17 de diciembre de 2001, Corregidora, Queretaro

“Midewayer” de Joep Beving

Ya lo había advertido mi terapeuta. Las recaídas existen y está bien. Que nunca estaré como hace seis meses. Ambas hemos valorado nuestro avance. Bueno, a partir del viernes pasado nuestras citas se volverán más espaciosas.

Podría decir que es diciembre, la época invernal, lo que alguien me dijo o no me dijo, los dolores acumulados y aún por sanar, las llantos contenidos y las lágrimas acumuladas, los días que son tan cortos pero lo cierto es que la tristeza llegó a habitarme nuevamente.

Lo digo como parte de mi avance. Ahora soy capaz de reconocerla y, aún con mucha timidez, confrontarla, permitirle que habite pero no que permanezca.

Es tan difícil no evadirme y tan difícil evitar sumergirme en los pensamientos de dolor de un pasado que ya se fue o en la ansiedad de un futuro que no está bajo mi control.

Las caminatas conmigo misma y los baños de Sol me han ayudado. Aún más cuando siento mi cuerpo exhausto.

El sol que me acompaña
Sentir cada paso bajo el Sol

Particularmente no han sido días emocionalmente sencillos. Al parecer estuve muy inquieta en la noche. Desperté con un dolor de cabeza muy intenso. La espalda también me dolía. Decidí no medicarme y mejor hurgar dentro de mis pensamientos, hasta donde fuera posible.

Respiré, repetidamente intenté anclarme a mi respiración, estiré mi espalda y controlé el dolor. Ayudó muchísimo. Poco a poco he ido entendiendo esta frase:

“Qué mi mente sea mi lugar de calma y no de tempestades “

Recordé una cita con mis queridas Glenda e Ilsa sobre un escrito al gobierno de Queretaro. Ya era tarde. David me hizo el desayuno cuando está pasando una convalecencia. Ya en la cita, mis hermanas comprendieron mi sentir, me escucharon y me sentí reconfortada.

Poco a poco mi dolor fue disminuyendo pero sin desaparecer. Tres veces las personas representantes del gobierno panista en Querétaro nos querían poner obstáculos para no recibirnos el oficio. Tres veces de la indignación surgió la energía necesaria para contestar y exigir cumplir su función pública.

Con mi querida mana Ilsa

Comimos Glenda y yo en uno de esos bellos rincones que ella ha descubierto. Tuvimos una inolvidable charla -al menos para mi- sobre cómo se sobrevive con ese sentimiento de hartazgo de exigir simplemente existir con dignidad y cómo se vive con ese cansancio acumulado a lo largo de la vida.

“Al menos hoy no nos malgenerizaron” dijo Glenda como una forma tan de ella de hacernos estallar a ambas en risas.

Con toda la tristeza y el dolor soy afortunada porque pude recurrir a los abrazos de David, Ilsa y Glenda. Porque aún seguimos vivas, diría Glenda. Porque se vale hacer berrinche y parar, diría Ilsa. Y porque mientras termino de escribir para desahogarme alguien cuidará mis perritos y mi sueño mientras arrullo mi conciencia con las delicadas caricias del arpa de “Lovers”. Rebe.

“Lovers” de Carter Burwell