de entrada a un mundo de campamento y filosofía crítica.

ContraPoints es un canal dirigido por la artista y autodenominada “ex filósofa” Natalie Wynn, de 31 años, que lo usa para responder a las narrativas de derecha que dominan la plataforma. Sus videos, que profundizan en todo, desde incels hasta estética, que acumulan millones de visitas, son inteligentes e irreverentes, bien investigados y totalmente realizados. Sus esfuerzos por desacreditar a todos, desde las feministas de extrema derecha hasta las radicales anti-trans (TERF) mediante el uso de su propio estilo retórico contra ellas, ha recibido críticas brillantes en Current Affairs, The Verge, Vice y The New Yorker. Los Angeles Times la llamó “esa presencia rara en nuestros tiempos clamorosos: una voz de internet que no resuena con rabia sino con sátira, humor y [y] matices”.

Wynn es una figura pública convincente, y la prensa que rodea sus videos la ha convertido en una celebridad de internet. Pero Wynn también es una mujer trans, y para las mujeres trans, un reconocimiento más amplio a menudo conlleva más riesgos, tanto grandes como pequeños.

A principios de septiembre, Wynn tuiteó sobre algunas de sus frustraciones con el fenómeno de un “círculo de pronombres”, cuando las personas en espacios aparentemente trans incluyentes trans se presentan con sus pronombres. Wynn sugirió que este intento de acomodo podría terminar atrayendo atención adicional no deseada a las personas trans que también asisten.

Wynn disparó una serie de pensamientos adicionales sobre quién se beneficia de estas presentaciones y de la visibilidad en general. Tuiteó (y luego eliminó) la frustración con “lxs radicales” y su fijación en “nueva visibilidad”; le siguió con otro tweet ahora eliminado: “Soy amiga de muchas personas trans de Gen Z, y a menudo me agrupo con ellxs porque estoy muy en línea y hice la transición no hace mucho tiempo. Pero mi experiencia es muy diferente. No soy un zoom de vanguardia trans. A veces me siento como la última de las transexuales de la vieja escuela “.

Esta debacle llevó a Wynn a desactivar temporalmente su cuenta de Twitter. (Lo revivió unas dos semanas después, bromeando: “si alguna vez tuiteo algo parecido a una opinión, por favor castígame severamente”). En los días y semanas que siguieron, la sombra del incidente solo se hizo más grande.

Durante esa tormenta de tweets inicial, Wynn argumentó cosas como los círculos de pronombres y el impulso hacia un lenguaje más neutral en cuanto al género en general “se produce a expensas menores de personas semi-pasables como yo”, evidencia que luego se usó en hilos de Reddit, tormentas de tweets, videos explicativos de YouTube, publicaciones de blog y artículos críticos para indicar que Wynn supuestamente odia a las personas no binarias, o que su “cancelación” fue un síntoma de un problema mayor con el caótico tema de la inclusión trans. Algunos comentaristas de la derecha utilizaron el incidente para difamar a “activistas transgénero” por su hipersensibilidad. Dado que en su último video presentaba a Buck Angel, un hombre trans que generó controversia por señalar que la visibilidad de las “personas transgénero” es una amenaza política para las personas transexuales legítimxs como él los debates sobre Wynn y su política se han intensificado aún más.

Durante la primera semana de noviembre, Wynn se alejó de Twitter por segunda vez en tres meses, aparentemente para bien, dejando una nota final que indica su amor y apoyo para las personas no binarias.

Sería fácil atribuir el asunto de ContraPoints a un ejemplo de “cancelar la cultura” que ha llegado demasiado lejos, un síntoma del déficit de empatía y apetito de sangre de la izquierda radical enloquecida. Sería igual de fácil argumentar que Wynn obtuvo lo que merecía y celebrar la rapidez jurídica de Internet al responder a lo que podría interpretarse como una especie de discurso de odio.

Pero ambas interpretaciones no logran captar lo único y convincente de este escándalo, que es síntoma emblemático de tensiones más grandes y visiones políticas contradictorias en las discusiones públicas de la vida trans hoy, desde estudios queer y trans en la academia, hasta la cobertura de los derechos trans en la corriente principal como la prensa, los debates diarios entre personas queer y trans en las redes sociales.

“Por un lado, sabemos intelectualmente que lo “trans” no necesariamente implica una política, porque una persona trans es solo una jodida persona”, me dijo por teléfono el escritor y crítico Andrea Long Chu en septiembre. “Pero hay claramente un significado político en la propia capacidad de hablar de lo trans. Por lo tanto, existe una tensión inherente “. Para Chu, de 27 años, el debate sobre ContraPoints y la profecía autocumplida de Wynn de una división generacional en la comunidad trans señalaron las diferentes formas en que las personas quieren sentirse como si estuvieran bajo el inestable paragüas de lo trans.

Creo que para muchas personas, incluidas aquellas que Wynn pudo haber imaginado con la frase “enfoque vanguardista trans” que la identidad trans significa algo político. En cierto nivel, sería ridículo suponer lo contrario: incluso poder describirse a sí mismo como trans en una forma pública requiere un tipo de conciencia política. Nuestra existencia, dice el dicho, es resistencia. ¿Pero es nuestra existencia realmente resistencia por sí misma?

Las personas trans en 2019 son increíblemente visibles: las identidades no binarias y la estética andrógina han ganado atractivo general. Personas influyentes y celebridades han puesto nuestras ideas y defectos en el escenario internacional, nuevos argumentos han abierto viejas heridas en las páginas de periódicos célebres y pasquines de derecha y las luchas por la identidad y la expresión han llegado a los más altos cargos del gobierno. En un contexto de asesinatos múltiples y altamente publicitados de mujeres trans negras y latinas, la identidad trans ha sido objeto de comedias especiales, artículos de opinión, audiencias públicas, casos legales y decisiones de la Suprema Corte, hasta el punto de que los cuestionamientos de lo que ” significa “ser trans” son de repente ineludibles. Este ha sido un año de contradicciones sorprendentes: una en la que las divisiones debajo del débil paraguas que llamamos la “comunidad trans” se han vuelto cada vez más marcadas y las apuestas parecen imposiblemente altas.

La visibilidad y la representación pueden ser profundamente afirmativas para las personas marginadas de la corriente principal. Pero las políticas de identidad y su reconocimiento han eclipsado las formas en que ésto conlleva consecuencias únicas para algunas personas trans y no para otras. El incidente de ContraPoints es un ejemplo de cómo las narrativas de las vidas trans a menudo no tienen en cuenta los factores complejos de la raza y la clase. Y como consecuencia, todo el corpus del discurso trans, particularmente en Internet, requiere una reconsideración crítica.

Nuestra existencia, dice el dicho, es resistencia. ¿Pero es nuestra existencia realmente resistencia por sí misma?

Alex Berman

Han pasado cinco años desde que la aparición de Laverne Cox en la portada de la revista Time anunció la era del llamado “punto de inflexión transgénero”. Desde entonces, la política de identidad y visibilidad trans han dado lugar a más campañas publicitarias de #génerofluido y ganancias individuales para unas pocas personas trans ahora famosas, esfuerzos que a veces han ayudado a las personas trans a sentirse menos solas al tiempo que alienta a las personas cis a comprender mejor la identidad y la humanidad de las personas trans. Pero a pesar de que la representación trans en los medios está en su punto más alto, la mayoría de las personas trans todavía viven en condiciones precarias y profundamente desiguales. Más urgentemente, las mujeres trans negras y latinas están muriendo en números récord, y muchas más están sufriendo en las calles. El año está por terminar; en 2020, vale la pena preguntarnos qué debería venir después. Si el reconocimiento no puede traernos la revolución, ¿por qué deberíamos estar luchando?

YouTube / ContraPoints / Via youtu.be

“La transexualidad”, escribió la estudiosa feminista Viviane Namaste en 2001, “trata sobre la banalidad de comprar pan, hacer fotocopias, arreglar el zapato. No se trata de desafiar el sistema binario de sexo / género, no se trata de hacer una intervención crítica cada segundo del día, no se trata de comenzar la Revolución de Género. Los teóricos queer, así como los teóricos transgénero como [Leslie] Feinberg y [Jack] Halberstam, simplemente no lo entienden “.

Para Namaste, quien dedicó su vida profesional a mejorar la prisión canadiense y los sistemas de atención médica para las personas trans, no había nada excepcional o incluso terriblemente interesante en ser trans. No queríamos ser visibles, políticos, radicales o revolucionarios, simplemente teníamos que ser esas cosas, aunque solo como resultado de vivir discriminación.

No sé cómo me siento sobre el argumento completo de Namaste; seguramente Leslie Feinberg, una comunista revolucionaria cuya escritura y activismo histórico y político exigieron que los lectores reconocieran la personalidad trans y respaldaran la solidaridad de la clase trabajadora, lo entendió. Aún así, el punto de Namaste es interesante de considerar, al menos porque su encuadre suena inquietantemente familiar para la dicotomía de Wynn entre las personas “trans con enfoque vanguardista” y las personas “transexuales de la vieja escuela”. Mientras la identidad trans ha existido en la corriente principal, ha habido tensiones entre quienes simplemente se esfuerzan por vivir una vida normal y quienes han imaginado la experiencia trans como un proyecto político, algo que tendrá éxito o fracasará en la búsqueda de la liberación queer y la revolución de género.

Siempre ha habido tensiones entre las personas trans que simplemente se esfuerzan por vivir vidas normales y aquellas que han imaginado la experiencia trans como un proyecto político.

Alex Berman

Comencé a identificarme como trans en 2015, el mismo año en que la Suprema Corte legalizó la igualdad matrimonial a nivel nacional, un momento en que la “visibilidad trans” aumentaba en la corriente principal por su aparente capacidad para mejorar la vida cotidiana de las personas trans. Después del “punto de inflexión transgénero” en 2014, las sensacionales personas trans y la estética estaban de moda, obteniendo reportajes y anuncios de videos de la talla de Mic, NowThis, Bustle y otras publicaciones en línea amigables con LGBTQ y su pivote para empresas de video (prefigurando los lanzamientos de 2017 de Into and Them). Para 2016, no era raro escuchar a la gente hablar sobre “abolir el género” o “romper el binario”, incluso si todo lo que realmente hicieron fue ponerse lápiz labial. Pero estos fueron los últimos años de Obama, cuando fue fácil vender la idea de la representación como una cura para todos los males sociales. Ser diferente fue emocionante; junto a mis compañeros gays privilegiados, lo engullí todo.

Luego, en 2016, en el mismo campus del que me acababa de graduar, Jordan Peterson, un profesor intelectual y de psicología de derecha, declaró su guerra cultural contra la identidad no binaria, alegando que la “ideología de identidad de género” iba a derribar la civilización occidental. Ese mismo año, Milo Yiannopoulos realizó su Dangerous Fagot Tour, acosando a mujeres trans en varios campus de los EE. UU. Los conservadores culturales comenzaron a combinar la identidad trans con un asalto estalinista contra la “libertad de expresión” y los “valores tradicionales”. Era un vínculo ontológico extraño: no existíamos, pero de alguna manera representamos una amenaza existencial.

Muchas personas trans y nuestras alianzas respondieron a la propaganda de la derecha duplicando el potencial radical de la visibilidad trans, utilizándola como la base de una política general de resistencia. Ser trans significa estar en violación de las reglas que la sociedad creó en torno a hombres, mujeres, sexo y encarnación. Fuimos evidencia de que el sistema estaba roto, entonces ¿por qué no destruirlo por completo y construir algo nuevo? Otrxs, sin embargo, estaban más preocupadxs por demostrar nuestra disponibilidad para ser buenxs ciudadanxs y sujetxs gobernables: Sí, las personas trans existen, pero no queremos hacerte daño.

Un hashtag viral, #WeJustNeedToPee (#SóloNecesitamosHacerPipí), sugirió que no estamos tratando de reescribir las reglas de la sociedad. Solo estamos tratando de ir al baño, a la escuela, al trabajo o al supermercado, lo que Namaste llama la “banalidad” de la vida cotidiana. Estas campañas a menudo presentaban personas trans normativas masculinas o femeninas, fotos virales de hombres trans fornidos que preguntaban sarcásticamente si pertenecían a las habitaciones de las mujeres.

Pero al final, a las personas anti-trans no les importa si las mujeres trans que atacan y criminalizan pueden perfomar mejor la feminidad que las mujeres cis. De hecho, muchas personas transmisóginas afirman que las mujeres trans son anti-mujeres precisamente por intentar ajustarse a las expectativas sexistas que se les imponen. No había forma de que ganáramos contra el patriarcado y el cissexismo por la perspectiva normativa que percibe a las personas trans como anormales y aberrantes, al intentar jugar según sus propias reglas jodidas estábamos teniendo una conversación equivocada.

Es comprensible que algunas personas trans quieran elevar la promesa de visibilidad, todo con la esperanza de que se traduzca en una mayor libertad para todas las personas trans. Cuando otra feminista radical transexcluyente y odiante (o “TERF”) está difundiendo tonterías sobre pánicos acerca de las personas trans que se atreven a practicar deportes, o cuando las opiniones “críticas de género” aparecen como historias de portada o en el periódico, es tentador responder con fotos de niñxs trans de aspecto inocente o súplicas personales para su reconocimiento. La esperanza es que al normalizarnos, y al ser visibles en nuestra normalidad, podamos compensar las barreras que mantienen a las personas trans en los márgenes de la sociedad.

Los tipos de pronombres que incomodan a Natalie Wynn, así como las acciones más sutiles, como los pronombres en las biografías de Twitter o las firmas de correo electrónico, son intentos serios de hacer que las personas trans sean más visibles y, por lo tanto, con más aceptación. Pero me preocupa que hayamos exagerado la importancia y el valor político de la visibilidad en la medida en que algunxs de nosotrxs supongamos que es la única herramienta con la que tenemos que trabajar o el único objetivo que vale la pena buscar. Entre las personas extremadamente conectadas y relativamente acomodadas, como artistas trans blancas con credenciales académicas, activistas en línea con familias ricas y alianzas cisgénero celebradxs en galas sin fines de lucro, el lenguaje y la plataforma de visibilidad se invocan erróneamente como una solución a la violencia enfrentado por todxs bajo el paraguas trans.

Mi amigx Edgar Núñez, de 26 años, es unx artista no binarix con sede en San Diego. Ella me dijo durante una conversación reciente que las discusiones públicas sobre la “visibilidad” y el reconocimiento trans son a menudo una forma abreviada de pasabilidad, la capacidad de ser percibidx como el género de uno, que a menudo se basa en los niveles de privilegio racial y socioeconómico. En su opinión, comentarios como los de Wynn sobre las personas trans hipervisibles de la Generación Z dan por sentado la blancura de sus temas.

Al implicar que el deseo de las personas no binarias de que sus géneros sean reconocidos y afirmados es antagónico con los objetivos de las personas trans binarias que quieren pasar, Wynn demostró inadvertidamente el problema principal con tanto discurso de “visibilidad”. Mientras que ella y otras personas “transexuales de la vieja escuela” autoidentificadxs (Wynn tiene solo 31 años) anhelan pasar como los géneros que son, la posibilidad misma de esa “pasabilidad” está relacionada con cuestiones de raza y clase. En muchos sentidos, la transfobia es un subproducto del racismo social: el género es racializado y, en consecuencia, vigilado. Las lógicas raciales hacen que ciertas personas trans sean más visibles, y peligrosamente, que otras.

Por lo tanto, para las personas trans negras y latinas, la visibilidad no siempre es un objetivo. Más a menudo, como señaló la artista Martine Syms, “la representación es una forma de vigilancia”: la visibilidad no se traduce en aceptación, sino en mayor atención, escrutinio y restricción. “Para las personas negras y latinas, el Estado ya está generalmente en contra de nosotrxs”, dijo Nuñez. “Ya tenemos mucha atención. Nadie está tratando de ser visible, al menos no como imagina [Wynn]. La clase tiene todo que ver con eso. Combinar ser no binario con una presentación específica e hipervisible es muy limitado “.

Nuñez me dice que, cuando está en público, es más probable que reciba atención no deseada de extraños que, por ejemplo, una mujer trans blanca que puede pasar como cisgénero la mayor parte del tiempo. Su visibilidad es totalmente desagradable; ya sea que ese extraño sea un policía, un arrendador o una persona blanca particularmente agresiva, todos son más propensos a ver a Núñez como (en sus palabras) “una cosa peligrosa, criminal y morena” en lugar de un modelo de personalidad radical transgénero.

“Para las personas negras y latinas, el Estado ya está generalmente en busca de nosotrxs … Ya tenemos mucha atención. Nadie está tratando de ser visible “.

Edgar Núñez

Las contradicciones entre estos dos tipos muy diferentes de visibilidad se hicieron evidentes la misma semana en que las personas trans en línea se levantaron en reacción a los tweets iniciales de Wynn. Mientras todxs discutían sobre ContraPoints, una chica trans negra de 17 años llamada Bailey Reeves acababa de ser asesinada a tiros en Baltimore, la misma ciudad donde vive Wynn. A pesar de la gravedad de este evento, su publicidad, su violencia y su dolorosa similitud con el número devastadoramente alto de otros asesinatos de mujeres y niñas negras trans este año, la muerte de Reeves pareció causar muchas menos olas en Internet que los argumentos hacia ContraPoints. Y eso, en sí mismo, es revelador. Mientras que por un lado continuaron los debates de larga data sobre las mejores formas de presentar la identidad trans en línea; por otro lado se vio un largo patrón de muertes de personas negras y latinas trans y la forma en que esas muertes a menudo se ven eclipsadas por las preocupaciones sobre la comodidad de las personas blancas.

Todas las personas trans sufren debido al cissexismo. Todos los incidentes de atropello y acoso son cicatrices. Aún así, cuando observamos las condiciones de pobreza, precariedad y vigilancia excesiva en las que viven y mueren la mayoría de las personas trans, comienzan a surgir diferentes tipos de patrones. Reeves era una joven negra en una de las ciudades más segregadas de riqueza de Estados Unidos, donde la policía disparó y mató al menos a cuatro personas negras solo este año. La visibilidad y el reconocimiento trans se han disparado, pero las mujeres trans negras y latinas siguen muriendo. No parece que una política de visibilidad realmente pueda salvar a lxs más vulnerables entre nosotrxs.

Poner fin a esta epidemia puede requerir algo diferente a un anuncio trans-positivo de Instagram de otros puntos de búsqueda de marcas, un acuerdo de libros de otra microcelebridad transexual de redes sociales sobreexpuesta o una sesión de inclusión en el lugar de trabajo a raíz de un incidente erróneo en la oficina, o , para el caso, #cancelando a alguien como Natalie Wynn por sus comentarios poco elegantes sobre personas no binarias. Parece que toda la visibilidad en el mundo no cambiará la forma en que algunos cuerpos son valorados sobre otros. Entonces, ¿cómo podría ser ese algo diferente?

“En el momento del “punto de inflexión trans “, había entusiasmo en torno a la idea de que la identidad en sí misma era una ruptura”, me dijo recientemente Alyson Escalante, de 27 años, por teléfono. Escalante es una mujer trans chicana y coautora del podcast Red Menace. En 2016, su ensayo Gender Nihilism: An Anti-Manifesto fue uno de los textos en línea más leídos y citados sobre las contradicciones de esta época dorada de la política de representación.

“Mi pensamiento en ese momento era que la identidad no puede ser radical, por lo que debe ser destruida”, dijo Escalante. “Desde entonces, mi organización ha estado más interesada en abordar el tema de la clase: las condiciones reales en las que viven las personas trans proletarias”.

¿De qué sirve la ropa de género neutro sin el dinero para comprarla? ¿Por qué preocuparse de que un arrendador respete sus pronombres si no se puede pagar el alquiler?

Alyson Escalante

Ella tiene un punto. Estadísticamente, la mayoría de las personas trans realizan trabajos precarios en condiciones de mierda. Muchas mujeres trans están involucradas en el trabajo sexual, lo que significa que a menudo son criminalizadas y se les niega cualquier tipo de protección en el lugar de trabajo, y mucho menos los beneficios básicos de salud. Incluso las estadísticas deprimentes, como el hecho de que el 78% de las personas estadounidenses transgénero han experimentado acoso anti-trans en el lugar de trabajo, aún asumen que la mayoría de las personas trans están trabajando en entornos formales de trabajo. De hecho, estudios en los Estados Unidos indican que las personas trans experimentan desempleo al doble del promedio nacional; entre quienes que están empleadxs, el 44% solo pudo adquirir trabajo temporal, a tiempo parcial o con salarios bajos. Cuando una mujer trans llamada Alloura Wells desapareció en Toronto en 2017, la policía le dijo a su familia que debido a que no tenía hogar, no era “una prioridad”. En un estudio realizado en 2015 por el Centro Nacional para la Igualdad Transgénero, solo el 13% de las personas encuestadas habían trabajado formalmente en el último año. Según esa misma encuesta, se encontró que el 29% de las personas trans viven en la pobreza (aproximadamente el doble del promedio nacional), y las personas trans negras son las más afectadas. Más del 40% de las personas trans negras en los EE. UU. han quedado sin hogar en algún momento. (Irónicamente, y tristemente, a pesar de su conocimiento de esta realidad racial y socioeconómica, el Centro Nacional de Igualdad Transgénero en sí mismo fue recientemente criticado por romper constantemente los sindicatos y crear una cultura de abuso racial para los empleados no blancos).

Estos números son sombríos, pero pintan una imagen precisa de la vida de la mayoría de las personas trans, especialmente las de color. Sus preocupaciones más apremiantes no son las de reconocimiento y comodidad, sino los tipos de problemas que afectan a las personas trabajadoras en todos los ámbitos: la amenaza del aumento de los costos, los bajos salarios, la inflación de la deuda, los trabajos de mierda y los servidores públicos que abiertamente no se preocupan si las personas trans viven o mueren.

Claro, el reconocimiento y la adaptación individualizados pueden ser útiles, incluso transformadores para algunas personas trans. Pero, ¿de qué sirve la ropa de género neutro sin el dinero para comprarla? ¿Por qué preocuparse de que un arrendador respete sus pronombres si no puede pagar el alquiler? La verdad es que combatir la injusticia sistémica con reconocimiento individual es como llevar un cuchillo a un tiroteo. Si el experimento del multiculturalismo neoliberal nos ha enseñado algo, es que la discriminación institucional es increíblemente resistente ante las políticas de mayor visibilidad. Canadá aprobó la Ley de multiculturalismo canadiense en 1988; sin embargo, en 2014, el gobierno deportó a un promedio de 35 personas por día. Para Escalante, la controversia en torno a ContraPoints “en realidad ilustra por qué la organización es importante. Porque la política que defiende Wynn, y las que critica, ambas pierden el tema de la clase “.

Mientras hablábamos, pensé en Layleen Polanco Xtravaganza, una mujer trans latina negra que murió en junio en confinamiento solitario en la isla Rikers. Fue detenida allí con una fianza de $500 relacionada con un delito menor relacionado con la prostitución y un cargo de drogas de bajo nivel. Todas estas circunstancias, el encarcelamiento masivo de personas negras, la vigilancia del trabajo sexual, el confinamiento solitario, la fianza en efectivo y la guerra contra las drogas son productos de políticas diseñadas para restringir la vida de las personas negras y criminalizar la pobreza. También son objeto de campañas multigeneracionales en curso dirigidas por activistas de la clase trabajadora negras y latinas.

Según Ngaire Philip, una mujer trans negra y escritora de subvenciones, el incidente ContraPoints y su proximidad a la muerte de Bailey Reeves demuestran cómo los debates sobre la visibilidad y la identidad pueden oscurecer las realidades difíciles que afectan a las mujeres trans, específicamente a las mujeres trans negras, como clase.

Ngaire, de 26 años, vive en Baltimore, donde vive Wynn y donde fue asesinado Reeves. Trabajan con Baltimore Safe Haven, una organización de base que proporciona refugio, suministros de salud y asesoramiento necesarios a las personas que están en “modo de supervivencia”: durmiendo en las calles, lidiando con adicciones y haciendo trabajo sexual de supervivencia. “La gente pasa todo el tiempo junto a personas sin hogar en la calle y fingen que no están allí”, me dijeron por teléfono. “Y muchas de esas personas son negras y trans”.

Ngaire agregó: “Creo que cuando nos enfocamos tanto en las minucias de identidad, nos perdemos lo importante. Terminamos caminando junto a las personas que realmente necesitan nuestra ayuda y tratando de fijarnos en nuestros más pequeños deseos y antojos. Y está bien tener esos deseos, pero no podemos pasar a los que tienen una necesidad extrema “.

Gran parte del discurso trans, las discusiones sobre representación e inclusión trans que tienen lugar en los medios, en la academia cisgénero y en línea, termina reflejando las divisiones de clase y raza dentro de este conjunto laxo de “comunidad trans”. Centrarse en la identidad, la visibilidad, y el reconocimiento puede correr el riesgo de reproducir una imagen muy limitada de lo que significa la vida trans a nivel político. Esto, a su vez, da permiso a líderes culturales y políticos para evitar cambios importantes en las políticas por gestos de representación. Con la bendición de personas influencers, grupos de presión y corporaciones conscientes de la imagen, lectorxs y los televidentes entienden la inclusión trans como algo que se logra a través del respaldo de la marca, los personajes de la televisión trans y las políticas corporativas neutrales al género, en lugar de a través de una vivienda asequible y una reforma de atención médica.

A nivel individual y humano los productos de visibilidad son valiosos: ver más personajes trans en los medios de comunicación da referencias comunes a las infancias trans y sus padres y madres, y las medidas antidiscriminatorias aseguran que los equipos de relaciones humanas estén preparados para apoyar a lxs empleadxs trans. Sin embargo, estas soluciones individualizadas centradas en la identidad no hacen nada para abordar ampliamente los componentes económicos, raciales y políticos de la marginación trans. La identidad trans está muy politizada, pero no es en sí misma una especie de visión o programa político. Nuestras identidades pueden ayudarnos a reconocer la necesidad de la revolución, pero no son una revolución en sí mismas.

“Nosotrxs, como comunidad, estamos familiarizadxs con un conjunto de narrativas transexuales que ahora se consideran orales o narrativas estratégicas creadas para el beneficio de las personas cis: el ‘nacidx de esta manera’ o el ‘cuerpo equivocado’ sería uno de ellos, Andrea Long Chu me dijo. “Pero el hecho es que la identidad no binaria también tiene acceso a narrativas con fugas similares. Y eso se debe a que las personas no binarias, que son seres humanos complejos y completos, pueden, como el resto de nosotrxs, creer muchas tonterías “.

Chu, una chica que me gusta mucho, tiene una inclinación por una escritura impactante que desafía a su audiencia e invierte sus expectativas, lo que la ha convertido en una figura prominente y algo controvertida durante el año pasado. A finales de 2018, escribió sobre su inminente vaginoplastia en el New York Times, abogando por un cambio en el pensamiento sobre las cirugías trans: en lugar de enmarcar las operaciones como una forma de mitigar el “riesgo”, deberíamos reconocerlas como oportunidades para la autonomía corporal, en ese sentido sería el cumplimiento de un deseo que debería defenderse. “El único requisito previo de la cirugía debería ser una simple demostración de deseo”, escribió Chu. “Más allá de esto, ninguna cantidad de dolor, anticipado o continuo, justifica su retención”.

Había mucho que disfrutar sobre el ensayo de Chu. Pero algunas mujeres trans estaban profundamente incómodas con la forma en que describía su cuerpo (refiriéndose a su vagina como una “herida”) y, por extensión, los cuerpos de otras mujeres trans. Kai Cheng Thom argumentó en un ensayo para Slate que la escritura de Chu “roza algunos estereotipos desafortunados de cómo las personas hablan y escriben sobre las personas trans” y “generaliza la transición de una manera que es perjudicial para las personas trans postoperatorias y potencialmente perjudicial para quienes consideran la transición.” Esencialmente, argumentó Thom, incluso cuando Chu pretendía subvertir la narrativa de la transición como una intervención médica de emergencia, su artículo reforzó otras narrativas igualmente insidiosas.

Volver a leer la pieza de Chu, y la respuesta de Thom, me recordó una discusión planteada por la poeta y activista trans Gwen Benaway en su ensayo “Coño”: “Ser una chica trans”, escribió, “a menudo significa que gran parte del mundo te odiará constantemente e intentará deshumanizarte en cada encuentro. Estás obligadx, literalmente, a dar cuentas perfectas de ti mismx para acceder a las instituciones y participar en la vida pública “. Cuando nos enfrentamos a un entorno así, no es de extrañar que muchxs de nosotrxs confiemos en ciertas narrativas probadas y verdaderas para representan algo tan frágil y no fijo como el género.

Pero las narrativas sobre las personas trans, y las mujeres trans en particular, tienen su propio poder. Las consecuencias del ensayo de Chu demuestran cómo nuestra capacidad como personas trans para hablar y abundar sobre nuestros propios cuerpos y experiencias implica navegar prejuicios e ideas culturales preexistentes; cuando crees que has evadido a uno, otro se acerca sigilosamente. Algunas personas trans han encontrado un tipo de poder al definirse en oposición a estas ideas. Pero esa oposición es a menudo una sin dientes. Parafraseando al periodista Harron Walker, la mayoría de los discursos de identidad trans prometen una rebelión “sin tratar de levantar el primer ladrillo”. Y así, las inquietantes narrativas sobre personas trans producidas por porteros, políticos, expertos y especialistas en marketing cisgénero permanecen tranquilos.

El incidente de ContraPoints realmente no nos puede proporcionar una gran teoría de la transexualidad hoy. Sin embargo, vale la pena pensar en el punto de Benaway y en cómo las narraciones a menudo pueden tener una vida mucho más grande que los eventos que describen.

El problema real del cissexismo está ausente tanto en las quejas de Wynn sobre su propia hipervisibilidad como en la caracterización de las críticas hacia las mujeres trans como antagonistas de las personas no binarias. Es el cissexismo lo que nos hace visibles si queremos ser o no, nos castiga por nuestras transgresiones de género e insiste en que nunca podemos ser lo suficientemente reales. Sin embargo, en la controversia de ContraPoints el cissexismo y las personas cisgénero permanecieron sin ser observadas, sin respuesta, sin tener que dar cuenta de sí mismas.

El hecho de que el incidente ContraPoints estalló en un debate tan significativo, posiblemente a expensas de una mayor cobertura y discusión sobre la muerte de Bailey Reeves y los muchos factores sociales, económicos y culturales que lo produjeron, debería decirnos algo sobre las prioridades de un discurso trans preocupado principalmente por la visibilidad y el reconocimiento. También habla de los límites de tocar para una audiencia cisgénero, una característica de los videos de ContraPoints y del discurso de visibilidad en general, que siempre ocurre dentro de los límites definidos de cualquier persona cis que tenga el dinero y la buena voluntad para entretenerlo. “Como en todas las actuaciones”, escribió Benaway, “la audiencia y sus expectativas son la verdadera historia”. Por lo tanto, yo diría que las personas trans no son las beneficiarias principales de este discurso; simplemente somos sus herramientas retóricas.

Es el cissexismo lo que nos hace visibles si queremos ser o no, nos castiga por nuestras transgresiones de género e insiste en que nunca podemos ser lo suficientemente reales.

Puede haber algo catártico en criticar a otras personas trans: al sacudir este paraguas ya endeble, al actuar sobre el resentimiento que sentimos por quienes son demasiado visibles o no lo suficientemente visibles, que pasan o que no parecen querer pasar. Tal vez soy culpable de hacer exactamente eso aquí: llevar mis quejas privadas a un espacio público, arrastrar a mis hermanxs trans a través del barro, tejer mi propio tipo de narrativa; tal vez me he implicado en el problema que intento analizar.

La elección de vivir plena y públicamente como una persona trans me ha costado trabajos, relaciones y conexiones, incluso entre las personas cis más ilustradas, todas las cuales reconocieron mi cara y cuerpo cambiantes como signos de problemas por delante. Sin embargo, la visibilidad ha funcionado en gran medida a mi favor. Después de todo, reforce mi carrera con la ola de políticas de identidad trans (al menos hasta que los medios de comunicación canadienses giraron demasiado a la derecha como para alejarme). Y solo puedo hacer esta crítica de la visibilidad y la representación individual porque la blancura me abre puertas que de otro modo habrían permanecido firmemente cerradas. Si mi diagnóstico es correcto, entonces soy un síntoma del mismo problema que mi receta trata de resolver. Pero creo que las personas privilegiadas deberíamos tener mayor disposición a comprometernos con un programa político que nos despoje de nuestros privilegios no ganados. Si esta visión particular de la política trans va a funcionar, nos exige a aquellos con plataformas y poder unir argumentos en favor de nuestra propia ruina.

Cualesquiera que sean nuestros intereses individuales en esta conversación, cuando miramos las condiciones reales en las que las personas trans viven o mueren como clase, cualquier debate sobre la identidad trans que se limita a cuestiones de visibilidad y experiencia individual siempre se sentirá totalmente inadecuado. Aunque ContraPoints, por su parte, es una víctima de esta matriz de identidad-visibilidad demasiado enfatizada, también es su responsable.

Hablar sobre la identidad trans asume nuestra mera existencia como política, y promover la “visibilidad” como la clave para nuestra salvación ha fallado en salvar a muchas personas trans.

En lugar de respaldar el individualismo burgués personificado en el discurso de la visibilidad, deberíamos trabajar hacia una visión política y un programa de solidaridad de clase y raza basado en la acción colectiva, huelga, sabotaje, protesta y movilización masiva.

El problema no es que la identidad trans no sea política, sino que el discurso de la visibilidad limita nuestra capacidad de hablar en voz alta acerca de una verdadera visión y de un programa político: abolición de las prisiones, vivienda asequible, atención médica accesible, trabajo confiable, autonomía corporal y una redistribución radical de la riqueza riqueza radical de cada quien conforme a su capacidades y necesidades, es decir, una mirada política no de reconocimiento, sino de revolución.

Por Alex Berman, escritora y crítica trans de Toronto. Contacto: Alex Verman en alexverman@gmail.com