El 9 de febrero de 2010 fue el día antes de mi cirugía de reafirmación de género o como era usualmente conocida “CRS” (Cirugía de Reasignación de Sexo).

Recuerdo que llegué a Chonburi, Tailandia como el 7 de febrero después de un día y medio de vuelos desde Ciudad de México, Paris y finalmente Bangkok que fue donde me recibieron las personas asistentes del Dr. Suporn para llevarme a Chonburi que es una ciudad de Tailandia cercana a Pattaya y que uno de sus atractivos es la Clínica de este doctor.

Una de las primeras personas que conocí el primer día que llegué -mientras me recuperaba del jet lag- fue Dilara, una mujer trans de Ámsterdam. Recuerdo que a ella la conocí en la primera tarde que pasé en Chonburi mientras que, con un sentimiento de incredulidad de lo que estaba viviendo, caminaba maravillada pero también pensaba que no conocía a nadie y mucho menos conocía tailandés al mismo tiempo que me daría cuenta que muchas de las personas de Chonburi, incluido el Dr Suporn, no hablan inglés (ni tenían por qué hablarlo) pero junto con el español fueron las únicas dos lenguas con las que pude comunicarme con todas las mujeres trans que coincidíamos en la Clínica Suporn o en el hotel que estaba a una calle de distancia o con las personas de Tailandia.

Ese 8 de enero de 2010 o 9 de enero en horario de México ya que es de la fecha a partir de la que el algoritmo me regresa las fotos que acompañan estas memorias, después de haber sorteado una larga serie de trámites ante el entonces IFE para que me autorizara mi permiso para acudir a una cirugía programada desde septiembre de 2009 llegaba enfocada en cuerpo y mente en aquello por lo que me había preparado meses atrás. La cirugía, nada barata y conseguida con un préstamo bancario, había sido pagada en su totalidad también nueve meses atrás. Todo eso pasaba por mi mente mientras caminaba por una calle de Chonburi cuando me encontré a una mujer como de casi dos metros de altura, rubia, sonriente, vibrante que caminaba coqueta y feliz. Nos vimos ambas y nos saludamos asumiendo que ambas estábamos por la misma razón y así fue.

Su nombre, Dilara y venía de Ámsterdam. Ella ya estaba en los últimos días de casi el mes que el Dr. Suporn solicitaba como mínimo para garantizar un retorno seguro y sin complicaciones. Durante la charla y los días de convivencia, antes que regresara a su país de origen, mantuvimos mucha cercanía además que coincidió que era mi vecina de cuarto en el hotel. Las redes sociales no eran tan común como ahora y no pudimos seguir en contacto por esas vías. Cuando se regresó, no volví a saber de ella.

Estas fotos me recuerdan que un día antes de mi cirugía me animó a acompañarla a conocer Pattaya, una playa turística casi a una hora en autobús desde Chonburi. Nos acompañó otra mujer trans cuyo nombre no recuerdo y su amiga cis que en las fotos aparece con ropa blanca y lentes oscuros, ambas creo que de Inglaterra. A todas nos unía un sentimiento lindo de hermandad por lo que nos interesábamos más en nuestros países de origen que en las razones de por que estábamos en Chonburi.

Recuerdo que fue muy divertido porque las calles, el mercado ambulante, los comercios informales en las banquetas, el camión con cortinas en las ventanas e imágenes de Buda, los diversos altares budistas con velas e inciensos y que están dispersos en los diferentes espacios públicos y la alegría de la gente me hacía sentir de alguna manera algo de México pero al mismo tiempo diferente como la ausencia de las tortillas o que la comida era picante pero no había chiles como en México. Curiosamente Tailandia significa “País de gente libre”.

Cuando nos bajamos del camión, recorrimos una especie de tianguis donde compré varios vestidos que aún uso y posteriormente recuerdo que hicimos intentos de comunicarnos para preguntar como llegar a cierto lugar. Ahí fue cuando nos dimos cuenta que muy poca gente hablaba inglés. Una mujer joven sí nos entendió y muy amablemente pero con mucha alegría nos dio indicaciones y además nos acompañó al lugar que deseábamos ir. Nunca entendí si estaba en medio de alguna actividad o no pero que me transmitió mucha amabilidad, dulzura y calidez que terminamos comiendo juntas y en la última foto verán que hasta nos tomamos una foto de recuerdo (en una época pre-selfies). Ella es la joven de vestido de cuadros verde con blanco y cabello rojo y que sonríe bellamente mientras le tomo la mano.

Esa tarde la recuerdo como significativa porque pusimos incienso en un altar como forma de honrar lo que estábamos viviendo todas y cada una de nosotras a pesar de tener diferentes ideologías espirituales o no tenerlas, eso no nos importó cuando lo hicimos.

Una de las últimas actividades que hicimos fue caminar sobre la playa. Dilara no podía meterse a la playa porque estaba contraindicado como parte de la recuperación (nadar o meterse a una alberca al menos por seis meses después de la cirugía, por ejemplo). En mi caso, a pesar que era el último día que podría meterme a nadar no iba preparada ni siquiera para tener con qué secarme y decidimos solo caminar sobre la playa y mojarnos los pies o, cuando mucho, hasta la rodilla. Fue uno de los momentos que recuerdo con mucha nitidez porque fue encontrarnos con cierta experiencia y sentimientos compartidos y con la conciencia que en diferentes momentos dejaríamos de vernos mientras yo estaba consciente, y más aún con las charlas que tuve con Dilara, que durante varios meses viviría un régimen estricto y disciplinado de recuperación… pero esa, es otra historia.

Rebeca Garza