México, el país que odia a las mujeres.


transfobia

México se ha convertido en el país que odia a las mujeres. Actualmente estamos viviendo una terrible crisis humanitaria de personas asesinadas o desaparecidas, pero en el caso de las mujeres las cifras no sólo son escandalosas sino ignoradas donde cada año son asesinadas más de dos mil mujeres y más de siete mil mujeres desaparecidas en 4 años.

Sin embargo, dentro de estas tragedias existen otras que son aún más invisibilizadas: los asesinatos a las mujeres trans. En menos de una semana y media hemos recibido noticias de asesinatos de compañeras trans como Paola y Alessa en la Ciudad de México, como el caso de Itzel en Chiapas, como el caso de una mujer trans asesinada en el Estado de México; y hemos recibido la noticia de la desaparición de una chica trans de Chihuahua.

Si bien, a estos casos les han sucedido protestas y exigencias enérgicas hacia las autoridades por justicia y protección no ha habido siquiera pronunciamientos de las autoridades más que de CONAPRED, y esto es insuficiente.

Para quienes piensan que las personas trans –hombres y mujeres- no tenemos protección alguna hacia nuestros derechos humanos les invito revisar el informe “Violencias contra personas LGBTI” de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Con respecto a las violaciones de los derechos de las personas trans no sólo realiza recomendaciones para que los Estados incorporen de forma explícita el concepto de identidad de género dentro de sus protecciones legales sino que también solicita incorporar dentro de las penas el agravante por “crimen de odio” o “agravante cometido por prejuicio”, la obligación del funcionariado público por evitar a toda costa los discursos de odio porque además de menoscabar el derecho a la no discriminación afecta a la confianza que se le tienen a las instituciones de Estado, recomienda trabajar la educación de la diversidad sexual desde la infancia y la escuela, capacitar a las autoridades en los temas de la violencia derivadas de la diversidad sexual, desagregar en los indicadores de violencia información por identidad de género, orientación sexual y diversidad corporal, brindar facilidades para que las personas y asociaciones LGBTI accedan a espacios en medios de comunicación y generar debates más igualitarios dado el contexto de prejuicios y estereotipos, entre otras recomendaciones.

Para el caso de las mujeres trans, la Comisión también es clara en señalar que aunque no existan disposiciones específicas estamos protegidas bajo los instrumentos internacionales de derechos humanos como Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU (“CEDAW”, por sus siglas en inglés), la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y la Convención de Belém do Pará.

A partir de esta interpretación, a las mujeres trans también nos protege la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y sus correspondientes leyes estatales, por lo que la CONAVIM encargada de ejecutar esta ley, tiene la obligación de llegar las cifras de las violencias hacia mujeres tras e intersexuales y tomarlas en cuenta al momento de solicitar las Alertas de Género.

No lo ha hecho, porque aún persiste la idea de que las mujeres trans y, algunas mujeres intersex, no somos mujeres. Esta misma idea que niega nuestra identidad no sólo nos invisibiliza en las estadísticas y en las políticas públicas sobre la violencia, sino que detona la exclusión social que lleva la precariedad y está en la mente de cada uno de los asesinos por transfobia.

Rebeca Garza

Hoy cumplo 15 años en el Servicio Profesional Electoral de @INEMexico


Hoy cumplo 15 años en el Servicio Profesional Electoral que el IFE le heredó al INE.

Tenía 22 años cuando recién egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León trabajaba en una empresa de telemarketing como una forma de pagar los trámites de mi titulación, como una forma de sentirme útil y productiva ante mi familia.

Había llegado a ese trabajo después de muchos y muchos rechazos de otras empresas, principalmente privadas como FEMSA o CEMEX cuyos directivos hombres se mostraban agresivos y no disimulaban su rechazo ante una persona que rompía ciertos convencionalismos de género.

Tenía 22 años y ya sabía lo que era ser discriminada. Mi familia se preocupada porque era evidente que encontraría muchas más dificultades que mis hermanos  para encontrar trabajo a pesar de haber concluido con un promedio de 9.4 en la Facultad y contar con diversas prácticas profesionales como estudiante y dominar la incipientes tecnologías de información.

Recibí muchos bienintencionados consejos para “ser diferente” o “comportarme diferente” porque de otra manera “nadie me daría trabajo”. Simplemente me era imposible. No era necedad, era fingir algo o hacer algo que  no me hacía sentir cómoda ni auténtica. Esto no me liberaba del estrés y la preocupación al pensar en cómo sería mi futuro laboral y personal. Era oscuro e incierto.

Una tarde de otoño del año 2000, mi padre me presentó una convocatoria para ingresar al Servicio Profesional Electoral del entonces Instituto Federal Electoral (IFE). En esa época, el IFE gozaba los más altos índices de confianza de todas las instituciones, incluso sobre la Iglesia Católica, debido a la reciente elección donde Vicente Fox había ganado la presidencia logrando algo que parecía imposible en los años 80’s: la alternancia en el poder de forma pacífica.

El servicio social lo había realizado en el IMSS, ahí conocí el servicio público y me fascinó. Sentí algo que no había sentido en la iniciativa privada: sentirme útil para otras personas, ayudarles en sus trámites. En la iniciativa privada me sentía un recurso más a favor del incremento de sus utilidades. Esta experiencia fue lo que le interesó a mi padre cuando me compartió la convocatoria.

Sinceramente, no tenía interés en inscribirme o participar. Sabía del IFE lo que el resto de la población: que ahí tramitábamos la credencial de elector o que organizaba elecciones pero no tenía idea de lo que era organizar alguna. Le dije a mi padre: “Esas plazas ya están dadas, seguro es para taparle el ojo al macho…”. Tantos rechazos me hacían pensar que tampoco tenía posibilidades.

Mi padre me insistió tanto que en realidad fui a preguntar sobre la convocatoria a la Junta Local de Nuevo León sin mucho interés. Al llegar, había un grupo de personas que mediante un proceso casi automático atendía una larga fila con rapidez y eficiencia. Solo me formé, la fila me llevó y salí cargando una solicitud, una guía de estudio y la lista de plazas vacantes.

En casa  me detuve a leer toda la documentación. El lenguaje me era ajeno: ¿”Vocal Ejecutivo”? “¿Vocal de capacitación electoral y educación cívica”? No entendía. Llené mi solicitud. Los cargos los consulte en el entonces COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) y me registré a participar por el cargo de “Vocal de Capacitación Electoral y Educación Cívica de Junta Distrital” principalmente por dos razones: cumplía con el requisito de edad y en mi trabajo era habitual que capacitara la personas de nuevo ingreso.

El primer examen fue de conocimientos generales. La guía incluía temas de geografía, español, ciencias sociales, historia, matemáticas, entre otros temas que en realidad me parecían temas de cultura general.

La mejor herencia de mi padre surtió efectos en ese momento. Desde que aprendimos a leer y durante toda la vida siempre ha sido un impulsor por la lectura. A pesar de no ser una familia de muchos recurso económicos nunca nos faltaron las enciclopedias y los libros. No solíamos salir de vacaciones. Mi escape ante esos días e incluso en las épocas de mi vida cuando recibí rechazo e incomprensión, siempre fueron los libros y las enciclopedias donde me refugiaba del aislamiento. De ahí nació el amor a la lectura y el acopio de conocimientos generales se dio de forma natural. 

Adicionalmente, como comenté, era medio nerd en la facultad. Mis amigas y amigos nos reuníamos ¡para estudiar!. Por lo tanto, pude concluir mi carrera con dos materias de maestría debido al promedio: Matemáticas y Economía.

Esto me permitió pasar el examen de conocimientos sin muchos problemas y ubicarme en los primeros diez lugares. El examen de dicho concurso se caracterizó por tener una alta complejidad matemática de la que muchas personas se mostraron inconformes. El siguiente examen era el de conocimiento del cargo y la guía de estudios incluía principalmente el COFIPE  y la Constitución Mexicana, ajenos para mí en ese entonces.

Mi padre y yo acordamos que renunciaría a mi trabajo para que yo me dedicara a estudiar para el siguiente examen. Al mismo tiempo, mi abuela Catalina estaba gravemente enferma en Veracruz. Mi madre llevaba meses con ella y me pidió que pasara una temporada al pendiente de mi madre, puesto que nos preocupaba su salud física y emocional ante un inminente fallecimiento.

Hice lo que había realizado durante los cuatro años y medio en la facultad. Me dediqué a leer, hacer diagramas, cuadros sinópticos y tratar de entender dichas leyes. Durante semanas dividía mi tiempo entre cuidar de noche de mi abuelita, estar con mi madre y leer en terapia intensiva y encerrarme en el cuarto de mi abuelita a estudiar y tomar notas.

Solamente regresé a Nuevo León a presentar el segundo examen y me regresé a Veracruz a cuidar a mi madre. Durante ese lapso, mi abuelita falleció y estuve con mi madre apoyándola en diversos trámites funerarios.

Cuando el INE publicó los resultados logre colarme entre los primeros 20 lugares, no recuerdo el exacto pero rondaba el 16. Había poco más de 30 plazas disponibles para el cargo que me había inscrito.

La siguiente etapa era la entrevista. Hasta entonces yo era un folio. Ni un nombre ni un sexo. Eso me daba mucha seguridad a la hora de concursar. Estaba ya por cumplir 23 años en julio. El concurso ya llevaba más de 6 meses. He de decir que los concursos son largos.

Sabía que en la entrevista me iría mal. Tenía 22 años, era recién egresada, no tenía experiencia electoral, no me ajustaba a los convencionalismos de mi género asignado… había mucho material por donde la persona entrevistadora me iba a cuestionar.

Me entrevistaron dos personas: el Vocal Ejecutivo de la Junta Local de Nuevo León y una mujer de oficina centrales.

El Vocal Ejecutivo, no recuerdo su nombre, era un hombre simpátiquísimo, corpulento, moreno y con una presencia muy cálida y amable. Se sorprendió mucho al verme e inmediatemente me preguntó mi edad. En ese entonces pesaba 45 kilos por lo que aparentaba mucho menos de 22 años. Me hizo muchas preguntas en un tono muy amable, me sentí tranquila, no sabía qué me estaba preguntando y en un momento pregunté: “¿qué es lo que usted me está evaluando?”. El contestó de forma muy divertida: “Ah, mira, tengo que evaluar si tienes facilidad de palabra y veo que sí, tengo que evaluar si tienes seguridad también veo que sí…” y fue contándome parte de sus impresiones.

Posteriormente, pasé a la otra entrevista. Ella, tampoco recuerdo su nombre, era una mujer blanca, joven, de gesto duro y muy seria. Imponía su presencia. Después de preguntarme nuevamente mi edad y mi experiencia laboral me dijo directamente: “Yo veo con usted un problema, su edad. ¿qué me diría si un Vocal que le dobla la edad le dice que usted no le va a venir a enseñar nada ?”.

Me molesté mucho. Su tono fue duro y directo. Sabía que no tenía ya nada que perder. Tomé aire y le contesté en el mismo tono firme y directo que ella: “Mire, en primer lugar le confieso que yo me inscribí con muchas dudas a este concurso. Pensé que todas las plazas ya estaban dadas y he llegado hasta aquí a partir de los resultados de los exámenes. Es decir, si estoy aquí es porque en teoría cumplo con los requisitos básicos de conocimientos que ustedes solicitaron. Además, para inscribirme no había un mínimo de edad. Por lo tanto, si usted cree que por mi edad yo no tengo la madurez de desempeñar el cargo creo que es un error. Puedo tener 35 o 40 años y ser una persona inmadura o tener 25 y tener la suficiente madurez. Y sobre su pregunta, si un Vocal me dice eso simplemente le diría que yo no le vengo a enseñar nada. Donde me pongan me dedicaré a trabajar y a apegarme a lo que me señalen, si yo puedo aprender de alguien más eso sería genial y si alguien puede aprender de mi, también.”

Esperaba una sonrisa de aprobación de la entrevistadora pero ella ni siquiera se inmutó. Cuando salí de la entrevista, me preguntó mi hermano David -quien me había acompañado para darme apoyo moral- sobre cómo me había ido. Le dije que mal. Que en una entrevista sentí que me había ido muy bien pero en otra no. Que no esperaba tener buenos resultados.

Cuando salieron publicados los resultados finales estuve aún entre los primeros 20 lugares pero sabía que no alcanzaría plaza en Nuevo León. Durante los exámenes había hecho amistad con otras personas que concursaban como Asdrubal y Ofelia y habíamos acordado llamarnos cuando a alguien le ofrecieran un cargo. A Asdrubal y a mi ya no nos tocaron plazas en Nuevo León.

Hablé con mi papá y mi mamá para preguntarles qué hacer si me tocaba salir de Nuevo León. Nunca había vivido fuera de casa y no lo tenía planeado siquiera. Me dijeron que me apoyaban en todo, en caso que decidiera tomar una plaza de fuera. Eso me dio tranquilidad.

El día que me llamaron de Oficina Central me pidieron que eligiera de las plazas disponibles. Guanajuato, Puebla, y otros estados más alejados del centro tenían vacantes. Pregunté por las vacantes de Puebla. Me dijeron que estaban disponibles Tehuacán, Zacapoaxtla, Izúcar de Matamoros y Acatlán de Osorio. Internet no era lo que es hoy. Me decidí, por mero impulso, por Acatlán de Osorio, pensando que Puebla  no debía ser muy grande.

Era un mes de agosto de 2001 cuando me llamaron. A fines de julio acababa de cumplir 23 años. Me dijeron: “Usted tiene que tomar posesión del cargo el 16 de septiembre”.

El 7 de septiembre llegué a Puebla con una gran maleta, todo el apoyo de mi familia, muchos miedos pero también muchas ilusiones.

El lunes 17 de septiembre las personas integrantes de la 16 Junta Distrital Ejecutiva de Acatlán de Osorio, Puebla, enclavada en la sierra mixteca, me tomaban posesión del cargo y me recibían como parte de su familia.

Sería el inicio de una carrera que me ha dado muchos aprendizajes laborales y de vida, que me ha formado como profesionista y como ser humano, y un camino donde he conocido personas fabulosas que han hecho de mi vida más plena.

¡¡¡A todas y a todos ustedes, muchas gracias. Al IFE, muchas gracias. Al INE, muchas gracias por todo el aprendizaje, el apoyo y las enseñanzas de vida!!!!

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Las familias #trans #TambiénSomosFamilia


Sobre el debate alrededor del matrimonio igualitario se ha hablado del derecho de personas gays y lesbianas para conformar una familia. Sin embargo, es importante visibilizar que el matrimonio igualitario también facilita el ejercicio de los derechos de las personas trans.

El mito de que las personas trans no podemos ser merecedoras de amor es desmontado con las hermosas  historias que se escriben día con día a lo largo del país y del mundo.

Como se dice por ahí, estas cosas buenas no se cuentan pero cuentan mucho y ya es una hermosa realidad.

Conforme se nos protegen más derechos,  las personas trans nos sentimos más seguras y protegidas para formar relaciones de pareja con la libertad de vivir libres de prejuicios con alguna persona cisgénero o con alguna otra persona transgénero.

Asimismo, una persona trans –como cualquier personas cis- puede  amar a alguien de su género opuesto, a alguien de su mismo género, a ambos, o esto puede ser irrelevante.

Las personas trans existimos, amamos y nos aman en reciprocidad.

Hemos formado familias donde el amor y el apoyo mutuo es pan de cada día, trabajamos y compartimos entre las personas integrantes de la familia los beneficios sociales y formamos parte de esta sociedad.

Algunas familias tienen hijas e hijos productos de su propia relación o de relaciones anteriores, otras desean adoptar, otras somos felices con nuestros perros o nuestros gatos, otras encuentran la plenitud sin hijos, y un grande y diverso etcétera.

Soy Rebeca Garza, tengo 38 años, soy funcionaria electoral, soy una mujer trans,  y te digo:

Las personas y las familias trans #TambiénSomosFamilia, existimos, aquí estamos y no nos vamos.

trans

Sobre los discursos de odio hacia la diversidad sexual de parte de la Iglesia Católica.


Los discursos de odio hacia grupos específicos explotan el miedo a lo diferente con el objeto de aglutinar fácilmente masas acríticas para así generar la ilusión de un sentido de pertenencia que permiten fácilmente la introducción de propuestas cuestionables tanto éticas  como legalmente.

Estas estrategias no son nuevas. Las vimos a partir de los sucesos del 9/11 donde surgieron discursos de odio que sentaron las raíces de la actual islamofobia globalizada.

Ha sido también la estrategia de la precampaña de Donald Trump en donde acusa a México como causa de muchos de los males de Estados Unidos y que al inicio de su campaña le redituó amplias preferencias.

Actualmente, esta lamentable estrategia está siendo explotada por las diversas instituciones eclesiásticas en México, encabezadas por la Iglesia Católica y dirigida en contra de la población de la diversidad sexual y de lo que ellos llaman ” a ideología del género” como un una forma de desprecio a los estudios críticos sobre género como categoría de análisis de opresión impulsados principalmente por el movimiento feminista.

Estos discursos de odio han tenido como efecto el incremento de prejuicios y la conformación de masas que han justificado actos de diferentes formas de violencia hacia estos grupos históricamente vulnerados-

Si bien, la convivencia democrática dentro de una pluralidad donde diverjan opiniones y creencias no es fácil, el Estado Mexicano, las instituciones públicas que le representan y las personas que las integran tienen la obligación constitucional de manifestar una clara y determinante postura a favor de la igualdad y la no discriminación con una altura de miras más allá del favor electoral.

La peor decisión del Estado mexicano en esta situación será el silencio y la omisión que también le hará responsable de la espiral de violencia que resulte de esta tensión irresuelta.

Rebeca Garza

Reflexiones de “Intersecciones: cuerpos y sexualidades” en la encrucijada de Lucas Platero y Paco Guzmán


La lectura “Intersecciones: cuerpos y sexualidades”se puede consultar aquí.

La lectura de Passing, enmascaramiento y estrategias identitarias: diversidades funcionales y sexualidades no-normativas” de Paco Guzmán y Lucas Platero resulta muy interesante por dos grandes razones: en primer lugar, la aportación conceptual que brinda a la diversidad no normativa el entendimiento de la diversidad funcional; en segundo, la propia intersección de la sexualidad no normativa corporizada en cuerpos diversamente funcionales.

Como parte de lo primero, me resultó novedoso conocer la Teoría Crip y entender las grandes similitudes que tiene con la Teoría Queer al cuestionar la naturalización de las normas sociales de apropiarnos el cuerpo y la sexualidad y que parecieran ser universales.

Si la Teoría Queer visibiliza y denuncia la heteronormatividad de la sociedad, la homonormatividad dentro del llamado colectivo LGBTIQ y ha acuñado nuevos conceptos para visibilizar formas de violencia que se aplican a los cuerpos no normados como el cisexismo y la transmisoginia, por ejemplo, la Teoría Crip aporta el concepto de “capacitismo” que entendería como el prejuicio de suponer que los cuerpos y mentes que se alejan de una idea de capacidad productiva, individual y autónoma -intensificada por la influencia capitalista de la productividad- son inferiores, asexuales,  enfermos, invisibles y/o subnormales. En una intersección religiosa, el capacitismo puede devenir en considerar estos cuerpos y mentes como formas de pecado y/o depositarios de actos asistencialistas que perpetúan el estereotipo de dependencia o infantilismo.

La propia Teoría Crip se reapropia de un concepto de origen despectivo como lo “Cripple” (como tullido) para visibilizar y denunciar el capacitismo, tal y como la Teoría Queer lo ha hecho de las diversas formas de violencia y exclusión a las que son sometidas las personas con identidades y expresiones sexogenéricas no normativas.

Como señalan Guzmán y Platero: “ambos términos reclaman la diferencia como un lugar legítimo” como una “reafirmación pública de una identidad atribuida”, por lo tanto, señalan, una audacia.

En ese sentido, la Teoría Crip aporta el concepto de diversidad funcional alejado del modelo médico de discapacidad tal y como las identidades de la diversidad sexual no normativa -como las personas gays y lesbianas y las personas trans- han luchado por alejarse del discurso patologizante de la ciencia médica.

De la misma forma en que las personas de la diversidad sexual no normativa hemos ido explorando la construcción de identidades colectivas como población LGBT o mujeres trans feministas, la diversidad funcional ha explorado la creación de procesos de identificación colectiva como las minorías lingüísticas como las personas con sordera.

Por lo tanto, las minorías –tanto sexuales no normativas como funcionales- se convierten en agentes de cambio para genera conciencia y empoderamiento mediante diferentes  estrategias de afrontamiento o maneras de enfrentarse a las dificultades que se presenten y que han sido recuperadas tanto por la Teoría Queer como la Crip, por ejemplo:

  1. Passing y Enmascaramiento: El “passing” como la idea de pasar como alguien asimilable o asimilado dentro de las reglas convencionales de “normalidad” tanto como un cuerpo o una mente “capaz” o como un cuerpo alineado a la matriz cis-heteronormativa. El enmascaramiento, sería parte del esfuerzo para acercarse a ese ideal de “pasabilidad” y que implicaría altos costes psicológicos y físicos por exigir a un cuerpo o una mente una materialización ajena a lo que realmente hace sentir cómoda a la persona. Platero y Sánchez le llaman “ocultación”. En el caso de las personas trans, sería el equivalente a vivir “stealth” o invisible, y quizás este concepto de invisibilidad pueda también aplicarse a la diversidad funcional que tiene posibilidades de “pasar” y “enmascararse”.
  2. La visibilización: que sería más bien una acción consciente con un objetivo político de reivindicar la re-apropiación de un cuerpo no normativo ni sexualmente ni funcional pero igualmente válido y digno. Como una forma de confrontar el “capacitismo” y las diferentes formas de violencia que surgen del sistema cis-heteronormativo.

Ahora bien, los cuerpos donde se intersecciona la diversidad funcional con la diversidad sexual no normativa creo que tienen grandes posibilidades de convertirse en una veta de ilustración al explorar y consolidar identidades múltiples dando forma a lo que los autores llaman “interseccionalidad estructural” como “ir más allá de la delimitación de los ámbitos de la diversidad sexual y diversidad funcional como similares, se trata de sumergirnos en los efectos vividos de las personas”.

Lo anterior permitiría el surgimiento de lo que los autores llaman interseccionalidad política como ese conjunto de estrategias sociales y políticas de mantener al margen la diversidad funcional y sexual no normativa bajo la perpetuación del argumento que “hay otros temas de mayor importancia” o “no son problemas de la mayoría” y que fortalecen el mito de la normalidad pero también la exclusión y marginación de quienes nos alejamos a esa idea de “normalidad”.

De esta forma, me parece que el propio concepto de transfeminismo se enriquece y redimensiona a partir de estos dos conceptos de intersección estructural o identidad múltiple para leer como se corporizan y sexualizan las diferentes normas y estructuras de poder de la organización social como la matriz cis-heteronormativa, la edad, la etnia, la religión, la “capacidad”, la clase social, entre otras, en un mismo cuerpo.

Ambas teorías buscan modificar las estructuras que devienen en construcciones sociales de la diversidad funcional y diversidad sexual no normativa ya que la matriz heterosexual invisibiliza y sanciona a lo diferente o “anormal” por alejarse de los ideales de la reproducción por medio del coito tradicional y limitan a su vez el surgimiento de otras posibilidades de manifestación del deseo y del disfrute del erotismo.

Otro aspecto en común de ambas teorías es la visibilización de las formas de violencia que sufren la diversidad funcional y la sexualmente no normativa.

Así como la transfobia hacia las mujeres trans deriva en una transmisoginia las mujeres con diversidad funcional, especialmente mental, sufren de una especie de capacitismo misógino bajo el prejuicio que las mujeres tenemos el potencial de ser histéricas o “locas”.

Con respecto al deseo y las prácticas sexuales, creo que las personas de la diversidad funcional y de la diversidad sexual, especialmente las personas trans, compartimos el prejuicio de no ser consideradas como parejas potenciales o sexualmente deseables más allá del morbo que implica una experiencia sexual con alguien “freak”.

Otras formas de violencia es el grado de vulnerabilidad social, económica  y política que tanto las personas de la diversidad funcional y de la diversidad sexual no normativa tenemos en común. Las primeras por parte de sus personas cuidadoras y ambas por parte de una sociedad que considera que no tenemos un espacio digno ni deseable que ocupar dentro de la vida social y que, muchas veces, introyectamos dentro del proceso de construcción de nuestra identidad en demérito, incluso, del ejercicio autónomo de nuestra ciudadanía.

Quizás las personas de la diversidad funcional que son dependientes de apoyos humanos y dispositivos para realizar cualquier actividad pueden convertirse en una veta de ilustración para explorar la idea del cuerpo cybergrotesco[1]  como una forma de bricolaje de resistencia de la producción[2] como señala María Rubio en “El ojo saturado del placer”.[3]

Pareciera que existe menos presión social para ejercer una sexualidad normativa para quienes forman parte de la diversidad funcional dado que la sociedad asume dichos cuerpos como asexuales lo que permite que exploren con, aparente menos presión social, un erotismo no normativo.

Quizás el reto que viven las personas de la diversidad funcional como las personas de la diversidad sexualmente no normativa es, como señala Sofía Argüello, generar procesos de identificación estratégicas y temporales para asegurar procesos de agenciamiento en la vida pública y política y evitar el riesgo de generar “guetos” o comunidades cerradas que a la postre esencialicen o naturalicen retroactivamente el reclamo a la diferencia.

Rebeca Garza

[1] Tecnológico-grotesco (…) como propone Donna Haraway, una suerte de escritura que se inscribe en lo tecnológico mientras se define, se abre al “mundo alien” y es atravesado por él, intersectado por las prácticas sociales en las que ese sujeto es.”

[2] Relectura del producto de consumo y elaboración-reciclaje que contraría el desarrollo lineal, el progreso indefinido sin respetar límites, bordes, posiciones, reglas ubicándose en el medio, en lo ambigüo y en lo mezclado.

[3] Ruido, M. (2000). El ojo saturado de placer. Sobre fragmentación, porno-evidencia y bricotecnología.

Banda aparte. (18):51-62.

El papel de las personas instructoras en el proceso de enseñanza-aprendizaje de las personas adultas.


El proceso de enseñanza-aprendizaje de las personas adultas requiere de habilidades instruccionales específicas y diferentes al de la población infantil dada las características de cada persona adulta y sus motivaciones con la finalidad de identificar los requerimientos y desafíos para así elaborar un estilo de aprendizaje adecuado y exitoso.

Tan específica es esta disciplina que se ocupa del aprendizaje y la educación de la persona adulta que tiene el nombre de andragogía (Calivá, 2009).

Flood (Sin año), señala que hay que considerar las características de la persona adulta como sujeto de aprendizaje como su bagaje de experiencia laboral, la vida personal, su trayecto en la educación formal así como su situación de vida en la construcción del entorno del aprendizaje.

Este tipo de aprendizaje es abierto en tanto que la persona define sus propios objetivos, tiene libertad para organizar su currículo, distribuir su tiempo y ritmos de aprendizaje así como determinar las fuentes de saber; pero, también es un aprendizaje permanente  puesto que se aprende para hacer frente a las situaciones de un mundo en constante cambio (García, 1988).

Por lo tanto, las personas instructoras deben poseer las competencias para identificar las motivaciones que serán fuente del aprendizaje, los requerimientos dentro de este proceso, los diferentes estilos de aprendizaje a usar, el papel del entorno virtual como medio de enseñanza así como las dificultades y desafíos a los que se puede enfrentar.

Las motivaciones a considerar serán desde la forma en cómo se enriquece la personalidad del adulto o adulta ya sea por la resolución de un problema, porque la actividad de aprendizaje le produce placer, porque mejora su desempeño laboral o porque le brinda herramientas para seguir desarrollándose profesionalmente (Flood, sin año).

Sobre este tema, hay que considerar la importancia del cerebro límbico como responsable de la construcción de los lazos sociales a partir del conocimiento de la inteligencia emocional así como la fase en la que se encuentra la persona adulta, es decir, si es temprana de 18 a 30 años, media de 30 a 55 años o tardía de más de 55 años (Calivá, 2009).

Dentro de los requerimientos del proceso de aprendizaje, la persona facilitadora debe saber fomentar la participación de la persona adulta para que sea capaz de compartir sus experiencias y conocimientos previos, para que conozca rápidamente la utilidad del aprendizaje, para que reconozca el alto compromiso del personal docente y que requerirá una interacción constante con ellos (Flood, sin año).

A partir de lo anterior, la persona facilitadora tiene que identificar de una gran variedad de estilos aprendizajes el más adecuado para alcanzar sus objetivos, como los siguientes (García, 1988): el serialista o partista donde el aprendizaje es paso a paso, las hipótesis son estrechas y sencillas, y los estudios secuenciales o lineales; o bien, el holista o totalista donde las hipótesis son complejas y en donde se examina cada tema desde diferentes ángulos. A su vez, el estilo holista o totalista puede ser antirredundante en caso de que emplee analogías apropiadas y correctas en sus explicaciones o redundante u holista extremo si hace uso amplio de analogías pero no son muy acertadas o son ficticias.

El estilo de aprendizaje también puede ser definido a partir de la estrategia misma, es decir, si es asociativa, de elaboración o de organización. En cambio, si es a partir de cómo se encara la tarea puede ser superficial, profundo o estratégico (Flood, sin año).

También, el estilo de aprendizaje puede ser a partir del tipo de alumnado que se tenga. García en 1988 identifica a un perfil que denomina sylbs si se apega al programa de estudio o  sylfs sino se apega. En cambio, Calivá en 2009 identifica a la persona alumna por el canal de entrada del aprendizaje, es decir, visual si aprende observando, auditivo si aprende escuchando o kinestésico si aprende haciendo.

Dado el contexto de vida familiar y laboral de las personas adultas, la persona instructora debe considerar y dominar los entornos virtuales donde el alumnado dialoga más con la realidad que con la persona docente y es justamente esta realidad la que proporciona presencialidad y los mismos problemas, da sentido a los saberes, valida las experiencias y se convierte en campo de experimentación y comprobación de capacidad de modificación (García, 1988).

Por lo tanto, adicional a los materiales y recursos tecnológicos, la persona instructora debe considerar los siguientes criterios en la formación de entornos virtuales: fomentar el desarrollo de conciencia de conocimientos del alumnado; la construcción de conocimientos y tareas dentro de un contexto significativo; la diversidad de canales de entrada para hacer una construcción fluida; fomentar el trabajo colaborativo; y, por supuesto, estar consciente de su nuevo rol adaptando al contexto de aprendizaje los materiales de tal forma que formen parte del entorno del alumnado (Flood, sin año).

Finalmente, queda claro que trabajar los procesos de enseñanza-aprendizaje con las personas adultas implica toda una seria de retos y desafíos que no suelen presentarse en la población infantil y que, dado los vertiginosos tiempos actuales, hay que tener siempre en mente.

Algunos de estos desafíos en el alumnado a considerar son: expectativas bajas o poca curiosidad; capacidades cognoscitivas disminuidas;  carencias, deficiencias o inseguridades en técnicas de trabajo intelectual;  temor a que los conocimientos sirvan poco en su vida profesional; y, cansancio o escasez de tiempo por el trabajo (García, 1988).

Estos desafíos tienen que ser compensados por parte de la persona instructora con un fuerte acompañamiento en la familiarización del entorno; con una comunicación ágil y estable; con seguimiento al acceso y participación de las actividades especialmente en los entornos virtuales; y, en la resolución de dudas e inquietudes desde el inicio del curso (Flood, sin año).

Las necesidades de aprendizaje permanente para resolver los problemas de la vida en un entorno altamente competitivo, en constante cambio y sobresaturado de información dada las nuevas tecnologías de información requieren de instructoras e instructores no solo capaces de construir contenidos didácticos o que estén familiarizados con las plataformas tecnológicas sino también requiere conocer más y mejor las características y aspiraciones de su alumnado, de una forma holística e integral, para construirse como una persona acompañante y facilitadora de procesos valiosos de enseñanza-aprendizaje para la vida.

Luisa Rebeca Garza López

REFERENCIAS

 

Calivá, Juan (2009). Manual de capacitación para facilitadores [Versión Digital PDF]. Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura

Flood, Cecilia (Sin año).  El adulto como sujeto de aprendizaje en entornos virtuales. FLACSO Argentina.

García Aretio, Lorenzo (1988). El aprender adulto y a distancia. Publicado en Educadores, No. 145, Ene-Mar, 19pp.

Las inteligencias múltiples y las nuevas tecnología informáticas y de comunicaciones a favor de una educación para la democracia.


El Informe país de la calidad de la ciudadanía en México (IFE, 2014) señala que a la mayoría de las y los mexicanos (66%) considera que la ley se respeta poco o nada y que la mayoría pone en segundo término a los derechos humanos cuando se trata de capturar o incluso castigar a un presunto delincuente.

En dicho informe, aproximadamente una cuarta parte del país considera que las personas integrantes de una comunidad tienen derecho a hacerse justicia por su propia mano, como en el reciente caso de dos encuestadores linchados en Ajalpan, Puebla (Animal Político, 2015).

Este contexto junto con el desarrollo desigual de la economía hace urgente adelantar los procesos de innovación de los sistemas de aprendizaje-enseñanza mediante la incorporación de las nuevas tecnologías de informáticas y de comunicaciones  NTIC’s y las inteligencias múltiples o IM (Vasquez, 2005).

Las teorías clásicas de la inteligencia a partir del coeficiente intelectual así como los procesos de enseñanza que se desprenden de ella han sido insuficientes para construir habilidades más allá de las memorísticas y verbales.

En este sentido, la propuesta de las ocho inteligencias[1] de Howard Gardner resulta un área de oportunidad para trabajar el concepto de educar por la democracia y que va ligada a su propia definición de inteligencia (Contreras, sin año) entendida como la habilidad para resolver problemas y elaborar productos o servicios que son valiosos dentro de un contexto cultural dado.

La formación de las diferentes inteligencias múltiples replantean el papel de la persona docente para convertirse ahora en una persona facilitadora de procesos y formadora de competencias ya no sólo  cognitivas sino socio-afectivas e incluso espirituales-trascendentales y morales (Vasquez, 2005).

El desarrollo de estas diferentes inteligencias serán la base para lo que el otrora Instituto Federal Electoral llamaba “Educar para la democracia” (Conde, 2004) en donde se establece como deseable las siguientes competencias cívicas y éticas: me conozco, me valoro y me regulo; me comprometo con mi comunidad, con mi país y con el mundo; respeto la diversidad; conozco, respeto y defiendo los derechos humanos; convivo de manera pacífica y democrática; me comunico y dialogo; participo; soy crítico; respeto y valoro la justicia y la legalidad; defiendo la democracia; y, finalmente, valoro la autoridad democrática.

Estas competencias están ligadas con el concepto de las múltiples inteligencias en cuanto que éstas últimas buscan desarrollar personas más justas, capaces y cooperativas para apropiarse y construir al mundo y así mismos a través de la mediación pedagógica (Vasquez, 2005).

Vasquez de la Hoz propone en 2005 que la incursión de los procesos de innovación en la mediación pedagógica tendrá que incorporar a las NTIC’s tanto de forma vertical  en donde ésta sea un fin de aprendizaje por sí misma (lo que suele llamarse como alfabetización informática) como horizontal en donde las NTIC’s sean medios al servicio de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

De esta forma, la mediación pedagógica con el apoyo de las NTIC’s y las inteligencias múltiples tienen una doble función social (Vasquez, 2005): sirven como vehículo y representación de una cultura y tienen un carácter de mediación entre la persona que aprende y la información de tal manera que estimulan el pensamiento crítico, creativo y autónomo.

Un área potencial de las NTIC’s en la construcción de estas competencias cívicas y éticas a partir de las inteligencias múltiples radica en las ventajas del aprendizaje a distancia (García, 1988) en tanto que el alumnado dialoga más con la realidad que con el docente; en donde esta realidad significa presencialidad y proporciona problemas, da sentido y saberes y valida la experiencia y, al mismo tiempo, es un campo de experimentación y comprobación de capacidad y modificación del comportamiento.

A partir de la reforma electoral del año 2014, en donde desaparece el Instituto Federal Electoral y surge el Instituto Nacional Electoral (INE) con la atribución de establecer la rectoría en materia de proyectos de largo aliento para promover y construir una cultura democrática a lo largo y ancho del país con el trabajo coordinado de treinta y dos Organismos Públicos Locales (OPL) es momento de pensar en innovar en estos procesos de enseñanza –aprendizaje hacia los diferentes sectores poblacionales.

La estructura de trescientos órganos desconcentrados resulta insuficiente para cargar sobre sus hombros la noble tarea de la formación ciudadana dado el escaso personal y sus diferentes formaciones académicas y las sobresaturadas cargas de trabajo producto de la reforma.

La incorporación de las NTIC’s en el desarrollo de inteligencias múltiples en armonía con las competencias cívicas y éticas deseables en una nueva Estrategia de Educación Cívica Nacional seguramente potenciará la capacidad del INE y los OPL en sus futuros trabajos de construir una cultura democrática.

Luisa Rebeca Garza López

REFERENCIAS

 

Conde Flores, Silvia L. (2004). Educar para la democracia: la construcción de un proyecto educativo democrático. Cuadernillos de apoyo a la gestión escolar democrática, Número 2 (Primera edición) [Versión Digital PDF]. Instituto Federal Electoral.

Contreras, Ofelia (Sin año). Autoconocimiento para el aprendizaje [Versión Digital PDF].

García Aretio, Lorenzo (1988). El aprender adulto y a distancia. Publicado en Educadores, No. 145, Ene-Mar, 19pp.

Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México (Primera edición).  (2014). México: Instituto Federal Electoral.

Redacción Animal Político (2015, octubre, 20). Habitantes linchan a dos encuestadores en Ajalpan, Puebla. Animal Político. Recuperado de http://www.animalpolitico.com/2015/10/linchan-a-dos-presuntos-secuestradores-en-ajalpan-puebla/

Vasquez de la Hoz, Francisco J. (2005) Las inteligencias múltiples y las nuevas tecnologías informáticas y de comunicaciones. Revista Psicogente. Número 13. (Volumen 8). Pp 32 a 46.

[1] Lógico-matemática, lógico-verbal, físico-kinestésico, visual-espacial, auditivo-musical, naturalista-ecológico, interpersonal e intrapersonal (Contreras, sin año).

Sobre los Derechos Humanos de las personas #Trans y la Cartilla de Derechos de Víctimas de Discriminación por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género con @JaimeRochin


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Este 6 de noviembre de 2015 tuve la oportunidad de participar Presentación de la Cartilla de Derechos de las Víctimas de Discriminación por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género por Yoshio M. Ramírez, representante en Oaxaca por “Católicas por el Derecho a Decidir” y organizado también por la “Red Nacional Católica de Jóvenes por el Derecho a Decidir”.

Entre algunas personas con las que me tocó compartir la mesa recuerdo a Jaime Rocha del Rincón, Comisionado Presidente de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) del Gobierno Federal, Mirna Eugenia Acevedo Salas del Comité de la Igualdad y Grupos de Víctimas del mismo CEAV, entre otras personas,  entre ellas dos representantes de diputadas cuyos nombres no alcancé a recuperar.

Me invitaron para compartir unas reflexiones sobre el tema Trans. Pidieron que me limitara a cinco minutos y, aunque traté de apegarme al tiempo, creo que me extendí un poco.

Comparto algunas de las notas que ese día mencioné:

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La “T” de las siglas LGBT es una de las más invisibilizadas. La “T” abarca la diversidad humana a partir de la identidad de género. Las “LGB” la diversidad humana a partir de las orientaciones sexuales.

Las personas Trans somos aquellas cuya identidad de género no corresponde con el género socialmente asignado al nacer. ¿Y quiénes son las personas que no son trans? No son “normales” como usualmente se hacen llamar. Ni nosotras ni nosotros somos personas desviadas, enfermas o pervertidas. Ustedes son personas “cisgénero” porque su identidad de género corresponde al género socialmente asignado desde su nacimiento. El prefijo “trans” hace referencia que transitamos hacia “el otro lado” de ese género que se nos fue asignado mientras que ustedes permanecen del mismo lado del suyo (“cis”). Es muy importante nombrarnos porque ni ustedes son mejores ni superiores que nosotras o nosotros ya que esta identificación de la diversidad humana elimina las relaciones de poder que usualmente se establecen con el lenguaje de la normalidad.

Las personas Trans hemos sido históricamente vulneradas y marginadas. De acuerdo al “Observatorio de personas trans asesinadas” de Transgender Europe, entre 2008 a 2014 han sido asesinadas 1,350 personas en Centro y Sudamérica. De este total, el 51% han sido asesinadas en Brasil y el 14% en México, sumando ambos países el 65% de las personas trans asesinadas en esta región.

Este mismo Observatorio señala algo grave: reporta un incremento en la tendencia de asesinatos de menores de edad trans. 131 personas jóvenes trans han sido asesinadas en los últimos siete años.

¿Y cómo nos matan? Nos estrangulan, nos apuñalan, nos disparan, nos matan a golpes. Y en el caso de muchas mujeres trans, las muertes cubren la tipificación de lo que en el Código Penal se establece como feminicidio pero tampoco aparecemos en dichas estadísticas de transfeminicidios por transfobia siendo tres veces vulneradas: mediante el asesinato, mediante la malgenerización  negación de la identidad de género cuando los medios masivos de comunicación señala que “apareció muerto un travesti” o cuando el aparato judicial presupone que “se lo buscó porque el travesti engañó a un pobrecito heterosexual y seguramente eso justifica el asesinato”, y, la tercera, a que sus familiares y seres queridos no tengan acceso a la justicia ni a la reparación del daño.

La tasa de intentos de suicido de la población en general ronda el 6%. De la población Gay y Lesbiana es aproximadamente del 20%. En el caso de las personas trans, la tasa de intento de suicidio se incrementa al 40%. Mucho tiene que ver el entorno social de rechazo, marginación, desprecio y negación de derechos humanos fundamentales para acceder a igualdad de oportunidades de desarrollo que el resto de la población.

¿Y por qué cito datos y cifras de reportes de otros países? Porque para las instituciones en México somos un grupo invisibilizado. No existimos en sus diagnósticos, ni en sus estudios ni mucho menos en sus políticas públicas. Aún hoy en día, el INEGI cuando realiza el censo jamás pregunta sobre la identidad de género de la población mexicana. No tenemos ningún censo sobre la población trans en México. Sin censo cómo podrán construirse políticas públicas que protejan y garanticen nuestros derechos. CONAPRED, que tiene el mandato de prevenir y eliminar la discriminación en su Encuesta Nacional Sobre Discriminación en México (ENADIS) solamente preguntó sobre la discriminación hacia las personas gays y lesbianas pero jamás sobre las personas trans.

A parte de la invisibilización, las personas trans sufrimos diferentes tipos de violencia y aquí quiero recuperar el legado del feminismo para señalar que lo “personal es político” y ubicar en la agenda pública temas que usualmente se delegaban al ámbito privado. Otro de sus legados ha consistido en nombrar las violencias y opresiones de las que somos objeto las mujeres. En este sentido,  personas trans sufrimos dos grandes tipos de violencia: el cisexismo y la transfobia.

El cisexismo, como lo señala Julia Serano una transfeminista de California, es la idea o la suposición que nuestras identidades trans son un farsa, un engaño, o un artificio. Es decir, que no son auténticas como sí lo es la identidad cisgénero. Desde mi punto de vista, este violencia cisexista se manifiesta en la malgenerización cuando dicen “el transexual” para referirse a una mujer transexual; la “objetivación” cuando se aborda con sensacionalismo la identidad trans y en los reportajes o en los documentales se insiste en cómo se pinta o se maquilla una mujer trans pero también cuando se aborda de forma sensacionalista nuestras vidas y nuestros logros; y, finalmente, la hipersexualización y la hiperfeminización, especialmente a las mujeres trans, cuando se propaga el estereotipo de que las mujeres trans son la apología de la feminidad y de la disposición sexual a favor de los hombres.

En el mejor de los casos, se asume que las personas trans somos parte del espectro de lo gay y eso es un grave error. Todavía hay quienes piensan que las mujeres trans somos “gays tan gays que nos volvimos mujeres” confundiendo identidades de género con orientaciones sexuales y aderezándolo con misoginia. Las personas trans podemos ser heterosexuales, lesbianas, bisexuales, homosexuales y abarcar todo el espectro  erótico-afectivo como las personas cis.

Y con respecto a la transfobia que es la aversión y el odio irracional hacia las identidades trans, desde mi punto de vista se manifiesta principalmente en la patologización de nuestras identidades. Aún hoy en 2015 seguimos siendo consideradas enfermas y enfermos mentales por la Organización Mundial de la Salud. Para poder acceder a servicios médicos como para recibir tratamientos de reemplazo hormonal aún requerimos de la autorización de un médico. Esto se agrava en el caso de las identidades trans de las niñas, niños y jóvenes porque aún se piensa que “a esa edad no pueden saber que ya tienen esa desviación” como me ha tocado escuchar de algunas personas, negándoles así el acceso a la salud física y emocional desde la infancia.

Otra forma de transfobia se manifiesta cuando nos criminalizan, es decir, cuando las personas trans somos detenidas ilegalmente por transitar en la vía pública por “faltas a la moral” o por “ejercer la prostitución” a partir de nuestra expresión sexo-genérica.

¿Qué falta por hacer? Urge en México una Ley Federal de Identidad de Género que reconozca y proteja las identidades trans y no conformes con el binario de género. Oaxaca tiene la oportunidad histórica de ser un Estado que puede incorporar el reconocimiento a estas identidades puesto que Oaxaca ha aportado al país y al mundo las identidades Muxes, una identidad sexogenerica no conforme con el binario de género con una intersección étnica zapoteca única en su clase. En ese sentido, Oaxaca tiene una deuda y una oportunidad histórica para visibilizar, reconocer y proteger las identidades sexo-genéricas diversas.

Urge penalizar la discriminación, incluyendo aquella que es por identidad y expresión sexo-genérica. No puede ser posible que aún hoy en día se nos discrimine en las escuelas por el largo del cabello, se nos niegue el acceso a establecimientos comerciales, se nos niegue el acceso laboral, a la salud, entre otros, y no pasa nada. No tengamos elementos para exigir la más elemental justicia.

Es imperativo visibilizar y proteger los derechos humanos de las juventudes y niñez trans quienes seguramente son las principales víctimas del acoso escolar. En ese sentido, es importante asegurar su acceso a la educación, a la salud y a una vida digna sin cargar el estigma de su identidad.

  1. Aquí se puede consultar la cartilla: http://www.ceav.gob.mx/2015/06/cartilla-de-derechos-de-las-victimas-de-discriminacion-por-orientacion-sexual-identidad-o-expresion-de-genero/

 

¿Transgénero o transexual?


A partir de las recientes reflexiones sobre género e identidad sexual así como en el contexto de las reinvindicaciones del movimiento trans quizás sea conveniente, por lo menos en Latinoamérica, cuestionar si aún es necesario seguir propagando la idea de los conceptos de transgénero y transexual como forma de “clasificar” o dividir a la población trans.

Quizá sea tiempo de reflexionar si la afirmación de que existimos personas “transgénero”, por una parte, y personas “transexuales”, por otra, fortalece la cosificación e hipersexualización hacia nuestros cuerpos.

Tradicionalmente se ha dicho que una persona “transgénero” es aquella que está “conforme con su cuerpo”, “que no desea hacer cambios corporales”, “que no tiene interés en las terapias de reemplazo hormonal”, etc., y por lo tanto solo cambia su forma de vestir, su forma de comportarse, entre otras expresiones genéricas para “encajar” dentro del género con el que se siente más cómoda.

Por otra parte, se ha dicho que una persona “transexual” es aquella que “se siente en el cuerpo equivocado”, “desea alinear hormonal y/o quirúrgicamente su cuerpo a su identidad de género” o “desea operarse los genitales”, por lo que parecería que ser transexual implica una diferencia de grado con respecto a la capacidad o deseo de modificarse corporal u hormonalmente.

Estoy consciente que los ejemplos de estos dos conceptos quedan cortos con respecto a la gran variedad de definiciones que cada grupo de personas suele dar porque, a mi parecer, no existe un consenso sobre cuál es la exacta diferencia entre una y otra palabra.

En primer lugar, ambos conceptos gravitan sobre las decisiones que tomemos o no hacia nuestros cuerpos y, sobre todo, hacia nuestros genitales. ¿Qué otro grupo humano es clasificado por estas decisiones?

La distinción de ambos conceptos parecería que valida a la opinión pública a tener el derecho de preguntar, hablar e incluso legislar acerca de las cirugías y/o tratamientos que podamos o no acceder como si fuera un asunto independiente de nuestra dignidad como persona. ¿A cuántas(os) les ha sucedido que después de presentarse como “persona trans” se le pregunte: “y estás operada(o)” o “y te piensas operar”’?

En segundo lugar, propaga la idea que ser transgénero o transexual es mutuamente excluyente o que uno (transexual) es un subconjunto de otro (transgénero). La experiencia señala que muchas personas trans inicialmente experimentamos ajustes a nuestras expresiones genéricas en la búsqueda de sentirnos conforme con nosotras mismas, y mientras algunas tienen clara la decisión de modificar posteriormente sus cuerpos, otras van ponderando o rechazando la opción conforme se vive el proceso de construcción de la identidad a través de los sistemas de significado, de representaciones culturales y las propias subjetividades del inconsciente. Siendo todos estos tránsitos válidos y legítimos.

Parece que ante la crítica al binario de género hemos creado otra opción también binaria donde poco a poco se abren paso otras opciones que reiteran que las identidades sexuales como la sexualidad humana son complejas y diversas.

Considero que la idea esencial de estos conceptos surgen de diferenciar los sexos a partir de las diferencias anatómicas y, estas diferencias que se oponen a sí mismas sostienen esquemas de pensamientos binarios(1), en este caso, lo transexual versus lo transgénero.

A partir de la eficacia que tiene lo biológico para sostener esquemas de pensamiento que legitiman las relaciones de poder (1) no dudaría en pensar que hemos trasladado esas relaciones de poder a ambos conceptos donde los significados de lo transexual siguen ubicándose en un grado de superioridad con respecto a los significados de transgénero especialmente en países donde las diferencias de género se legitiman por la anatomía, como en Latinoamérica, y esto se manifiesta en la invisibilización o rechazo al reconocimiento y protección de los derechos de las personas trans (como a la identidad, al empleo, a la educación, a servicios de salud de calidad, etc); en la existencia de leyes que exijan la cirugía de reasignación genital para acceder a un reconocimiento legal de la identidad; la exigencia de vivir “exitosamente” el rol de género durante un año para poder acceder a terapias de reemplazo hormonal; la presión social y mercantilización consecuente para reafirmar nuestra identidad mediante cirugías de feminización facial, de reasignación genital y de feminización de voz que buscan la “pasabilidad” quizás como una forma de pensamiento en donde lo “verdaderamente” transexual se acerca más a la idea sexista e hipersexualizada que se tiene de una mujer cisexual (mujer ultrafemenina 90-60-90) y se aleja más de la idea de lo transgénero (cualquier identidad sexual y expresión sexogenérica en donde confluyan en un mismo cuerpo las ideas de lo masculino y lo femenino); así como la existencia de las diferentes formas de discriminación y violencia que puedan vivir las personas trans quienes “sí pasan” como hombres o mujeres cisexuales y quienes no.

Si la identidad sexual habita más en nuestro inconsciente que en una parte específica del cuerpo, la identidad sexual de una persona transgénero o cisgénero debiera tener la misma validez social y legal. Julia Serano le llama “sexo subconsciente”(2) que no estaría necesariamente ligado a los caracteres sexuales primarios o secundarios de tal forma que ya existen casos de hombres trans heterosexuales que se embarazan, mujeres trans lesbianas con la capacidad de procrear mediante la aportación de espermatozoides y hombres y mujeres trans que reivindican el derecho a la identidad legal ajena a la tutela médica. En ese sentido, no tendría sentido el concepto de “transexual”, más que como referencia a un momento histórico donde las identidades sexuales disidentes éramos objeto de estudio de la ciencia médica.

Las personas trans seríamos quienes reescribimos en nuestros cuerpos los símbolos sociales y/o corporales afines o subversivos a un movimiento histórico y social dado que dictan como se construyen y expresan los cuerpos masculinos y los cuerpos femeninos, siendo de tal forma todas personas transgénero.

Por Rebeca Garza
@Rivka_Azatl

(1) Bourdieu Pierre. (2000). La dominación masculina. España: Anagrama.
(2) Serano Julia. (2009). Whipping Girl: A Transsexual Woman on Sexism and the Scapegoating of Femininity. Estados Unidos: Seal Press.

 

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Apuntes de “Genero, Diferencia de Sexo y Diferencia Sexual” de Marta Lamas*


Marta Lamas propone como determinante comprender el proceso de construcción de la identidad y así diferenciar claramente los conceptos de “género” e “identidad sexual” considerando los sistemas de significados, representaciones culturales y las jerarquías de poder a partir de retomar las ideas de “diferencia sexual” aportadas por el feminismo europeo mismo que se apoya en los trabajos del psicoanálisis lacaniano, es decir, la complejidad psicoanalítica y no a partir de las diferencias anatómicas.

En este sentido, define a la “diferencia sexual” como una diferencia estructurante a partir de la cual se construyen los papeles, las prescripciones sociales y el imaginario de lo que significa ser hombre o mujer, no como ejercicio autónomo, sino como “subjetividad inconsciente”.

Lamas propone que un desafío del feminismo actual es dejar de pensar toda la experiencia marcada por el género y es necesario empezar a marcarla por la diferencia sexual.

Por lo tanto, si es en el inconsciente donde habitaría la diferencia sexual Lamas propone al cuerpo como la “bisagra que articula lo social con lo psíquico”, en donde la representación del inconsciente del cuerpo pasaría por el imaginario e incorporaría lo simbólico. De esta forma, el sexo se asumiría en el inconsciente de cada persona, independientemente de su anatomía.

Por otra parte, la representación social, es decir el género, sería la suma de lo simbólico y lo cultural. Lamas recupera las aportaciones de Judith Butler cuando señala al género como “algo que se hace”, como un “estilo corporal escasamente voluntario” arraigado en “scripts” culturales previos.

Es aquí donde hace una propuesta interesante: recuperar el concepto de “habitus” planteado en los años 30’s por Marcell Mauss y desarrollado recientemente por Pierre Bourdieu en los 90’s, definido como un “mecanismo de retransmisión por el que las estructurales mentales de las personas toman forma, se encarnan, en la actividad de la sociedad”.

Lamas cita a Bourdieu al señalar que estos “habitus” son esquemas no pensados de pensamiento que se convierten en un mecanismo básico y universal de oposición binaria producto de la encarnación de la relación de poder que conceptualiza la relación de dominante y dominado como algo natural y que da origen a un orden social masculino profundamente arraigado, que no requiere justificación y que se impone a sí mismo.

Este orden social masculino, y he aquí la eficacia masculina, es considerado natural por estructuras sociales como la organización social del espacio y tiempo, la división sexual del trabajo así como las estructuras cognitivas inscritas tanto en nuestra mente como en el cuerpo.

Esta “dominación masculina”  funcionaría como una maquinaria simbólica que impondría la masculinidad a los cuerpos de los machos humanos y la feminidad a los cuerpos de las hembras humanas anclándose en nuestros inconscientes, en las estructuras simbólicas y en las instituciones de la sociedad inmersos en un conjunto de oposiciones que se sostienen mutuamente –práctica y metafóricamente-  al mismo tiempo que los “esquemas de pensamiento” los interpretan como “diferencias naturales” de tal forma que no se está consciente de la relación de dominación.

Bajo esta lectura de Bourdieu, Lamas señal que el cuerpo se interpretaría como un ente o artefacto constituido por la suma de lo físico  y lo simbólico dentro de un contexto de un movimiento histórico y una cultura determinada.

De esta forma, por ejemplo, se identificarían los atributos de tener identidad de mujer, registrar una posición psíquica de mujer, sentirse mujer y ser “femenina” como aspectos no mecánicos ni inherentes a tener cuerpo de mujer.

Denomina “sentimiento corporeizado o embodiment” al “proceso de encarnación de las prescripciones culturales”, entendiendo al embodiment como un “proceso de organización del cuerpo”.

El “habitus”, integrado por la autoconciencia, la identidad social (de género) y sexual daría forma a este sentimiento corporeizado.

Por Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

*Lamas, M. (2000) Diferencias de sexo, género y diferencia sexual. Cuicuilco Nueva Época, Volumen 7, Número 18, México. Recuperado desde: http://www.saberespractico.com/estudios/publicaciones/como-citar-un-articulo-de-revista-segun-la-normativa-apa/Lamas_Genero, diferencias de sexo y diferencia sexual

*Lamas, M. Género, Diferencias de sexo y diferencia sexual. Recuperado desde: Lamas_Genero, diferencias de sexo y diferencia sexual