Mi primer día en Consejo Consultivo de @inmujeres por @Rivka_Azatl (01/doc/2021)


Antecedentes

Próximamente acuerdo de integración de Consejo Consultivo y Social 2021-2024

Toma de protesta

Anecdotario

Galería de fotos

Resultado de la convocatoria para la selección de integrantes de los órganos auxiliares de @inmujeres donde tendré la oportunidad de participar en el Consejo Consultivo. Por una mirada interseccional e incluyente dentro de la perspectiva de género, @Rivka_Azatl


Fuente: INMUJERES /17 de noviembre de 2021

Ayer en Guadalajara agredieron a una mujer disca cisgénero y a su novia, una mujer trans en una “Mercadita Feminista”. Les dijeron que estaban “invadiendo espacios de mujeres”. A la mujer disca le golpearon la silla de ruedas y le pedían que rodeara la mercada (14/nov2021)


Las cosas como son:

Estas son las consecuencias directas del feminismo supuestamente radical que defienden Marcela Lagarde, @PatyOlamendi @AmeliaValcarcel y que en Aguascalientes están reuniéndose para armar su agenda contra el “neopatriarcado neoliberal”.

Esos discursos están teniendo consecuencias nefastas en las poblaciones trans más oprimidas y seguirán teniéndolo. Tristemente, aún existe una gran indiferencia del entorno ante estas violencias disfrazadas de “libertad de expresión” o “feminismo” .

Parece que la “sororidad” solo es exclusiva si eres mujer cis y que está herramienta cancela la capacidad de auto critica ante la transfobia, el cissexismo y actos violentos de ciertos sectores del feminismo y algunas “vacas sagradas”.

‪Recordemos que en Jalisco cuando sucedió el ataque de ácido a Zoé las TERF sacaron un horrible comunicado exigiendo que no se tratara como intento de feminicidio, donde le malgenerizaron y con una ausencia de sensibilidad humana y empatía ‬

Los discursos trans excluyentes tienen consecuencias directamente violentas en la vida cotidiana de las personas trans, en particular quienes condiciones múltiples y complejas de opresión .

(Artículo) “Desde el otro lado de las violencias de género” (Serie “El sesgo cissexista como origen de injusticias “ 2 de 4)


Publicado en la edición del mes de noviembre de 2021 de la Revista “Voz y Voto” con el título “Lo que no se mira”.

Por Luisa Rebeca Garza López y Ericka López Sánchez (1)

Históricamente, en los Estados modernos la humanidad ha sido comprendida desde la base epistémica de lo que Blas Radi y Moira Pérez llaman “dimorfismo sexual” (2), este concepto parte de la creencia que sustenta la existencia de dos y sólo dos tipos de cuerpos -hembras y machos- y, consecuentemente, el binario de género como la creencia de que existen sólo dos géneros, mujeres y varones que, a pesar de ser culturalmente construidos tendrían un sustrato biológico que no se pone en cuestión.

De esta forma, los gobiernos han administrado a las poblaciones para poder distribuir bienes, servicios, generar política pública, diseñar reglamentos, entre otros andamiajes políticos, económicos y sociales. Esto ha creado imperativos inamovibles y fuertemente sancionables en torno a la concepción humana que dirigen, constriñen y violentan determinadas trayectorias de vida que no se ajustan a este “orden de lo normal”.

Esta gestión de las poblaciones se ha sustentado desde una “laguna hermenéutica” (3); es decir, desde la ausencia de recursos de comprensión colectivos para nombrar experiencias sociales específicas, lo que da pauta a la “injusticia hermenéutica” o “injusticia epistémica” que refiere a grupos de población cuando son involuntariamente rebajados y/o desaventajados en su estatus de agente epistémico, es decir, se les invalida su capacidad de autonomía para enunciarse de tal forma que en la construcción del saber colectivo se niegan y borran sus saberes y experiencias. En este contexto histórico se han administrado a las poblaciones para vigilar y castigar (4) la vida cotidiana bajo lógicas de ortopedias corporales.

Con esta ausencia de categorías para interpretar fenómenos sociales se han construido estructuras sociales, políticas y económicas que desconocen trayectorias de vida de las mujeres y hombres diversos (5) y que a pesar de lo anterior proyectan la ilusión de que esas categorías existen; es decir, se crea un “espejismo hermenéutico” que aparentemente engloba a la humanidad, pero siempre desde sesgos de exclusión que dejan en los bordes de la vida digna a las personas que no se ajustan dentro de esos marcos de inteligibilidad basados en un género binario y en categorías normativas.

Las consecuencias de esta laguna epistémica tienen efectos prácticos para las poblaciones directamente afectadas porque les impide acceder a marcos de comprensión para identificar y combatir las opresiones y violencias en la vida cotidiana, por ejemplo, cuando se habla de género se piensa sólo en mujeres cisgénero y cuando se habla de personas trans* se reducen a los debates y a las políticas relacionadas con la “identidad de género”, siendo que todas las personas poseemos una identidad de género, así las personas trans* no parecen ser sujetas a demandas atendibles más allá de este reconocimiento como lo señalan Radi y Pérez.

Bajo estas concepciones estrechas por su binarismo las asimetrías sociales, la desigualdad de de oportunidades y las violencias de género suelen ser tratadas a partir de un sesgo cissexista que universaliza la violencia de género como un fenómeno que sucede solamente entre hombres y mujeres cisgénero. El cisseximo (6) instaura la idea hegemónica de que hay unos “cuerpos verdaderos” entendidos como “más auténticos” y por tanto, sus necesidades son más urgentes y sus derechos más prioritarios de ser atendidos.

Es importante subrayar que las violencias de género no se reducen solo a las violencias que los hombres cis ejercen contra las mujeres cis, pues no todas las manifestaciones de violencia motivadas por el género son casos de violencia contra mujeres y menos aún solo contra mujeres cis. (7)

El patriarcado se ha sostenido históricamente a través de la violencia machista que se ejerce cotidianamente hacia aquello que se considera femenino y todo aquello que ponga en riesgo el régimen binario y cissexista incluyendo la morfología genital de los cuerpos.

A partir de esta creencia, la perspectiva de género se ha concebido desde lagunas hermeneúticas que explican la génesis y sostenimiento de las normatividades y políticas públicas enfocadas únicamente a determinadas mujeres cisgénero llevándoles a ser sistemáticamente excluyentes de otras experiencias atravesadas por el sexo y el género como las que viven las mujeres trans* e invisibilizando y negando necesidades, experiencias y derechos como los sexuales y reproductivos de los hombres trans*, a partir de una ficción de privilegio masculino al momento que transicionan dentro de este espectro. (8)

Los efectos de esta injusticia epistémica con respecto al análisis de las violencias de género se agravan aún más al dejar en el desamparo jurídico las violencias de género que hombres trans y personas no binarias con vulva viven de manera cotidiana y que van desde la violencia ginecobstétrica, por parte de personal médico, hasta las llamadas “violaciones sexuales correctivas”. Este desamparo jurídico les aleja del acceso a la justicia y a la reparación del daño.

Instrumentos como la Convención de Belem do Pará, ampliamente reconocida por sentar las bases en los tipos y ámbitos de violencia de género suele estar supeditada a un entendimiento de la violencia que experimentan las mujeres que surge de esta laguna hermenéutica cissexista y que deja fuera del marco de interpretación las violencias que experimentan los hombres trans, las personas no binarias, las mujeres trans y otras experiencias de vida con identidades y expresiones de género no normativo.

Es importante tener en cuenta, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sido muy clara en señalar que a partir de los diferentes instrumentos internacionales de derechos humanos que incluyen la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la Organización de las Naciones Unidas (“CEDAW”, por sus siglas en inglés), la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y la Convención de Belém do Pará, los Estados deben considerar las diversas necesidades de los diferentes grupos de mujeres incluyendo elementos como la edad, raza, etnia, discapacidad, orientación sexual, identidad de género, posición socioeconómica, entre otros factores.

Cuando estos mandatos internacionales caen dentro de la jurisdicción de los Estados Nación para reconocer derechos, legislar y reparar, estas observaciones que hace la Corte acerca de cómo se debe comprender a la diversidad humana son sistemáticamente omitidas debido a que los marcos de inteligibilidad con los que operan escapan de sus perspectivas de derechos humanos y reproducen estructuralmente la exclusión e invisibilizan las violencias que viven.

Las violencias de género, como la llamada “violencia política hacia las mujeres en razón de género”, se han construido bajo lagunas epistémicas que invalidan marcos de comprensión de otras trayectorias de vida que no se ajustan a análisis de género tradicionalmente anclados en los genitales, de tal forma que limita el estudio de las violencias de género al supuesto de que todos los cuerpos con vulva son mujeres y sólo estos cuerpos son quienes viven opresión (“opresión basada en el sexo”) .

Desde estos esquemas de injusticia epistémica tanto las cuotas de género, la paridad y las acciones afirmativas, así como el concepto de “violencia política hacia las mujeres en razón de género” han sido aprehendidos e implementados. Al mismo tiempo reproducen la validez sólo de los cuerpos de ciertas mujeres cis mientras que generan un espacio de “otredad” que justifica la exclusión para el otro, para la diversidad de mujeres por su identidad de género y orientación sexual no normativa, pero también atravesadas por su origen étnico, clase, discapacidad, estatus migratorio, edad, entre otras matrices de dominación.

Si bien la definición de violencia política hacia las mujeres en razón de género no queda sujeta al reconocimiento de las mujeres a partir de sus genitales, como tampoco a su condición de clase, raza, entre otras, las dinámicas de comprensión de los cuerpos basadas en dichas injusticias hermenéuticas legitiman prácticas violentas que constituyen espacios de marginalidad para las mujeres diversas y otras personas que no se constriñen a trayectorias de vida binarias y normativas.

A partir de la frontera que da consistencia a conceptos como el de “violencia política hacia las mujeres en razón de género” y su correspondiente interpretación y ejecución se constituye un lugar para lo “otro”, al mismo tiempo que se naturaliza y legitima un marco de análisis limitado a lo “verdadero”, “urgente” e “importante” con consecuencias graves en su ejecución en la práctica. El espejismo hermenéutico lleva a concluir que dicho marco de análisis es completo por lo que impide identificar las profundas complejidades de las violencias de género, todas ellas legítimas.

Esto se explica en la configuración de acciones afirmativas o medidas de nivelación para corregir los sesgos excluyentes en la representación política. Dichos logros son producto de las luchas colectivas e individuales que han hecho las poblaciones que han quedado marginadas e invisibilizadas de las condiciones de vida digna y en consecuencia de derechos político-electorales, y que tras esas acciones colectivas de larga data lograron que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenara en enero de 2021 al Instituto Nacional Electoral (INE) la aprobación de acciones afirmativas a favor de cubrir cuotas para obtener cargos de representación popular para personas afromexicanas, indígenas, con discapacidad, migrantes y de la llamada “diversidad sexual”. (10)

La construcción e implementación de las medidas de nivelación como la elaboración y aprobación del Protocolo para adoptar las medidas tendientes a garantizar a las personas trans el ejercicio del voto en igualdad de condiciones y sin discriminación en todos los tipos de elección y mecanismos de participación ciudadana (11), así como el Protocolo para la Inclusión de Personas con Discapacidad como funcionarios y funcionarias de Mesas Directivas de Casilla (12), dan cuenta de que la condición ciudadana no es universal, de que como lo ha señalado Mouffe (13), el demos construye su igualdad sólo a partir de los iguales, pues en México como en el resto del mundo hay diversas poblaciones fuera de esa universalidad la cual es finita y excluyente tanto en el ejercicio de la ciudadanía como en la construcción de marcos de inteligibilidad para ésta.

Estas acciones afirmativas también dan cuenta de las lógicas de exclusión desde las cuales se ha creado la estructura jurídica electoral evidenciando a los cuerpos que sí importan y que no son ajenas al orden imperante en el Estado puesto que también es un reflejo de las mismas lógicas de exclusión normalizadas en el ámbito de lo social y lo simbólico.

Desde esta posición hegemónica se hilan narrativas legales que establecen como territorios robustos a los cuerpos que importan: hombres y mujeres sujetos a la “verdad” que aseguren la certeza de un “orden estable” (14), por lo que serán sus necesidades las tareas urgentes e importantes a atender, y luego, cuando el tiempo alcance (que en la práctica lleva a la judicialización de los derechos) se crearán islas de derechos mediante las acciones afirmativas o medidas de nivelación para incluir a los cuerpos con trayectorias diversas no hegemónicas, ya sea por su identidad de género y orientación sexual no normativa, su estatus migratorio, su origen étnico, su edad o su estatus de funcionalidad corporal.

En este entendido primero estarán los hombres y mujeres sobrerrepresentados y luego todas las “otras” personas que no se acercan a esos “cuerpos verdaderos”, con trayectorias de vida legitimadas y aseguradas social y jurídicamente.

Las acciones afirmativas y medidas de nivelación hacen visible las líneas fronterizas entre los hombres y las mujeres con trayectorias de vida consideradas como “más legítimas”, quienes están “acá”, de “este lado”, en contraposición de quienes están “allá”, del “otro lado”. (15)

Las acciones afirmativas abren espacios dentro de la composición monolítica y homogénea de los dos grandes bloques generizados en binario que da forma a la paridad constitucional; dan carta de legitimidad a las personas que han sido excluidas de la participación política por su identidad de género y orientación sexual no normativa, su origen étnico como en el caso de las poblaciones indígenas y afromexicanas, su discapacidad, su edad, o su situación migratoria. Es importante subrayar que desde el inicio de la implementación de medidas de reparación como lo fueron las cuotas de género y ahora la paridad constitucional, todas estas personas, “las del otro lado”, no estuvieron contempladas.

Contrario a lo que suele afirmarse, las acciones afirmativas no pretenden que las mujeres cis cedan sus espacios a otros grupos minoritarios, todas ellas mujeres diversas. Su objetivo es incrementar la pluralidad política en la competición de cargos públicos para ambos bloques de género, de tal forma que se esperaría que los partidos políticos así como las autoridades administrativas y jurisdiccionales hagan lo propio para visibilizar en candidaturas a hombres trans* y personas no binarias, hombres con discapacidad, hombres indígenas y afromexicanos así como hombres migrantes.

Las violencias de género son complejas, por tanto su análisis y estudio nos exigen marcos de análisis que incorporen diversos factores porque en cada cuerpo no sólo habita el género sino que le atraviesan diversas categorías que le colocan en contextos adversos también complejos e históricamente desatendidos. De ahí la relevancia de no relacionar exclusivamente la genitalidad al género ni tampoco que la comprensión del género esté aislada a ese aspecto.

Incluir no significa adicionar sino modificar las estructuras de poder, por lo tanto, tenemos el desafío de incorporar en el análisis de los estudios de género otras matrices de dominación que atraviesan los cuerpos, todos generizados, y que determinan sus trayectorias de vida para comprender las violencias de género como dinámicas complejas con el objeto de implementar medidas de atención, prevención y reparación que verdaderamente modifiquen las estructuras de poder asimétricas, las relaciones sociales desiguales y la narrativa simbólica del “otro”.

Pies de página

(1) Luisa Rebeca Garza López, transfeminista, Maestra en Procesos e Instituciones Electorales e integrante fundadora de QuereTrans, S.C. @Rivka_Azatl / Ericka López Sánchez, profesora-investigadora de la Universidad de Guanajuato. @ErickaEliberte

(2) Moira Pérez y Blas Radi. (2018), “El concepto de “violencia de género” como espejismo hermenéutico”. En Igualdad, Autonomía Personal y Derechos Sociales, Asociación de Derecho Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires, vol. 8, p.73.

(3) A partir de los trabajos de Miranda Fricker.

(4) Estas lógicas de control y sanción se filtran en los abordajes punitivistas para sancionar la violencia de género secundando la importancia de la prevención y reparación.

(5) Mujeres con pene, hombres con vulva y personas no binarias con genitalidad diversa que también son víctimas de diferentes formas de violencia de género.

(6) Creencia de que las identidades, trayectorias de vida, experiencias y saberes de las personas trans* son menos naturales, menos legítimas, menos verdaderas y menos auténticas que los correspondientes a las personas que no son trans*.

(7) Las violencias de género que viven cotidianamente las personas trans* se detonan en todos los espacios (familiares, escolares, comunitarios, laborales, políticos, entre otros) a lo largo de toda su trayectoria de vida. Asimismo, tener una identidad y/o expresión de género no normativa se vuelve en un factor que dispara las violencias percibidas en relación con la sóla orientación sexual no normativa (ENDOSIG 2018, CONAPRED, México).

(8) Sigue siendo una deuda histórica hacia los hombres trans* el abordaje de sus derechos sexuales y reproductivos como los relacionados con la menstruación digna, la violencia ginecobstetricia, el acceso al aborto libre y gratuito, la prevención del embarazo, entre otros, fuera de la narrativa sensacionalista y centrada en la dignidad de la persona. La supuesta ficción del privilegio masculino de los hombres trans* borra las opresiones y violencias padecidas durante su trayectoria de vida en la que fueron leídos socialmente como mujeres.

(9) Acciones afirmativas que se han identificado como insuficientes y con diversas áreas de mejoría como se señala en el artículo “Acciones afirmativas en materia electoral: del regateo de derechos al oportunismo de los partidos porque ” (Garza López, Luisa Rebeca y López Sánchez Ericka) disponible en https://www.animalpolitico.com/blog-invitado/acciones-afirmativas-del-regateo-de-derechos-al-oportunismo-de-los-partidos-politicos/

(10) El concepto de “diversidad sexual” también padece del espejismo hermenéutico cissexista cuando en la interpretación de dicho concepto se subsumen las experiencias de vida no normativas por identidad de género como subgrupo de las orientaciones sexuales no normativas.

(11) Aprobado por el INE el 22 de diciembre de 2017 mediante el Acuerdo INE/CG626/2017 y que desde entonces no ha tenido adaptaciones o actualizaciones a partir del seguimiento y evaluación que tentativamente ha tenido.

(12) Aprobado por el INE el 10 de mayo de 2017 mediante el Acuerdo INE/CG161/2017 y que tampoco ha tenido actualizaciones desde entonces.

(13) Chantal Mouffe. (2010), La paradoja democrática, Gedisa.

(14) Ese orden se mantiene “estable” en tanto no se desborde de las fronteras imaginarias geográficas, sociales y políticas, y conserven la narrativa de “certeza” de un sistema binario, cisgénero, heterosexual, corporalmente funcional, mestizo o blanco así como de su “identidad nacional”.

(15) Ese “otro lado” puede ser geográfico-político y devenir en estatus migratorio, de “género” como inicialmente lo han sido las mujeres cis y actualmente las personas con identidades de género y orientaciones sexuales no normativas, de funcionalidad corporal y devenir en discapacidades o de esa “otra raíz” genealógica que construye nuestra identidad nacional que deviene en identidades indígenas o afromexicanas.

Memoria de publicación en revista “Voz y Voto”

Campaña #YoDenunciéPero… #YoDenunciéPorqué…


Fuente: Tania Morales / 12 de noviembre de 2021

Convocatoria

Queridas, Queridxs, Queridos

Les compartimos la Campaña
#YoDenunciéPero…
#NoDenunciéPorque…
La violencia sexual en razón de género en México aumenta cada día y protegernos es un reto constante.

Ser sobreviviente de violencia sexual tiene consecuencias en todas las áreas de la vida y siendo victima, no sabes cómo actuar, que decir o a quien pedir ayuda.

Aquí un documento que explica 👇🏾

Campaña

(Artículo) “El giro a víctima de los discursos trans excluyentes” (Serie “El sesgo cissexista como origen de injusticias” 1 de 4) por @Rivka_Azatl y @ErickaEliberte publicado en @Pajaropolitico el 26/oct/2021


Fecha de escritura: 24 de septiembre de 2021 / Texto publicado originalmente en el periódico digital mexicano “Animal Político” el 26 de septiembre de 2021

Por Luisa Rebeca Garza López y Ericka López Sánchéz

Transfeminista, Maestra en Instituciones y Procesos Electorales e integrantes fundadora de Queretrans, SC / Profesora investigadora de la Universidad de Guanajuato

Los discursos transexcluyentes se caracterizan por promover la segregación de las personas trans*1 de lugares, espacios, agrupaciones y eventos a partir de negar la identidad de género y considerar solo como válido natural el sexo asignado al nacer.

A partir de la transexclusión se da consistencia a las fronteras que legitiman a los cuerpos cis,2 desde un discurso biologicista que reafirma lo normal pues colocan lo trans* en el lugar de lo abyecto, de lo anormal, produciendo así una estrategia de exclusión basada en un orden “natural” y “verdadero”.

Los discursos transexcluyentes suelen apoyarse en la malgenerización, estrategia que tiene una fuerte base discursiva para desconocer intencionalmente la identidad de género trans*; por ejemplo, emplean las palabras “los transfemeninos” para referirse a las mujeres trans* y “los transmasculinos” para aludir a los hombres trans*. Esta práctica discursiva estigmatizante de malgenerizar antecede y legitima las propuestas y acciones transexcluyentes.

Parte de la estrategia de la malgenerización consiste en realizar dos distinciones irreconciliables al hecho de ser mujer: la que “nace” mujer entendiendo que la vulva y las características sexuales primarias como los ovarios y el útero son la “realidad material” por la que se sustenta la “opresión basada en el sexo” versusaquellas mujeres “que decidieron serlo” para referirse a las mujeres trans*: es decir, “las otras”, las no validadas” por la materialidad corporal que no son sujetas del feminismo (generalmente del feminismo llamado “radical” y un sector del abolicionista)3.

En el caso de las mujeres trans* suelen referirse a ellas como “transfemeninos”, como una forma de señalar que no son mujeres o si lo son deben ubicarse en un plano discursivo, social y legal diferente porque se asume que sus contextos de opresión y violencias son diferentes en tanto no surgen de la naturaleza biológica, sino de un constructo cultural, el cual no es verdadero.

En consecuencia las violencias hacia las mujeres trans* son ininteligibles para estos discursos transexcluyentes, de ahí su lógica de “cada quien sus luchas”, “nosotras sufrimos feminicidios, los otros son crímenes de odio”. Los genitales se convierten en signo corpóreo de verdad del orden binario: la vulva, las mamas y la maternidad como signo que constata el acto de la funcionalidad orgánica de las mujeres. Así se construye la legitimidad del cuerpo femenino con el que se borra la experiencia de los hombres trans* y se les regresa a ser considerados como mujeres por el solo hecho de “haber nacido con vulva”, mientras que la esencia de la violencia patriarcal se concentra en el falosin importar si la experiencia subjetiva, corporal y social es de una niña o una mujer trans*.

Este error argumentativo les lleva a concluir que los hombres trans* sólo por el hecho de tener o haber tenido vulva sí son sujetos del feminismo aunque ellos se manifiesten en contrario. En este sentido, la malgenerización y la transexclusión que sostienen estos discursos reducen la dimensión humana a los genitales como estrategia de verdad inapelable.

En los discursos transexcluyentes que reconocen la identidad de género prevalece la falsa creencia de que sólo las personas trans* tienen identidad de género a modo de colocarles desde la semántica del “otro-abyecto”, pues las personas cisgénero, al ser “cuerpos verdaderos”, no se encuentran atravesadas por la dimensión del género, ocupando así en la geografía humana la posición de lo “normal”.

En este entendido, el concepto cisgénero es considerado una ofensa, pues lo “normal” no requiere ser nombrado con conceptos específicos, ya está dado y entendido. Las experiencias de vida de las personas cisgénero son por tanto “verdaderas” y el de las otras-abyectas son simplemente ficciones.  Bajo esta premisa las personas cisgénero se desgenerizan4 y se invisten de autoridad moral desde donde aseguran su certeza cotidiana y desde donde señalan a qué sexo corresponde cada cuerpo con el objeto de mantener estable la conformación binaria y el status quo biológico que ordena a la población y la administra.

Por lo tanto, ¿a qué se tiene derecho y a qué no bajo una lógica irreconciliable de que falo es igual a hombre y hombre es igual a opresor-violento mientras que vulva es igual a mujer y mujer es igual a oprimida-violentada? Su error consiste en centrar el discurso y el movimiento político contra las personas (con pene) en lugar de dirigirlos en modificar las estructuras que sostienen el sistema patriarcal.

Los discursos transexcluyentes invocan al “tabú” para reclamar el derecho de hablar o de debatir de temas que en los hechos buscan segregar a las personas trans*. Este giro vuelca a los discursos transexcluyentes como si fueran un tópico disruptivo necesario para asegurar un sistema social y político “estable”, libre de opresiones, por lo que invocan a pánicos morales a partir de conformar una narrativa de víctimas que les hace enunciarse como discriminadas, violentadas e incluso perseguidas.

Los pánicos morales suelen sostenerse con el argumento de que las víctimas pueden ser “el 52 % de la población de mujeres nacidas mujeres”5, a partir de la hipótesis llamada “borrado de mujeres”6 que surgió en Reino Unido como movimiento transexcluyente con la llamada Declaración sobre los derechos de las mujeres basados en el sexo (WHRC)7 definido a sí mismo como un “grupo de mujeres voluntarias comprometidas con la protección de nuestros derechos basados en el sexo” y tienen como objetivo “representar toda la variedad de experiencias de la hembra de la especie humana”.

Las fundadoras de la WHRC afirman que crearon la Declaración sobre los derechos de las mujeres basados en el sexo con el “objetivo de presionar a los gobiernos de los países y hacer que el lenguaje siga representando a las mujeres y a las niñas por su sexo y no por el “género” o “identidad de género””. Es importante señalar que no ha sido reconocido por ningún Estado, pero sí ha sido firmado por personas usando cargos públicos así como instituciones y partidos políticos para hacer pasar como institucional una posición que es más bien personal.

Otra forma de propagar pánicos morales mediante el discurso de víctimas es por medio de la instrumentalización de las infancias y adolescencias al momento que se difunden mentiras relacionadas con el “uso irresponsable e impuesto de cirugías y hormonas para cambiar de sexo”, para categorizar dichos procesos de transición como “peligrosos” y promover su prohibición.  En discursos extremistas terminan legitimando los ECOSIG8, los cuales han sido considerados como actos de tortura. En los hechos los bloqueadores hormonales en adolescentes trans* se administran a quienes lo solicitan, pero es importante decir que los efectos son reversibles, mientras que no se puede soslayar que el acceso a las cirugías históricamente han correspondido al ámbito de la lucha por  la autonomía corporal.

La instrumentalización de las infancias y adolescencias suele sostenerse con argumentos adultocentristas, con lo que se desconoce su autonomía progresiva. Las personas adultas podrán acompañarles en sus procesos de transición, éste es un ideal, pero son éstas quienes deben ser escuchadas como las personas completas que son.9

Otra variante de este discurso consiste en señalar el peligro de las “de-transiciones de cambio de sexo” que es una forma sensacionalista y prejuiciosa de difundir casos de personas que experimentaron la vivencia trans* y posteriormente deciden regresar a la vivencia cisgénero. A partir de estos casos se promueve la idea de los “peligros” de crear políticas públicas que reconozcan y acompañen a las  infancias y adolescencias trans*.  Al respecto es importante señalar  que estadísticamente son mínimos los casos de de-transición comparados con la innumerable cantidad de casos cotidianos y diarios de personas trans* que transicionan y manifiestan una mejoría en sus condiciones de aceptación así como en sus condiciones de vida en tanto les rodea un contexto que les incluya y proteja.

El reconocimiento de la identidad de género como trámite administrativo, gratuito y rápido incluyendo infancias y adolescencias garantiza que cualquier tránsito sea libre y sin obstáculos justo para proteger el libre desarrollo de la personalidad de todas las personas.

En los casos más extremos y endebles de pánicos morales estos discursos arguyen a un “lobby cuir” financiado por las “grandes farmaceúticas” para que las infancias y adolescencias “se vuelvan consumidoras de por vida de tratamientos hormonales”, cuando se ha documentado que las poblaciones trans* suelen estar excluidas de los poderes políticos y económicos derivado de las violencias cotidianas a las que sobreviven. El acceso gratuito y universal a terapias de reemplazo hormonal por parte del Estado aún es una deuda pendiente así como el acceso a servicios de salud dignos, por lo que este argumento no se sostiene.

La incorporación de los discursos transexcluyentes por parte de personas que integran instituciones que representan funciones del Estado son graves y deben ser señalados porque en un giro hacia un discurso de víctima  y como estrategia para evadir la responsabilidad de las consecuencias de sus actos denuncian como intolerantes a quienes le señalan las características que se han enunciado anteriormente.

La filtración de los discursos transexcluyentes dentro de las instituciones y su correspondiente permisividad son graves porque desde un lugar privilegiado que da el acceso al poder político, a la toma de decisiones, a los recursos económicos, así como el acceso a medios de comunicación10 deslegitiman las demandas trans* por un reconocimiento igualitario, sin exclusiones y libre de toda modalidad de violencia.

Por lo tanto, se considera como relevante y urgente que se vigile y denuncie el uso de recursos públicos y aparatos del Estado como la formación política a militantes de  un partido político o conversatorios y foros de parte de instituciones públicas para difundir prejuicios y estigmas hacia las poblaciones trans* y que tengan por objeto limitar el reconocimiento de derechos como el de la identidad de género.

Cuando los discursos transexcluyentes buscan legitimarse por personalidades con trayectorias políticas construidas desde el aparato político del Estado surge un borrado de las acciones colectivas y luchas políticas que las personas LGB y Trans* han organizado y desarrollado desde la década de los años sesenta del siglo XX.

Las personas con discursos transexcluyentes que aparecen en escenarios de importante difusión cuentan con trayectorias visibles y desde espacios de privilegio suelen apropiarse de los derechos ganados por las acciones colectivas de las disidencias sexuales y de género, invisibilizando así sus históricas luchas en aras de crear ficciones narrativas sobre la forma en cómo se han conseguido derechos. En este vuelco narrativo parece ser que los derechos logrados se han alcanzado de manera inmediata, a partir de las  gestiones de un determinado partido político o institución en particular, eliminando de la narrativa histórica los procesos de resistencia y lucha política duraderos de los grupos LGBT de sociedad civil.

Los discursos transexcluyentes suelen centrar sus argumentaciones en una biología recalcitrante y, como suelen actuar los grupos conservadores, caen en los lugares comunes como base de su supuesta discriminación: lo objetivo, lo normal, lo estable, lo inamovible  y lo natural.

Contrario a los discursos de  Simone de Beauvoir que en 1949 sentó las bases  de la deconstrucción biológica del ser mujer, los discursos transexcluyentes hacen una distinción entre el concepto biológico del sexo macho-hembra con el concepto de cultura de género (masculino-femenino). Los discursos transexcluyentes en su sustento biologicista desconocen dicha deconstrucción al reificar que cuerpo es destino. Suelen fortalecer el pánico moral basado en el principio de que la realidad ya no se sustenta en lo físico, sino en la creencia cultural del género, promovido esto por las ciencias sociales, concretamente las corrientes “posmodernas”, las cuales generan políticas que “borran a las mujeres” (¿cuáles mujeres?) por lo que el enemigo patriarcal a vencer es el reconocimiento de la identidad de género.

Aunque el discurso transexcluyente no se considera a sí mismo conservador, sus argumentos sí lo son, especialmente cuando señalan a las feministas y alianzas que apoyan a las políticas que reconocen los derechos de las personas LGB, en particular los de las personas trans*, como “feministas liberales (libfem)” o “liberales” con agendas “libertarias” o “progres”, puesto que asumen que lo trans* está de moda y que “las mujeres jóvenes que desconocen de teoría feminista son las más susceptibles en caer en la falacia de que las mujeres trans puedan caber en el feminismo”.

Es importante señalar que se propaga una mentira cuando se argumenta que el reconocimiento de la identidad de género en las entidades federativas del país ha dado surgimiento a los casos llamados de “falsas candidaturas trans”, como en Oaxaca en 2018 y en Tlaxcala en 2021.

Las “falsas candidaturas trans” han surgido del uso fraudulento por parte de los partidos políticos a las medidas de nivelación que  reconocen el principio de auto-adscripción a la identidad de género11 al momento de registrar candidaturas y que son medidas proporcionalmente necesarias ampliamente debatidas por parte de las autoridades administrativas y jurisdiccionales electorales12 apegadas a los más altos estándares en derechos humanos.

Al respecto es  importante decir que ninguno de los casos llamados “falsas candidaturas trans” ha realizado una rectificación de su acta de nacimiento bajo el amparo de las reformas a los códigos del registro civil que reconocen la identidad de género en alguna de las entidades.

Los discursos transexcluyentes son anticientíficos porque reducen la constitución humana a un binario (mujer-hombre) y reifican el género porque asumen que a partir de una determinada morfología genital (vulva vs pene) que llaman “realidad material” se “nace hombre” o “nace mujer”. Es decir, los genitales y la trayectoria de vida de ese cuerpo son atados indisolublemente y generizados desde un supuesto filtro de la biología que narran en binario a los cuerpos, de tal forma que niegan la experiencia interna y subjetiva sobre cómo cada persona vive su identidad de género y cómo ésta se relaciona con su expresión de género rechazando que esta articulación puede ser tan variada como número de personas existen.

Los discursos transexcluyentes son antiderechos porque niegan el reconocimiento de la identidad de género que ya ha sido reconocida y protegida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Opinión Consultiva 24/2017) y ratificada por criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Cabe señalar que el avance de este reconocimiento está vinculado a la dimensión del derecho humano que refiere al libre desarrollo de la personalidad y es acatado ya en 17 entidades federativas del país13.

Estos argumentos son antiderechos cuando sostienen posicionamientos para excluir a las personas trans* de espacios, de prerrogativas, de beneficios sociales e incluso del reconocimiento legal a la identidad de género. Los casos más extremos cuestionan la dimensión del principio de progresividad de la teoría de los derechos humanos para detener, limitar o retroceder su reconocimiento.

La gravedad de los discursos transexcluyentes no es menor. Pretenden generar dos estándares de razonamiento: uno para las experiencias de vida cisgénero que es más natural y, por lo tanto, más legítima, y otro para las experiencias de vida trans* que, en el mejor de los casos se asumen como culturales, pero en el peor como patologías o comportamientos criminales.14

A partir de esta lógica el discurso de defensa de derechos humanos de quienes en particular se asumen como feministas de la igualdad y radicales pugnan para que la perspectiva de género sólo aplique a favor de las mujeres cisgénero en tanto “nacidas mujeres” y no a las mujeres trans*. Así, se considera que su vivencia es más bien un “sentimiento” por lo que trasladan las protestas trans* al ámbito de lo privado para despolitizarlas bajo el argumento que no se oponen a que sean “felices”, sino que se oponen a que “borren” las fronteras que definen el “ser mujer” del “ser hombre” desde la materialidad corpórea, lo que es un eufemismo a la oposición directa a las medidas de reconocimiento y protección por la identidad de género que benefician a las poblaciones trans*.

Los discursos transexcluyentes marcan un retroceso al reconocimiento a la dignidad humana de las personas trans*, a tener una vida libre de violencia  y al avance en la protección de sus derechos humanos, ya de por sí muy difíciles de disfrutar en la vida cotidiana. Regresan la perspectiva humana a esquemas de pensamiento básicos como los reduccionismos biologicistas contra los cuales lucharon los movimientos feministas  de la segunda mitad del siglo XX, estableciéndose así como contradictorios y muy endebles en su fundamentación; no obstante, la sobreexplotación que hacen de argumentos basados en ser víctimas de censura, intolerancia y de imposición por asuntos relacionados con el reconocimiento de la identidad de género y el lenguaje incluyente conecta sorpresiva y peligrosamente a movimientos políticos aparentemente opuestos como los grupos conservadores15 y algunas corrientes feministas transexcluyentes dentro y fuera de las instituciones del Estado.16

* Luisa Rebeca Garza López (@Rivka_Azatl) es transfeminista, Maestra en Procesos e Instituciones Electorales, e integrante fundadora de QuereTrans, S. C. Ericka López Sánchéz (@ErickaEliberte) es profesora-investigadora de la Universidad de Guanajuato.

Pies de página

1 Personas transexuales, travestis, transgénero, trans, no binarias de pueblos originarios y emergentes.

2 Cisgénero, es decir, aquellas personas que no son trans*.

3 Abolicionista del trabajo sexual al que llaman “prostitución” y se posicionan tanto en contra de las políticas de regulación del trabajo sexual de parte de lo que llaman “Estado proxeneta y prostituidor”, abolicionista de la gestación subrogada a la que llaman “vientres de alquiler” y  lo vinculan como parte de una agenda LGBT y a veces trans*  contrario a las estadísticas que señalan que los principales usuarios son las personas cis-hetero blancas de los países del norte global y abolicionistas de la pornografía como parte nodal para desmantelar las violencias contra las mujeres.

4 De la misma manera que anteriormente sólo se hacían evidente las orientaciones sexuales no normativas derivado de la naturalización de la heterosexualidad sucede actualmente lo mismo con la identidad de género donde sólo se hace evidente cuando la experiencia de vida no corresponde con el sexo asignado al nacer, es decir, con las  experiencias trans*.

5 Este argumento borra a los hombres trans e identidades no binarias asignadas mujer al nacer.

6 Este argumento tergiversa y confunde los avances en el lenguaje incluyente que eliminan estereotipos de género que desgenerizan las funciones corporales relacionadas con la feminidad y la masculinidad como cuando se habla de personas menstruantes, personas lactantes o cuerpos gestantes que incluye también a hombres trans y personas no binarias de la misma forma como sucede con personas con próstata o personas donadoras de semen para incluir mujeres trans y personas no binarias. También sostienen la tesis de que el reconocimiento de la identidad de género borrará a las mujeres (cisgénero) de las estadísticas lo que es falso si se incorpora la herramienta de la interseccionalidad que permite distinguir trayectorias de vida entre mujeres cisgénero y mujeres trans* de la misma forma que permite distinguir entre orientación sexual e identidad de género del concepto monolítico llamado “diversidad sexual”.

7 Liga disponible aquí.

8 ECOSIG, esfuerzos para cambiar la orientación sexual y la identidad de género que van desde llevar a la persona a terapia para “cambiar” hasta encerrarle contra su voluntad por parte de su familia en “clínicas” donde reciben gritos, maltratos, mala alimentación, son sometidas a aislamiento y otras prácticas violentas que atentan contra la salud física y mental,  vulnerando  directamente derechos elementales. Los  ECOSIG parten del rechazo hacia las orientaciones sexuales y las identidades de género no normativas por lo que deben ser denunciadas y prohibidas, como ya sucede en algunos estados de la República.

9 De las entidades que actualmente reconocen y protegen  la identidad de género como un trámite administrativo, gratuito y rápido sólo Jalisco elimina el obstáculo de edad mientras que en la Ciudad de México se permite a partir de los 12 años. En el resto de las 15 entidades se les obliga a las infancias y juventudes trans* a esperar hasta los 18 años para que se les reconozca el nombre y sexo lo que en muchos casos participa en los contextos de hostilidad que viven diariamente.

10 Condiciones a las que históricamente no tienen ni han tenido acceso las poblaciones trans* por lo que la incorporación de los discursos trans excluyentes en las instituciones que representan el Estado acrecientan el clima de hostilidad y fortalece la asimetría del debate. Estos contextos asimétricos e históricamente violentos hacia las poblaciones trans* deben ser tomados en cuenta durante sus actos de protesta pública.

11 Mismo principio apegado a los más altos estándares de derechos humanos para reconocer la auto adscripción indígena y que también ha sido usurpado por algunas candidaturas de blancos o mestizos pero ahí no se posiciona el pánico moral porque sería evidente su racismo, situación que no sucede actualmente con la transfobia.

12 Generalmente en acuerdos, sentencias o lineamientos como los relacionados con el registro de candidaturas en cada proceso electoral federal, local o extraordinario.

13 Baja California Sur, Chihuahua, Ciudad de México, Coahuila, Colima, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala.

14 Este doble estándar ya ha sido estudiado ampliamente y se le ha llamado cissexismo.

15 Como el Frente Nacional por la Familia en México y Vox en España.

16 Como las auto denominadas radicales y algunas corrientes del feminismo abolicionista ya descritas.

El análisis cuantitativo del cumplimiento de la paridad de género en cargos públicos ya no es suficiente para asegurar el cumplimiento de la libre autonomía de los cuerpos de las mujeres diversas


24/sep/2021

Fuente: INE (Adriana Favela)

¿Adivinen cual gubernadora tomó protesta con su pañuelo azul de “Salvemos las dos vidas” pronunciándose públicamente en un acto protocolario en contra de la libre autonomía de los cuerpos de las mujeres cis y las personas gestantes?

Mientras, aplaudamos que llegó por la paridad constitucional (sarcasmo).

Urge una mirada más crítica e interseccional sobre el cumplimiento de la paridad, de lo contrario se generará el contexto para que los partidos políticos influenciados por los movimientos cercanos a las iglesias ahí sí introducirán como caballo de Troya a mujeres cis con agendas políticas contrarias a los derechos humanos de las mujeres diversas.

Rebeca Garza

(Video) Foro contra las Prisiones “Justicias Feministas Anticarcelarias” organizado por @contraprisiones con @moirapez , Amandine Fulchiron de @ActorasC y Rosalva Aida Herández. Comentan @silvilunazul y @cristinaburneos (26/ago/2021)


Fuente: Página de Facebook de Contraprisiones / 26 de agosto de 2021

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«Perdí mi candidatura porque soy #trans»: @KathrynBristow , integrante del Partido Verde Inglés en #ReinoUnido por @5050oD


Fuente: OpenDemocracy.net / 5 de agosto de 2021 / Por Lou Ferreira y Adam Ramsay / Traducción libre por Rebeca Garza

Kathryn Bristow está demandando al Partido Verde alegando discriminación de género
| Foto: cortesía de Kathryn Bristow. Collage: Inge Snip

Kathryn Bristow fue nombrada el 8 de marzo como candidata del Partido Verde para las elecciones al gobierno local del Reino Unido de 2021, siendo la primera mujer abiertamente trans presentada por un partido político en Bristol City. Pero menos de dos semanas después, el partido la suspendió formalmente y seleccionó a otro candidato, que no era trans, para postularse en su lugar.

Ahora, en una entrevista exclusiva con openDemocracy, Bristow habla públicamente por primera vez sobre lo que sucedió y por qué está demandando a su partido por discriminación de género. «Es porque soy trans», dice, sobre por qué perdió su nominación. «Está claro que se me ha considerado un riesgo para la reputación del partido de ser transgénero».

«Puse mujer como mi sexo en el censo, y dije [que lo haría] públicamente», explicó Bristow. Una queja al consejo regional del Partido Verde, presentada por Hazel Pegg, entonces coordinadora de comunicaciones internas del partido, argumentó que estaba «violando la ley» y «desprestigiando al partido» con estas acciones. La Ley del Censo de 1920 requiere que todos en Inglaterra respondan a las preguntas en el censo con precisión, aunque una enmienda de 2019 hace que las preguntas sobre sexo y género sean voluntarias.

El lunes 17 de mayo, el día internacional contra la homofobia, la transfobia y la bifobia, Bristow presentó un caso judicial en la Corte del Condado de Bristol, demandando al Partido Verde por discriminación basada en el género y solicitando daños y perjuicios por lesiones a sus sentimientos. Dijo que no hay fechas programadas para los tribunales en este momento, y que actualmente está en conversaciones con el Partido Verde sobre cómo proceder.

«Un peligro inmediato y continuo»

«Kathryn es un peligro inmediato y continuo para la reputación del Partido Verde», escribió Hazel Pegg en la denuncia del 13 de marzo, en poder por openDemocracy, que desencadenó el proceso que llevó a la suspensión de Bristow.

El 19 de marzo, Bristow recibió un correo electrónico del gerente de quejas del partido, también en poder por openDemocracy, informándole de «una suspensión temporal sin culpa» como resultado de esta queja. Esta suspensión fue revocada en la próxima reunión del consejo en junio, pero para entonces había perdido su oportunidad de presentarse a las elecciones locales (6 de mayo).

La queja de Pegg citó tuits en los que Bristow anunció su intención de marcar su sexo como mujer en el censo de 2021. Dijo que «las declaraciones públicas de Katryn claramente han desacreditado al Partido y han pasado de Twitter a la prensa nacional», citando artículos sobre Bristow en el Daily Mail y Spectator (ambas publicaciones de derecha) y «una mención muy larga en el blog de Graham Linehan». Linehan es un conocido escritor de televisión y opositor de lo que él llama «ideología trans».

Jane Fae, presidenta de la organización benéfica británica Trans Media Watch, dijo a openDemocracy que el Daily Mail y Spectator publican rutinariamente artículos «significativamente sesgados» sobre personas trans.

«Deberíamos tomar la oposición de que [estas] publicaciones como una señal de que estamos avanzando en la dirección correcta, en lugar de como una señal de advertencia», dijo un portavoz de los Verdes LGBTIQA+ (un subgrupo del partido que representa las prioridades de los miembros LGBTIQ). Llamaron a Bristow «un incondicional activista para el partido y para las personas trans en todas partes».

LGBTIQA+ Greens – un subgrupo del partido que representa las prioridades de los miembros LGBTIQ – en London Trans Pride | Foto cortesía de: Kathryn Bristow

En respuesta a la solicitud de comentarios de openDemocracy, Linehan envió un correo electrónico diciendo que no es «tránsfobo». Sin embargo, malgenerizó a Bristow; la llamó «una traficante de drogas que ataca a niños vulnerables» en referencia a su papel trabajando en la atención médica trans; y dijo que estaba «encantado de escuchar» que su escritos puedan estar relacionados con la suspensión de su candidatura.

Pegg dijo a openDemocracy que «no cree que sea apropiado comentar en público sobre los asuntos disciplinarios internos en curso donde todos los interesados, incluida yo, tenemos derecho a esperar confidencialidad».

“Un golpe masivo a mi sensación de bienestar»

Bristow dijo que pidió repetidamente al partido que revisara su decisión de suspensión a tiempo para que se postulara en las elecciones del gobierno local, pero no lo hizo.

«Tener la oportunidad de ser concejal significó mucho para mí, y la suspensión fue demasiado», dijo a openDemocracy. «Me metí en política para ayudar a la gente, por eso quería ser concejal […] para ayudar a las personas residentes locales».

Describió el empeoramiento de los síntomas de salud mental y los «sentimientos de impotencia» desde su suspensión: «Las cosas han estado mejorando últimamente, pero sigue siendo un golpe masivo para sentimiento de bienestar».

«Ser la primera mujer abiertamente trans en ser seleccionada como candidata por un partido político para las elecciones de Bristol City tuvo gran importancia no solo para mí, sino también para la comunidad trans», explicó Bristow en su reclamo judicial

«Las cosas han estado mejorando últimamente, pero sigue siendo un golpe masivo para mi bienestar».

Kathryn Bristow

Ani Stafford-Townsend, concejal del Partido Verde para el barrio central de Bristol y portavoz de igualdad del partido, que no es binario, dijo a openDemocracy que la transfobia en el partido «tiene que ser abordada». «No puedes simplemente meter la cabeza en la arena», agregó.

Un integrante de los Verdes LGBTIQA+, que habló con openDemocracy bajo condición de anonimato, dijo que el consejo regional «tiene enormes preguntas que responder sobre su toma de decisiones y si están apuntando injustamente a personas inclusivas o no».

En diciembre de 2020, Bristow fue elegida copresidenta de Green Party Women (un subgrupo del partido que representa las prioridades de las mujeres miembros del partido), lo que provocó lo que el sitio web de noticias LGBTIQ PinkNews describió como una «reacción transfóbica«, incluso de «un número muy pequeño de personas» en el partido. En una declaración oficial en ese momento, el Partido Verde dijo que su apoyo a los derechos trans era «inequívoco».

El mes pasado, la colíder del Partido Verde, Siân Berry, anunció que dejará la dirección del partido este otoño por divisiones sobre los derechos trans. Hablando exclusivamente con openDemocracy, Berry describió los derechos trans como «una prueba moral de cómo nos comportamos hacia todas las minorías, cómo defendemos a esta minoría particularmente demonizada».

«Todavía creo en el Partido Verde»

Bristow dijo a openDemocracy que continuará su trabajo con los Verdes LGBTIQA+, y tiene planes de presentarse a las elecciones locales de 2024.

«Todavía creo en el Partido Verde y en lo que está haciendo», Los miembros del partido apoyan abrumadoramente los derechos trans, pero «los procesos en el partido están rotos y permiten a un pequeño grupo de personas tomar decisiones como esta».

Kathryn Bristow

Un portavoz del Partido Verde dijo a openDemocracy que «no comentan sobre cuestiones disciplinarias individuales», pero agregó: «El Partido Verde reconoce que los hombres trans son hombres, las mujeres trans son mujeres, y que las identidades no binarias existen y son válidas».