Por Rebeca Garza

El video donde pueden ver la conferencia completa de todas las personas participantes se puede ver aquí.

Convocatoria

“Nos encontramos sobre una investigación de feminicidio. Lo que la investigación conceptual y la contrastación empírica nos enseñan es que en realidad las categorías hombre y mujer son el resultado de la relación dominación-subordinación y no el punto de partida de la misma. No existen hombres en el mundo que (…) y que dominaron mujeres. Por el contrario, la definición misma de alguien como hombre indica su lugar como sujeto que construye lo social al vincularse con otros como el, intercambiando a las que, también en esa relación son configuradas como mujeres”.

“Lo que causa confusión conceptual es que el punto de partida lógico en la construcción de estos vínculos de poder no son ni pueden ser los cuerpos, la naturaleza, la personas concretas sino el orden significante en referencia en el cual la cultura en general, y las sociedades en particular, construyen categorías sociales y éstas, subjetividades”.

Tipología de concatenación de los diferentes niveles de operación de género que del más abstracto al más analítico:

1. Nivel simbólico de género: ordenador primario de significaciones que aporta el carácter dinamizador, propio de la fuerza impulsora de lo libidinal a la intelección no sólo de hombres y mujeres sino de todo lo que existe en el mundo. Esta conformado por la relación entre lo masculino y lo femenino entendido respectivamente como el significante de lo masculino como lo que actúa, modifica y transforma y el femenino como ese objeto polivalente al que se dirige esa acción. La masculinidad es una, entre otras categorías centrales, que da cuenta de la inteligibilidad. No parte de los hombres, es lógicamente anterior y organiza el mundo de lo inteligible. En cambio, la feminidad es una categoría límite que pone en marcha significados de una relación que da cuerpo a ideas de inteligibilidad y se entiende como aquello que encarnan los significados de objeto de deseo, de temor y de desprecio al mismo tiempo.

2. Nivel imaginario social del género: que se se expresa en las tipificaciones imaginarias sociales que definen en cada contexto particular el significado que una comunidad da para ser un verdadero hombre y una verdadera a mujer. Estas tipificaciones conjugan elementos como las características de personalidades, temperamentos, las habilidades, las capacidades, gustos, inclinaciones, actividades, trabajos específicos que entiende ESE contexto que son naturales de los hombres y las mujeres. Son social e históricamente variables aunque el contenido mas abstracto permanece. Un hombre es aquella persona del grupo que encarna privilegiada mente significados de masculinidad como inteligibilidad, fuerza impulsora, que trasciende, que edifica, que construye. Los significados que encarnan aquellas que serán concebidas como mujeres son prioritariamente los de feminidad como la ininteligibilidad y objetos de deseo, temor y desprecio a la vez. Tanto unas como otros, contagian esas valencias simbólicas a las cualidades y labores que les caracterizan socialmente.

3. Nivel imaginario subjetivo del género: alude a la manera en que las personas concretas dentro de una sociedad nos constituíamos subjetivamente en referencia a las tipificaciones imaginarias sociales de género. Este último nivel es el que califica la dimension mas abigarrada de actuación de género implica que los referentes imaginarios de hombre y mujer aportarán fórmulas claves de intelección para las subjetividades particulares lo cual no se traduce en que éstas últimas performen fielmente lo que esos tipos sociales indican. Las personas específicas se conformarán como hombres, mujeres o algo más que sigue teniendo a esos marcadores como referencias aunque sea negativa, a partir de la actuación concreta cuyos limites de sentidos son proporcionados por el género imaginario social. Hay que agregar aquí que la variabilidad de los tipos sociales hombre-mujer aumenta en proporción directa con el nivel de reflexividad social. Es por ello que son las sociedades con una estructura denominada moderna o racional las que presentan una progresiva diferenciación en la encarnacion subjetiva de los referentes simbólicos imaginario del género.

En síntesis, lo que indica esta tipología es que las personas concretas en cada sociedad encarnamos significados de feminidad y masculinidad simbólicos tamizados por las representaciones sociales que indican las formas canónicas en que cada contexto visten los tipos de hombre y mujer socialmente construidos y aceptados.

Pero esta encarnación a nivel particular de cada subjetividad se vive de distintas maneras que combinan acuerdos, tensiones y conflictos. No hay sociedad en que esto no ocurra al nivel de lo que llamamos el genero imaginario subjetivo. Diversas sociedades tribales,c o unidades urbanas o civilizaciones complejas han agregado a las tipificaciones sociales de hombre y mujer, otras que se posicionan en un lugar intermedio entre esos tipos. Son encarnaciones también de valores de género, en tanto se les atribuyen valores combinados de feminidad y masculinidad. Sin, embargo lo que ocurre en la sociedad moderna es específico.

La modernidad produce una expresión paradójica en los niveles imaginarios sociales e imaginario subjetivo del género. En el primero, fuerza a un binario excluyente y extra constrictivo difícil de replicar en otras sociedades. Las requisitos para que alguien se considere un verdadero hombre o una mujer aceptable que en la mayor parte de las sociedades esboza apenas un perfil se agrega aquí de manera preciosista. Mandata trabajos, personalidades, gustos, habilidades, manierismos, elecciones personales, tonalidades de la voz. Se torna progresivamente difícil para mas gente a partir del siglo XIX Europeo cumplir con los diferentes requisitos.

Esto produce que a nivel de la conformación subjetiva el ajustado corset de la norma de genero estalle. Las fórmulas propias de la reflexividad moderna se dejan ver en la parable diversificación de expresiones de género a nivel de la identidades particularidades. El siempre creciente del número de siglas que integran la llamada comunidad de disidencia sexual, en realidad de género, atestigua que la lógica específicamente moderna consiste en la progresiva diversificación en todos los ordenes que integran lo social que está en los hechos deconstruyendo al género no solo como expresión identitaria sino desde sus raíces como ordenador simbólico primario.

No he mencionado hasta ahora el término que nos convocó a esta conversación. Esto en sí mismo ya es cuir. Quise exponer sucintamente mi propuesta para desdoblar la idea del género en sus distintos niveles de intervención para exponer lo que las narrativas y actuaciones de la comunidad trans* en México me permitieron comprender en los últimos 15 años: que lo extraño, bizarro, desviado, inadecuado, chocante, excéntrico, descarriado al ser vivido, encarnado, hablado, excretado, abyectado, reincorporado, vindicado, sufrido por todo tipo de prácticas subjetivantes hace política, revoluciona, deshace al género, tanto al simbólico como el social y al personal. La completa irreductibilidad de estas personas personalidades que performan con sus propias vidas una revuelta sin precedentes me hace pensar en el reverso de aquella supuesta anécdota que pinta a Hegel expresando ante el espectáculo del invasor ejercito napoleónico en marcha: “He aquí el espíritu absoluto”. Nada que niegue más ese principio hegeliano como la marcha imparable de la marea cuir. Muchas gracias.

Estela Serret

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